
David Cameron, ex primer ministro británico de 59 años, reveló que fue tratado por cáncer de próstata tras detectarse valores elevados en un análisis de antígeno prostático específico (PSA).
En diálogo con The Times, explicó que la prueba inicial reflejó niveles superiores a los esperados, situación confirmada por una biopsia que identificó células malignas. “Siempre se espera lo mejor. Si tienes un PSA alto, probablemente no sea nada”, afirmó Cameron, una frase que ilustra la incertidumbre que suelen experimentar los hombres ante este diagnóstico.
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Después de la confirmación, el político recibió una terapia focal que consiste en eliminar solo el tejido tumoral usando pulsos eléctricos, sin afectar áreas sanas. El procedimiento resultó exitoso y ahora requiere un seguimiento continuo para vigilar la evolución.

Su testimonio se suma a los de otras figuras públicas, con el objetivo de visibilizar la importancia de los controles periódicos, en un escenario donde más de 56.000 hombres reciben cada año un diagnóstico de cáncer de próstata en el Reino Unido y entre 12.000 y 12.300 fallecen a causa de esta enfermedad.
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Efectos de la pandemia y estrategias de detección
Hashim Ahmed, cirujano y presidente del Departamento de Urología del Imperial College de Londres, explicó que la pandemia de COVID-19 provocó una fuerte caída en los diagnósticos debido a la menor frecuencia de consultas médicas.
En respuesta, el Servicio Nacional de Salud Británico (NHS) y Prostate Cancer UK lanzaron iniciativas para contactar a quienes postergaron sus controles durante ese periodo. Figuras como Chris Hoy, Linford Christie y Rod Stewart participan activamente en estas campañas, compartiendo sus experiencias y alentando a los hombres a consultar al médico.
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Ahmed identificó dos actitudes comunes: desentenderse del tema y evadir el debate, o someterse a pruebas sin analizar sus implicancias. La sugerencia del experto es evaluar el riesgo individual, tomando en cuenta aspectos como edad, historia familiar y origen étnico, y conversar con un profesional antes de solicitar un PSA.
Síntomas, limitaciones del PSA y proceso diagnóstico
El cáncer de próstata suele avanzar en silencio durante sus primeras etapas. Ahmed aclaró a The Times que muchos síntomas que se suelen asociar a la enfermedad, como dificultades para orinar, aumento de la frecuencia urinaria o el flujo débil, en realidad se vinculan más al envejecimiento y al crecimiento benigno de la próstata.
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El PSA es una herramienta importante, pero imperfecta: si el nivel sobrepasa tres nanogramos por mililitro, generalmente se deriva al paciente para examen hospitalario, salvo causas alternativas como infecciones urinarias o actividad física reciente.
El PSA tiene limitaciones destacadas: el 15% de los hombres con cáncer de alto riesgo presentan valores bajos, mientras que el 75% de quienes muestran cifras elevadas no desarrollan cáncer.
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Debido a estas inconsistencias, el Reino Unido no implementa un programa de cribado universal. Ahmed explicó a The Times: “De tres grandes estudios para analizar si el cribado mejora la supervivencia de los hombres en comparación con la ausencia de cribado, solo uno mostró un aumento de la supervivencia”.
Si el PSA elevado exige más estudios, se recurre a resonancia magnética multiparamétrica (mpMRI), que identifica áreas sospechosas a partir de diversas imágenes. Si la MRI detecta lesiones, la biopsia transperineal disminuye el riesgo de infecciones y mejora la precisión diagnóstica.
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Tratamientos según el nivel de riesgo
En los casos de bajo riesgo (Gleason 3+3=6, un sistema de puntuación que clasifica la agresividad del cáncer de próstata a partir del análisis microscópico del tejido), la vigilancia activa es la estrategia preferida.
Consiste en controles periódicos y resonancias ante variaciones del PSA, ya que la intervención temprana no mejora la supervivencia y puede afectar la función sexual y la continencia urinaria.
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Los cánceres de riesgo intermedio (Gleason 3+4=7) suelen tratarse con cirugía o radioterapia, aunque cerca de la mitad de los casos pueden beneficiarse de la terapia focal, dirigida solo al área tumoral.
Esta opción limita la disfunción sexual al 5-10% y reduce las complicaciones urinarias al 1%. La supervivencia a 10 años se mantiene en 99,9 %, similar a tratamientos más invasivos, pero con menor impacto sobre la calidad de vida.
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En cuadros de alto riesgo (Gleason 4+4=8), se recurre a cirugías más extensas, radioterapia combinada o quimioterapia, según la extensión y características tumorales.
Alimentación y hábitos que favorecen la recuperación
Ahmed recomendó incluir en la dieta alimentos que favorecen la salud prostática: tomates cocidos, granada, té verde, frutos secos y verduras como el brócoli, repollo, coliflor y kale. Además, aconsejó además mantener ejercicio aeróbico tres veces por semana durante 20 o 30 minutos.
Para quienes pasan por cirugías u otros tratamientos invasivos, el fortalecimiento del suelo pélvico y la actividad sexual regular antes y después de la intervención resultan fundamentales para la recuperación de la función sexual y la continencia.
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