
El ejercicio físico es mucho más que una herramienta para mantener la forma física; su impacto en la salud y bienestar de las mujeres con cáncer de mama es notablemente beneficioso, tanto en el corto como en el largo plazo.
A lo largo de los años, la ciencia ha demostrado que la práctica regular de actividad física no solo mejora la calidad de vida de las pacientes, sino que también podría jugar un papel crucial en la disminución de efectos secundarios relacionados con los tratamientos de esta enfermedad, como la quimioterapia, y contribuir a la prevención de recaídas. Expertas en oncología y pacientes lo confirman y nos lo explican.
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Un aliado frente al cáncer de mama
El cáncer de mama es uno de los más comunes en todo el mundo. A pesar de la prevalencia de la enfermedad, muchas mujeres no son completamente conscientes de los beneficios que la actividad física regular puede aportar durante y después del tratamiento.

Las investigaciones han subrayado que mantener un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio, es esencial para una recuperación integral. Un estudio realizado por el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el epiGEICAM, reveló que las mujeres españolas que llevan un estilo de vida sedentario tienen un riesgo hasta un 71% mayor de desarrollar cáncer de mama en comparación con aquellas que practican deporte.
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El ejercicio físico como prevención y tratamiento
Numerosos estudios muestran que las personas que practican ejercicio de manera regular tienen menos riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer, incluido el cáncer de mama. Además, aquellos que siguen una rutina de ejercicios tras ser diagnosticadas, presentan índices de supervivencia más altos, especialmente en los distintos tipos de cáncer de mama, como el luminal A y B, HER2 positivo y el triple negativo.
La Sociedad Española de Oncología Médica también avala estos beneficios, señalando que el ejercicio físico puede reducir en un 30% el riesgo de desarrollar cáncer y disminuir en un 20% la mortalidad por esta enfermedad. En resumen, la actividad física no solo previene, sino que puede mejorar considerablemente los resultados a largo plazo para las pacientes con cáncer de mama.
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¿Cuándo comenzar a hacer ejercicio?
Una pregunta recurrente entre las pacientes diagnosticadas es cuándo es el momento adecuado para comenzar con el ejercicio. La respuesta es clara: “Antes, durante y después del tratamiento”.
La fase de prehabilitación, antes de comenzar con los tratamientos como cirugía o quimioterapia, debe incluir recomendaciones de ejercicio para preparar al cuerpo. Durante la quimioterapia, el ejercicio ayuda a reducir los efectos secundarios y mejora la tolerancia al tratamiento.
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Después del tratamiento, en la fase de rehabilitación, el ejercicio sigue siendo esencial para mejorar la calidad de vida y reducir las secuelas a largo plazo.
Se recomienda ejercicios que combinen actividades cardiovasculares y de fuerza. Los ejercicios de fuerza, como el trabajo con pesas, han demostrado ser los más beneficiosos en términos de supervivencia, además de mejorar la estabilidad articular y la función muscular.
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Asimismo, los ejercicios de movilidad, estiramientos y propiocepción (equilibrio) son fundamentales, especialmente para prevenir y tratar la neurotoxicidad que ciertos tratamientos pueden causar.
La importancia de la guía profesional
Aunque los beneficios del ejercicio están claros, es fundamental que las pacientes sigan un plan de actividad física diseñado por especialistas. El oncólogo, en colaboración con fisioterapeutas y expertos en ciencias del deporte, debe ser quien supervise el ejercicio para asegurar que sea seguro y adecuado a las condiciones de cada paciente.
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Este enfoque personalizado asegura que el ejercicio sea una herramienta eficaz y no cause efectos adversos. El ejercicio físico se ha consolidado como un aliado crucial en el tratamiento y prevención del cáncer de mama.
Desde su capacidad para prevenir la enfermedad hasta su papel en la mejora de los resultados a largo plazo y la calidad de vida de las pacientes, mantenerse activas es esencial.
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Las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama deben ser conscientes de los beneficios que la actividad física puede brindar, no solo a nivel físico, sino también emocional y psicológico.
En un periodo tan complejo como el tratamiento del cáncer, el ejercicio representa una forma de recuperar el control sobre la salud y el bienestar, un paso vital en el proceso de curación.
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