
En el panorama actual de la crianza, las pantallas pasaron de ser una herramienta opcional a convertirse en un componente omnipresente de la vida familiar. Este contexto generó una proliferación de opiniones y directrices sobre su uso, en su mayoría centradas en restricciones estrictas o prohibiciones totales. Para muchas familias, esta complejidad se traduce en una carga adicional: gestionar las pantallas sin sentirse desbordados por reglas contradictorias.
De igual manera, cada vez más expertos coinciden en que el problema no radica exclusivamente en el tiempo que los niños pasan frente a un dispositivo, sino en la calidad del contenido y la forma en la que interactúan con él. Es por ello que el portal de National Geographic, abordó el tema con opiniones profesionales.
La percepción tradicional vinculó el uso de dispositivos digitales con una métrica simple basada en la duración. Sin embargo, esta visión resulta limitada y habitualmente engañosa. “Centrarse únicamente en el tiempo, lleva a que las familias crean que gestionar la duración de pantalla es un simple juego de números”, afirmó Katie Davis, co-directora del UW Digital Youth Lab y autora del libro Technology’s Child. Según la especialista, es crucial observar lo que los niños hacen en sus dispositivos, con quién interactúan y cómo se sienten durante esa experiencia.

La calidad del contenido y el entorno son determinantes en los efectos que las pantallas tienen sobre el desarrollo infantil. Por ejemplo, la educadora digital Keena McAvoy ilustra la diferencia entre dos experiencias de 45 minutos; un niño viendo historias largas con supervisión parental frente a otro consumiendo videos cortos y aleatorios en YouTube en condición de aislamiento. Este último caso, subraya que puede resultar más perjudicial para un cerebro en desarrollo.
Asimismo, el debate sobre las pantallas suele omitir sus posibles beneficios. Regan Vidiksis, investigadora en el EDC’s Center for Children and Technology, señaló que “los dispositivos digitales pueden ser una puerta hacia la creatividad, el aprendizaje y la conexión, siempre y cuando se utilicen con propósito”.
Transformar el tiempo de pantalla en una herramienta de aprendizaje
El reto de integrar las pantallas en la vida familiar no radica en eliminarlas, sino en aprovecharlas de manera que fomenten el desarrollo y la conexión. Katie Davis propone “tejer las pantallas en las rutinas diarias” de formas que enriquezcan las experiencias compartidas y promuevan el crecimiento individual. Para la experta, es clave incorporar a los dispositivos como aliados en actividades significativas.
Con el concepto adecuado, los videojuegos pueden ser un ejemplo de cómo las pantallas pueden impulsar habilidades claves. Un estudio difundido por JAMA reveló que estos pueden mejorar la resolución de problemas, la coordinación motora y el desarrollo cognitivo en los niños. Cuando los padres ofrecen orientación sobre los videojuegos que sus hijos consumen, estas experiencias pueden estimular intereses y fortalecer competencias.

Tecnología para la exploración e interacción
La investigadora Regan Vidiksis, resalta que las pantallas permiten a los niños explorar comunidades diversas y conectar con causas importantes. No obstante, para que estas interacciones sean enriquecedoras, es crucial el papel de los “mentores digitales”, ya sean padres, maestros o cuidadores. Este acompañamiento ayuda a que los menores desarrollen hábitos tecnológicos saludables y a que comprendan el contenido que consumen.
Un ejemplo contemporáneo de la influencia positiva de las pantallas, con el apoyo adecuado, son los esfuerzos de los adolescentes por gestionar sus propios hábitos digitales. Una encuesta realizada por Common Sense Media demostró cómo jóvenes de entre 11 y 17 años implementaron medidas para usar sus teléfonos de manera más intencional. A través de estas acciones se reflejan el impacto de las conversaciones familiares sobre el uso de la tecnología y la importancia de involucrar a los menores en la toma de decisiones sobre sus hábitos digitales.
Consejos prácticos para un equilibrio digital
Fomentar un uso equilibrado de la tecnología en la infancia comienza con la curaduría del contenido y la creación de expectativas realistas en el hogar. Keena McAvoy recomienda postergar el acceso de los niños a tecnologías algorítmicas, como YouTube Shorts o TikTok, que priorizan el consumo pasivo sobre la interacción activa. En su lugar, los padres pueden optar por aplicaciones y programas que estimulen el pensamiento crítico.
También es fundamental que las pantallas complementen, y no sustituyan, actividades esenciales como el tiempo al aire libre, el ejercicio físico o los hobbies. Regan Vidiksis destacó la importancia de establecer normas claras y flexibles, adaptables a las circunstancias familiares. Por ejemplo, la creación de espacios compartidos para el uso de dispositivos o la implementación de horarios sin pantallas pueden potenciar un entorno digital saludable.
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