
El calor extremo ya no es solo un problema ambiental: amenaza el movimiento diario de millones de personas. Tras hacer una investigación, científicos que pertenecen a instituciones de la Argentina, Chile y Colombia proyectaron que el aumento de las temperaturas podría llevar a más adultos a la inactividad física para 2050, con riesgos de más muertes prematuras y pérdidas económicas en todo el mundo.
“Cada mes adicional con temperatura media superior a 27,8 grados se asocia con un aumento de 1,44 puntos porcentuales en la inactividad física a nivel global, y de 1,85 puntos en países de ingresos bajos y medios”, puntualizó el líder del estudio, el investigador argentino Christian García-Witulski en diálogo con Infobae.
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Los resultados fueron publicados en el último número de la revista The Lancet Global Health.

El doctor García-Witulski es investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Pontificia Universidad Católica de Argentina y Research Fellow de Lancet Countdown Latinoamérica.
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También colaboraron Mariano Rabassa, Oscar Melo, de la Universidad Católica de Chile, y Juliana Helo Sarmiento, de la Universidad de los Andes de Colombia.
El calor que apaga el movimiento
El equipo de investigadores intentó conocer más cómo el aumento de la temperatura por las emisiones de gases de efecto invernadero afecta la actividad física de la población.
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La inactividad física ya es un problema grave: uno de cada tres adultos no cumple con lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud para mantenerse saludable.
Ese problema ya está relacionado con el 5 por ciento de las muertes en adultos. También suma 54 mil millones de dólares al año en gastos médicos y 14 mil millones en pérdidas laborales.
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Los investigadores advirtieron que sin una acción decidida, la prevalencia mundial de inactividad física podría incrementarse. Amenaza el cumplimiento del objetivo de la OMS de reducirla un 15 por ciento para 2030.
El acceso desigual a espacios frescos y gimnasios climatizados marca diferencia. Las personas en países con menos recursos tienen menos opciones para moverse con seguridad cuando sube la temperatura.
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Un futuro más caluroso y menos activo

El modelo desarrollado analizó datos de 156 países entre 2000 y 2022. Consideró información de temperatura, actividad física y factores sociales y económicos. Así, calculó cuántos meses al año cada país superó los 27,8 grados.
Los resultados fueron claros: para 2050, la inactividad física subirá entre 0,98 y 1,75 puntos porcentuales según el nivel de emisiones.
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“Las regiones tropicales verán los mayores aumentos, con puntos críticos donde la inactividad física proyectada superará los 4 puntos porcentuales hacia 2050″, señaló García-Witulski en la entrevista con Infobae.
El impacto se verá con más fuerza en mujeres y adultos mayores. Los países con más personas mayores sentirán el efecto aún más.
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En países ricos, los cambios fueron menores, y los investigadores lo relacionaron con una mejor adaptación al calor.
“Hacia el año 2050, el aumento de la inactividad física inducido por el calor podría traducirse en entre 470 mil y 700 mil muertes prematuras adicionales por año y entre 2.400 y 3.680 millones de dólares en pérdidas anuales de productividad”, resaltó el investigador.
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El patrón fue firme: las regiones más afectadas serán las que tengan más meses por encima de los 27,8 grados.
Moverse en un mundo cada vez más cálido

El equipo recomendó actuar cuanto antes para proteger a la gente del calor. Propuso diseñar ciudades más frescas, crear espacios accesibles y climatizados para hacer ejercicio y sumar campañas de prevención sobre riesgos por altas temperaturas.
Reconocieron que el estudio tiene límites porque los datos de actividad física provienen de encuestas autoinformadas, lo cual puede tener errores.

García-Witulski y sus colegas escribieron: “Tratar la actividad física como una necesidad climáticamente sensible y no como una simple elección de estilo de vida será esencial para prevenir una transición hacia la inactividad física impulsada por el calor y sus consecuencias en enfermedades y economía”.
Concluyeron que, si no se refuerzan las acciones de adaptación y mitigación, el calentamiento global pondrá en riesgo la salud y el desarrollo en todo el mundo.

En diálogo con Infobae, Francisco Chesini, magister en salud pública por la Universidad de Buenos Aires y becario doctoral del Conicet en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), comentó tras leer el estudio publicado en The Lancet Global Health:
“Realizar actividad física durante períodos de calor extremo puede aumentar el riesgo de efectos en la salud, como deshidratación, agotamiento por calor o golpe de calor. Por otro lado, la actividad física es un factor protector frente a muchas enfermedades no transmisibles, que son la principal causa de muerte en nuestro país, y además aporta beneficios comprobados para la salud mental”.
En ese sentido, “es necesario actuar en dos frentes: por un lado, aumentar la ambición climática para evitar que el planeta supere los 2 °C de calentamiento global, como establece el Acuerdo de París. Por otro, se deben generar estrategias para adaptarnos y reducir el calor en las ciudades. Un ejemplo se deberían mejorar los espacios verdes, que ayudan a mitigar el calor y, al mismo tiempo, son lugares adecuados para la actividad física", añadió Chesini.
En tanto, Francisco Savoy, doctor en geografía e investigador de la Universidad Nacional de Entre Ríos, dijo a Infobae: “Para mitigar las proyecciones de aumento de mortalidad prematura vinculadas a la inactividad física inducida por altas temperaturas, es necesario desarrollar estrategias estructurales de adaptación desde la planificación urbana y territorial”.

La expansión de la infraestructura verde urbana, incluyendo parques bien distribuidos, arbolado vial continuo y redes de movilidad activa con protección solar, “contribuye a reducir la intensidad de las islas de calor urbanas y a mejorar las condiciones de confort térmico, generando entornos más propicios para la actividad física habitual a lo largo del curso de vida”, sostuvo.
Además, “el diseño de infraestructura pública y privada con criterios bioclimáticos, superficies urbanas de menor acumulación térmica y equipamientos recreativos adaptados al calor es una intervención relevante desde la salud pública preventiva”, afirmó.
Esas medidas, resaltó el doctor Savoy, “favorecen estilos de vida activos y pueden ayudar a reducir la carga de enfermedades crónicas y la mortalidad asociada. Se necesita integrar más las agendas de urbanismo, ambiente y salud en el contexto del cambio climático”.
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