
En invierno hace frío. Es lo esperable y lo que a nadie debería asombrar. Sin embargo, las variaciones climáticas de los últimos tiempos hace que, como sucedió esta semana, la Argentina pase de una alerta amarilla por frío extremo el martes, a temperaturas primaverales el viernes y el sábado.
Cualquiera podría pensar que tales condiciones establecen el escenario ideal para caer enfermos. Sin embargo, ni el frío ni el calor tienen por sí mismos la capacidad para causar una enfermedad, sino que generan estados en el ambiente (como que por las bajas temperaturas se ventilen menos las casas) y promueven hábitos en las personas (como no desabrigarse en un lugar calefaccionado) que pueden desencadenar reacciones en el organismo.
Será entonces, como siempre, lo que las personas hacen con las condiciones que le tocan en suerte -en este caso meteorológicas- lo que determinará su suerte -o en este caso la capacidad de su sistema inmune para evitar enfermedades-. Para empezar, el médico especialista en inmunología y coordinador del área de Inmunología del Hospital Alemán, Pablo Mannucci (MN 96.008), aclaró que “el sistema inmunológico está formado por células, órganos y proteínas que circulan en la sangre y funcionan como una red en la que se interrelacionan. Lo normal es un equilibrio constante y ese equilibrio se ve amenazado por diferentes situaciones, que van desde estrés hasta elementos propios del medio ambiente. El sistema está preparado para contrarrestar eso y siempre volver al equilibrio”.

Por otra parte, el expresidente de la Sociedad Argentina de Inmunología, investigador principal de Conicet y profesor de la UBA, Eduardo Chuluyan (MN 70.167), señaló a Infobae que “los cambios de temperatura ocurren todo el tiempo, y si bien hay microorganismos que viven mejor a altas temperaturas y otros a bajas temperaturas, el cuerpo humano se mantiene siempre a 37°C y el sistema inmune podrá actuar siempre de manera adecuada en esas condiciones”. Aunque aclaró que “si una persona tiene alguna deficiencia inmunológica por alimentación inadecuada o insuficiente, o estrés, estará más predispuesta a enfermar frente a determinados patógenos, pero no a otros”.
Asimismo, el especialista destacó que “la mejor manera que tiene el cuerpo de protegerse frente a diversos patógenos es tener las vacunas al día”.
“Al vacunarnos generamos memoria inmunológica -precisó-. Cuando nuestro cuerpo se enfrenta a algún microorganismo por primera vez se encuentra desprotegido y el sistema inmune tarda entre 7 y 14 días en desarrollar una respuesta inmune efectiva. Durante ese tiempo, se establece una lucha entre nuestro sistema inmune y el microorganismo y hay más chances que nos gane el microorganismo generando daño. En cambio si ya tuvimos contacto previo con ese patógeno, ya tenemos memoria inmunológica y el cuerpo tarda entre 24 y 48 horas en desarrollar la respuesta inmune que destruya al patógeno”.
Hábitos para una buena salud

Sobre qué hábitos atentan contra la buena salud en condiciones como las de esta semana, Chuluyan consideró que “tomar actitudes inapropiadas, como abrigarse cuando hace calor, o desabrigarse cuando hace frío; el problema es que la amplitud térmica reduce la chance de predecir la conducta adecuada”.
Consultada acerca de cómo es posible potenciar el sistema inmunológico frente a los cambios de temperatura, la médica pediatra Ángela Nakab (MN 68.722), presidenta de la Subcomisión de Medios y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y jefa del Hospital de Día Polivalente del Hospital Elizalde sostuvo que “para cuidar la salud de las infancias, adolescencias y las personas adultas, hay cinco puntos que deben tenerse en cuenta”. Y enumeró:

1- Buena alimentación. “Una alimentación armónica y que evite todo lo posible los ultraprocesados tiene una relación directa con nuestra inmunidad tanto en la infancia y adolescencia como en personas adultas -apuntó la pediatra-. Cuando mejoramos nuestra alimentación favorecemos la nuestra microbiota y de esta manera, vamos a mejorar nuestra salud”.
2- Evitar la exposición prolongada a ambientes muy calientes o muy fríos. “Eso genera una repercusión en el organismo con un impacto que a veces es difícil manejarlo y puede favorecer el contagio de enfermedades virales”, explicó la pediatra, quien reconoció que “a veces es difícil hacerlo porque hay días de mucho frío y otros de mucho calor, pero la cuestión es tener en cuenta ir adaptando de a poco el organismo”.
3- Usar ropa adecuada. “Teniendo en cuenta las diferencias térmicas que estamos teniendo, hay que vestirse de acuerdo a la temperatura y no a la estación del año”, recomendó Nakab, para quien lo más práctico es “vestirse en capas, especialmente en días de mucho frío a la mañana y temperaturas más cálidas por la tarde para poder desabrigarse si es necesario y evitar transpirar mucho”.
4- Dormir bien. “Es importante mantener hábitos regulares de sueño”, inclusive en estas semanas de vacaciones, según la especialista es clave respetar las horas de descanso para que el sistema inmune haga su trabajo de manera eficiente.
5- Hacer actividad física. Tanto en los chicos, como en los adolescentes, “la actividad física pasa ya sea por la actividad deportiva, si les gusta, pero también el movimiento corporal libre ayuda a que el organismo se vaya adaptando a diferentes situaciones”, explicó la pediatra.
Qué rol juega la alimentación en la inmunidad

Como explicó Nakab, existe una relación directa entre la salud del intestino y la inmunidad. “Al mejorar la microbiota vamos a mejorar la inmunidad intestinal, y vamos a tener una mejor barrera de defensa del organismo y disminuimos la posibilidad de infecciones”, ahondó la pediatra.
En ese sentido, la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), coordinadora el Grupo de Obesidad de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) aportó que “la inmunidad necesita nutrientes, y los que tienen la evidencia más fuerte de fortalecer la inmunidad son las Vitaminas C y D y el Zinc. Cada nutriente tiene un papel en la respuesta inmune”, destacó la especialista, y aclaró:
- Para cuidar nuestra barrera física (piel, mucosas respiratoria y gastrointestinal), son elementales las vitaminas A, D, C, E, B6, B12, ácido fólico, hierro y zinc.
- Para proteger la respuesta inflamatoria colaboran las vitaminas A, C, E, B6, zinc, hierro, cobre, selenio y magnesio.
- Para cuidar nuestra respuesta inmune innata, no deben faltar en la dieta vitaminas A, C, D y E, hierro, zinc, cobre, selenio y magnesio.
- Para la respuesta inmune adaptativa (células T, anticuerpos, inmunidad mediada por células) será clave el rol de las vitaminas A, D, C, E, B6, B12, ácido fólico, zinc, hierro, cobre y selenio.
Dónde encontrar estos nutrientes clave

- Zinc (carne de vaca y cerdo, huevos, arroz integral)
- Vitamina C (cítricos, tomate, kiwi, melón, pimientos)
- Vitamina D: la produce el organismo cuando la piel se expone al sol, y está presente en los lácteos fortificados y pescados grasos
- Hierro (carnes, lentejas, espinaca)
- Cobre (alimentos integrales, hígado, lentejas, frutos secos)
- Selenio (pescados, carnes de vaca, pollo, nueces, arroz integral)
- Vitamina A (carne de vaca, pescado, aves y lácteos)
- Vitamina E (aceites vegetales y frutos secos)
- Vitamina B6 (atún, legumbres, carne de vaca, cerdo y aves, nueces, granos enteros y cereales fortificados)
- Vitamina B12 (hígado, huevos, carne de vaca y pollo)
- Ácido fólico (vegetales de hojas verdes, frutas)

Y luego de que Aguirre Ackermann recomendara “incluir al menos cinco porciones diarias de verduras y frutas (dos de verdura y tres de fruta) variando los colores y consumirlas crudas o apenas cocidas (salteadas o al vapor), cortarlas antes de consumir o cocinar (para no perder nutrientes)”, Nakab dio una serie de recomendaciones a la hora de incorporarlos en la alimentación y lograr la aceptación de los más chicos.
Teniendo en cuenta que los niños aprenden a comer con el ejemplo, un primer punto importante es que los padres compartan con ellos la mesa y toda la familia coma lo mismo. Además, “en la construcción del gusto es necesaria la reiteración para favorecer la aceptación; los niños pequeños necesitan que los alimentos sean repetidos en varias ocasiones para aceptarlos”, destacó la pediatra.
Y aconsejó que “de acuerdo a la edad se les puede ofrecer alimentos de manera atractiva y con un mensaje distinto, haciéndoles saber que cuanto más colorido sea su plato, más saludable será”. “La comida amarilla tiene vitamina C y ayuda a sanar las heridas y cuidar los dientes; la naranja tiene vitamina A y hace que la vista, el corazón y los pulmones estén sanos y fuertes; la roja tiene licopeno, que es un antioxidante que también le hace muy bien al corazón; los verdes tienen prebióticos, vitaminas, minerales y fibra y ayudan a prevenir enfermedades y los azules y morados tienen antioxidantes que fortalecen el cerebro”, ejemplificó la pediatra una manera sencilla de explicar a los más chicos la importancia de comer frutas y verduras.

Por último, Nakab señaló que “es importante saber que el organismo de las infancias tiene menor experiencia con enfermedades previas, y es por eso que durante los primeros años de vida el sistema inmunológico no tuvo suficiente exposición para construir esa inmunidad y eso lo hace más susceptible a enfermedades más recurrentes”.
Y tras remarcar que “a medida que los chicos van creciendo, su sistema inmune se va encontrando con diferentes patógenos y desarrolla una inmunidad adaptativa”, la pediatra enfatizó que “también a la vez tienen una capacidad de recuperación mucho más rápida y la mayoría de los chicos presentan cuadros que tienen menor gravedad en comparación con los adultos”.
“Es muy importante tomar medidas preventivas que tienen que ver con tener la vacunación al día y las normas de higiene que el COVID nos enseñó, como el lavado de manos frecuente, toser y estornudar hacia el pliegue del codo, y no asistir a reuniones o encuentros si una persona tiene síntomas respiratorios”, concluyó la pediatra.
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