
La doctora Stella Maris Cuevas asegura que “el olfato es un sentido que siempre ha sido infravalorado”, incluso por la comunidad médica. Pero hace casi dos años, apareció la pandemia. Fue cuando, sobre la base de su experiencia y conocimientos, desde el “día cero” de la crisis sanitaria, la especialista comenzó a advertir públicamente que este patógeno provocaría “anosmia”, es decir, la pérdida del olfato, y podría generar incluso consecuencias psicológicas y en la calidad de vida de los pacientes. Situaciones que rápidamente comenzaron a aparecer en los consultorios médicos.
La otorrinolaringóloga y alergista está presentando por estos días su primer libro: La fascinante experiencia de oler, un texto para que todos puedan comprender desde cómo funciona el sentido del olfato, de qué manera afecta su alteración y cuáles son las causas, hasta la historia de los olores a partir de la Edad Media. El olfato en los animales, cómo se entrena el olfato, de qué se tratan aquellos trabajos para los que se debe usar este sentido o que utilizan elementos que pueden perjudicarlo.
En un diálogo con Infobae, la doctora Cuevas recordó con precisión cuándo surgió la idea de escribir un libro para “visibilizar el sentido del olfato”. Fue el 20 de enero de 2020, antes de que supiéramos lo que vendría solo dos meses más tarde, con el inicio de la pandemia por COVID-19. Ese día, le dijo a la editora de Hygea, que publicó la obra: “Me parece que hay que volcar todos los conocimientos porque el olfato es un sentido que siempre ha sido infravalorado en la vida”.

Y agrega: “el olfato fue subestimado incluso por la misma comunidad médica. Ocupa poquito lugar en el organismo, solamente 2,5 a 5 centímetros cuadrados de toda la superficie, pero es sumamente complejo, es maravilloso y es misterioso”.
La doctora Cuevas explicó claramente y con pasión su objeto de estudio y por qué es tan importante para la vida: “Los olores ingresan por la nariz junto con el aire, pero olemos a nivel cerebral, más específicamente en el rinencéfalo. Los olores evocan recuerdos de lugares, de situaciones, de personas. Los olores están invisibilizados pero están presentes en la vida cotidiana. Incluso tendríamos que empezar a hablar de una contaminación odorífera. Si hablamos de la contaminación acústica también se puede hablar tranquilamente de la contaminación odorífera”.
Cuando relata cómo vivió como profesional el inicio de la crisis sanitaria por el coronavirus, recordó: “Ya con el paciente cero me aboqué a hablar y a estudiar la anosmia COVID”, que es la “falta abrupta o súbita del olfato”. Hicimos trabajos con el doctor Omar Sued, porque inmediatamente me puse en contacto con los infectólogos”. En ese sentido, reveló que, en los primeros tiempos de la pandemia, los médicos especialistas “dudaban también” de que el SARS-CoV-2 fuera a afectar el sentido del olfato.
Una de las causas que provoca la pérdida del olfato son algunas virosis. “Cuando comenzó la pandemia, salí a hablar y a decir ‘esto va a dar anosmia’, porque hay otro virus, como el rinovirus que produce el resfrío, que afecta una de las células del sentido del olfato, en especial las células olfatorias que son las que proporcionan los olores. También la gripe puede dejar como secuela la anosmia posviral”, precisó. a la vez que advirtió que esa pérdida del olfato también involucra el sabor “porque el olfato da el 80% del sabor”.

Luego comenzaron a aparecer “algunos pacientes que tenían pérdida del olfato”, tras 5 a 7 meses de haber padecido la enfermedad, a causa de las secuelas del COVID-19. Estas personas presentan cuadros como disosmia o parasosmia que implica distorsiones en lo que se huele. Por ejemplo, relató Cuevas, “están haciendo café, pero el paciente siente otro olor que no es café, generalmente a podrido, y si lo prueba tampoco sabe a café, sino que le da otro sabor”.
También entre las secuelas puede aparecer fantosmia que “es la presencia de un olor cuando el olor no está. Generalmente es el olor a cigarrillo o a quemado” y en ocasiones “la heterosmia” que significa que el paciente, “ante la presencia de distintos olores, puede sentir un mismo olor que generalmente sabe a feo”.
Cuevas destacó la afectación psicológica que implica las alteraciones en el sentido del olfato. “Son pacientes que están mal, están frustrados, se despierten y están sintiendo feo, es horrible lo que están pasando”, dijo. “Tengo parejas que se han divorciado” por esta razón, son personas que “necesitan mucha contención en el grupo familiar”.
El conocimiento de sus muchos años de profesión y de trato con pacientes y colegas, Cuevas lo volcó en un libro breve, con tono coloquial que pueda comprender cualquier persona que no tiene conocimientos médicos. Su intención con la publicación, relató, es explicar “qué es un olor por qué se evoca con los olores recuerdos, situaciones, lugares, personas, por qué el olor de un ser querido emociona” y también “por qué el olfato es importante para el sexo”. El libro cierra con un capítulo donde explica el vínculo del olfato con el COVID-19 y aporta testimonios de varias personas.
Cuevas nació en la Capital Federal, pero desde los 10 años se mudó a Bella Vista, Corrientes, de donde eran oriundos sus padres. Se recibió de médica cirujana en 1990, en la Universidad Nacional del Nordeste y luego se especializó en otorrinolaringología. Así relata cómo nació su interés por esta parte de la medicina: “Me parecía una especialidad muy linda para hacerla siendo mujer”. Es interesante “investigar toda la parte de nariz, garganta y oído y además ya tenía una amiga que estaba haciendo otorrinolaringología”. “Me pareció tan lindo porque era sumamente complejo porque es estudiar la nariz, la garganta, el oído, las cuerdas vocales, la laringe, que es donde están las cuerdas vocales. Cuando estudias el oído estudias la audición y la parte del equilibrio”.

Luego decidió sumar la especialización en alergia con un “profesor muy conocido que fue un maestro, un líder de opinión, que fue el profesor doctor De Luca. Yo me formé en el Hospital Evita de Lanús y él fue mi jefe”.
Cuevas está satisfecha con su primer libro y también con el trabajo arduo durante la pandemia. En estos meses, “del escepticismo, el sentido del olfato adquirió un protagonismo”. “El sentido del olfato, a diferencia de los colores, no tiene una definición. Los colores se definen en primarios y secundarios”. En cambio, a los olores uno le atribuye elementos: “Uno dice hay olor a tierra mojada, hay olor a auto nuevo”.
Y remarcó: “El léxico para poder definir algo del olfato es difícil, pero hoy la gente lo tiene totalmente asumido y narra bien y hacen descripciones detalladas acerca de lo que les está pasando y acerca de los olores. El olfato se visibilizó, lamentablemente, en esta pandemia”.
Para finalizar el diálogo con Infobae destacó datos relevantes: “Hasta el 2019, antes de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablaba de que el 5% de la población era anósmica y que el 16% al 17% de la población tenía alteraciones olfatorias. Actualmente, un tercio de la población mundial tiene alteraciones olfatorias”. A esto se sumó un nuevo trabajo publicado en la revista científica JAMA en noviembre último que indicó que “de 700 mil a 1.600.000 personas en EEUU tienen secuelas olfatorias” a causa del COVID-19. “Probablemente este va a ser un problema en la salud pública” en el futuro próximo, dijo la doctora Cuevas.
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