
Ya sea porque se conoce de celebrities que siguen planes de alimentación con ayunos intermitentes o porque cada vez son más conocidos los beneficios de someter al sistema digestivo a una “pausa”, cada vez son más las personas que optan por limitar el consumo de comida a un horario restringido cada día.
Recientes estudios demuestran que un cambio tan sencillo como modificar los horarios de las comidas, en especial el de la cena, y ajustarlos al ritmo circadiano y las horas de luz puede ser fundamental para mejorar la salud.
PUBLICIDAD
Pero, ¿por qué cenar más temprano ayudaría a no engordar? Numerosas investigaciones en los últimos años se enfocaron en este tema. Por ejemplo, un estudio con humanos realizado por sendos equipos de las Universidades de Harvard y Tufts, publicados en International Journal of Obesity, determinó que cuanto más temprano se hagan las comidas principales del día más se reduce el riesgo de engordar.
Los especialistas en nutrición explican que el cuerpo humano está preparado para el ayuno nocturno debido a su reloj biológico. Un reloj biológico que está relacionado con los ritmos circadianos que permiten regular las funciones fisiológicas en función de la presencia o ausencia de luz en el entorno. No se trata, por tanto, de reducir la cantidad de calorías - aunque en algunos casos, además, será recomendable- sino de respetar los horarios.
PUBLICIDAD

Para comenzar, hay que conocer que “los ayunos son prácticas ancestrales, milenarias, presentes en todas las religiones y todas las civilizaciones a lo largo de la historia; es algo sumamente implementado durante toda la humanidad con diferentes tipos de fines, ya sean religiosos o depurativos”. La licenciada en Nutrición María Cecilia Ponce (MN 3362) explicó a Infobae que “lo que hoy se sabe es que mantenerse libres de alimentación durante algunas horas induce a un reposo digestivo, y ayuda también a tener más percepción de cuándo uno come por hábito y cuándo por hambre real”.
La especialista en nutrigenómica destacó que “es una práctica que se puede empezar a tener con ciertos pacientes que buscan ir un poco más allá, no sólo restringir calorías por una cuestión estética ni de peso, si no que lo que se va a pretender con la extensión del ayuno es inducir ciertos procesos orgánicos que reparan y detoxifican las células”.
PUBLICIDAD
Así, tras señalar que hay diferentes tipos de ayunos -secos, de 12, 14, 16 o 24 horas-, Ponce sugirió que “de acuerdo a la cantidad de horas que tenga el ayuno tendrá diferentes acciones en el metabolismo”.
Sobre cómo ponerlo en práctica, recomendó “empezar al menor respetando las 12 horas, que implica respetar el ciclo circadiano vital y natural de comer cuando hay sol y descansar cuando el sol cae”. “Así, sólo cenar más temprano y desayunar unas horas más tarde nos va a permitir respetar estos ciclos, tener más conciencia de cuándo se tiene apetito real, reposar el aparato digestivo y que de alguna manera se restablezcan las funciones correctas para cada organismo”, apuntó la especialista.
PUBLICIDAD

Al parecer, entonces, el organismo funciona de manera distinta de día y de noche y realmente el ser humano no está preparado para comer de noche. Alrededor de las siete u ocho de la noche el cuerpo empieza a prepararse para el reposo, de ahí que sea más difícil metabolizar los alimentos, aseguran los expertos.
¿Cuál es la causa por la que si nos alimentamos en función de la luz del día y evitamos la ingesta de alimentos por la noche controlamos mejor el peso? Básicamente, porque se procesan mejor los alimentos y no se depositan en forma de grasa. Hay que tener en cuenta que las hormonas implicadas en el control del azúcar y la grasa están menos activas por la noche, por lo tanto conviene cenar antes de que esas funciones comiencen a ralentizarse.
PUBLICIDAD
Entonces, ¿cuál sería la mejor hora para cenar? Los expertos dicen que a las seis de la tarde, sin embargo teniendo en cuenta las costumbres de la Argentina, donde a esa hora muchas personas recién regresan a su casa del trabajo, podría retrasarse hasta las ocho. Cenar a esa hora permitiría digerir mejor los alimentos y adaptarse a la regulación hormonal nocturna.

Asimismo, una investigación del Instituto Global de Barcelona también demostró que cenar temprano disminuye al menos un 20% el riesgo de sufrir enfermedades como el cáncer de próstata o el cáncer de mama. Según sus resultados, cenar antes de la noche o dejar pasar, al menos, dos horas entre la hora de cenar y la de acostarse, protege ante estas enfermedades.
PUBLICIDAD
SEGUIR LEYENDO
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Alimentos ultraprocesados: un estudio los vincula con mayor riesgo de demencia en mayores de 50 años
La investigación de Harvard, destacada por el experto en longevidad Eric Topol, analizó los hábitos alimentarios de miles de personas durante casi una década y dejó en evidencia el deterioro de la salud cerebral

Proteínas en la alimentación: el error común que limita sus beneficios, según el experto en microbiota Tim Spector
El profesor de epidemiología genética subraya la importancia la variedad para favorecer los sistemas digestivo y metabólico

Cómo la lectura construye una reserva cerebral que protege frente al deterioro cognitivo
Mantener este hábito a lo largo de la vida estimula nuevas conexiones neuronales y preserva las áreas responsables del razonamiento, la memoria y la comprensión emocional, lo que favorece la autonomía personal en etapas avanzadas, según una experta en neurociencia

Biopsia para detectar cáncer: qué es, cómo se hace y cuáles son sus riesgos
Comprender el nivel real de peligro relacionado con este procedimiento ayuda a despejar preocupaciones y permite una mejor orientación durante las consultas médicas

“El cambio climático implica una emergencia sanitaria”, advirtió el doctor Conrado Estol
El neurólogo explicó en Infobae al Mediodía cómo la crisis ambiental representa una amenaza directa para la salud global y describió el impacto invisible de la polución


