
En los seres humanos, los COV -compuestos orgánicos volátiles- causan síntomas respiratorios y gastrointestinales que van desde los comunes como el resfrío a enfermedades más graves como bronquitis, neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda grave, coagulopatía, insuficiencia multiorgánica y muerte. Los coronavirus humanos (HCoV) también se han asociado con exacerbaciones de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, fibrosis quística y asma.
Los coronavirus comprenden una gran familia de virus ARN zoonóticos monocatenarios con envoltura pertenecientes a la familia Coronaviridae, orden Nidovirales y pueden infectar una gran variedad de animales en los que pueden causar enfermedades respiratorias, entéricas, cardiovasculares y neurológicas graves. La escasa sensibilización social, e incluso médica, que existe sobre la fibrosis pulmonar, hace que en muchos casos, se pueden tardar años para ser diagnosticada.
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Los rasgos genéticos que comparten los casos graves de COVID-19 podrían ser los responsables de que el tejido pulmonar no pueda regenerarse y se desarrolle fibrosis pulmonar. La fibrosis quística que se desarrolla en algunos de los casos más graves de coronavirus es una de las mayores preocupaciones de la comunidad de médicos y científicos. Supone que el tejido de los pulmones se va cicatrizando y respirar resulta cada vez más difícil.

Los COV se clasifican en Alfacoronavirus y Betacoronavirus (que se encuentran principalmente en mamíferos como murciélagos, roedores, civetas y humanos) y Gammacoronavirus y Deltacoronavirus (que se encuentran principalmente en aves). Son cuatros los CoV que comúnmente circulan entre humanos: HCoV2 -229E, -HKU1, -NL63 y -OC43.15,16. Según argumentan investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que es una institución pública española dedicada a la investigación, diagnóstico y tratamiento del cáncer, “los telómeros (enzimas formadas por un complejo de proteína, acído ribonucleico con actividad polimerasa que está presente en células de la línea germinal, en tejidos fetales y en ciertas células madres poco diferenciadas, que replica el ADN en los extremos de los cromosomas eucarióticos y permite el alargamiento de los telómeros), pueden ser alargados de nuevo mediante la telomerasa, y que en trabajos previos a demostrado que la activación de la telomerasa tiene un efecto terapéutico en enfermedades relacionadas con telómeros cortos, como la fibrosis pulmonar”.
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Spin Off Telomere Therapeutics es una compañía creada por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en donde precisamente trabajaron en un método para desarrollar una terapia génica con telomerasa para el tratamiento de diferentes patologías relacionadas con el acortamiento de los telómeros, como la fibrosis pulmonar y la fibrosis renal. Este sería el tipo de terapia potencialmente en pacientes con lesiones pulmonares remanentes tras la COVID-19.
¿Qué características genéticas comparten los casos más graves?
Se trata de estructuras ubicadas en los extremos de los cromosomas y son clave para que las células se puedan multiplicar. En estudios previos, el Grupo de Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), liderado por la investigadora científica María Blasco, observó que una causa de dicha enfermedad pulmonar es el daño en los telómeros de las células encargadas de regenerar el tejido pulmonar: los neumocitos alveolares tipo II. Son precisamente estas células las que infecta el SARS-CoV-2. “Cuando leí que en la COVID-19 estaban implicados los neumocitos alveolares tipo II, enseguida pensé que los telómeros podían tener un papel”, afirma Blasco.
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A partir de ese momento, la científica y su equipo empezaron a analizar muestras (89), en las que pudieron comprobar que los pacientes con COVID-19 grave “tenían los telómeros significativamente más cortos”. Es decir, todo apunta a que la infección viral podría acortar los telómeros y esto provocaría que las células dejen de dividirse constantemente, lo que impide la regeneración, en este caso, del tejido pulmonar. La confirmación de que los telómeros cortos dificultan la recuperación de los pacientes graves abriría la puerta a nuevas estrategias de tratamiento, como una terapia basada en la activación de la telomerasa. La especialista ya estaba poniendo a punto una terapia para regenerar el tejido pulmonar en pacientes de fibrosis, pero ahora cree que este tratamiento, que tardaría al menos un año y medio en estar disponible, también podría ayudar a quienes siguen con lesiones pulmonares tras superar el coronavirus.
El trabajo, publicado en la revista Aging, aporta evidencias a favor de esta hipótesis, al correlacionar mayor gravedad de la COVID-19 y el acortamiento de los telómeros. Sin embargo, aún no se puede afirmar la relación causal. Tal y como explica Blasco: “Estamos estudiando con ratones en los que inyectamos el SARS-CoV-2 para comprobar si los telómeros cortos son realmente causa de una enfermedad más severa”. Se trata de ratones con telómeros cortos e incapaces de producir telomerasa. Sin esta enzima los telómeros no pueden ser reparados y como consecuencia, la regeneración del tejido pulmonar no puede llevarse a cabo. Si la hipótesis es correcta, los ratones sin telomerasa y telómeros cortos deberían desarrollar fibrosis pulmonar de manera más grave que los ratones normales.
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Es cierto que los telómeros se van acortando a medida que el organismo envejece. Igual ocurre en la población general y en los pacientes ingresados por este coronavirus. Sumado a que los enfermos mas graves son también los de mayor edad, hay también asociación entre mayor gravedad y menor longitud telomérica. Lo curioso es que en contra de lo previsible, es que en los casos graves de los mas jóvenes, también se observan telómeros más cortos, lo que significa que el acortamiento parece producirse independientemente de la edad. De alguna forma, la presencia de telómeros cortos podría ser un marcador en la gravedad de la infección por COVID-19.
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