
La pandemia por COVID-19 afectó no solo la salud física sino también la mental. Por eso, el debate sobre el bienestar pasó a estar en el centro de la escena. De cara a esta realidad, tan desafiante y sin precedentes, la Fundación Ineco organizó el primer Simposio Virtual de Neurociencias y Bienestar bajo el lema “Construyendo la neurociencia del bienestar durante y después de la pandemia”.
En este marco el neurocientífico Facundo Manes explicó que separar la salud física de la mental es algo obsoleto. “Está en el centro del debate la vacuna, las medidas que tenemos que tomar para convivir con el virus en los próximos largos meses. Recién en el 2022 vamos a empezar a dejar atrás todo esto. Hay que discutir la salud mental, por eso celebro que el BID haya protagonizado este evento porque hay datos contundentes y preocupantes sobre el impacto de la pandemia en la salud mental”. Entre los síntomas que atentan contra el bienestar encabezan la lista la ansiedad, la angustia, agotamiento mental y la depresión. “Si no hablamos de esto, estos síntomas, que son transitorios, se pueden hacer crónicos. Y va a pasar a ser otro obstáculo para la recuperación social, económica de nuestra región”, remarcó el experto.

Florencia López Boo, una de las expositoras del simposio y desde el Banco Internacional de Desarrollo (BID), describió este contexto y alertó sobre los grupos más vulnerables. “En las encuestas de salud mental realizadas en Argentina por la Fundación INECO y el BID se encontró que los grupos más afectados en relación al impacto en la salud mental son: los jóvenes, los hombres y las personas de menores ingresos. En encuestas en toda América Latina, vemos que los padres sufren más estrés que aquellos adultos sin hijos. Y, en particular, son las mamás las que más padecen dado que el cuidado de los chicos pequeños y la tele-escolaridad recae mayoritariamente en ellas”.
En el marco de la exposición, la economista argumentó sobre las políticas públicas para la nueva normalidad. “Va a ser necesario empujar a la gente a restablecer las conductas normales como volver a las consultas médicas, ir al dentista, o no tener miedo de volver a la escuela. Por eso para diseñar intervenciones necesitamos saber cómo la pandemia afectó los comportamientos y la mente de la gente”. Con este motivo, junto a INECO, realizaron algunos estudios. “Una encuesta se hizo recién empezada la cuarentena con 10.000 participantes y la otra a los 72 días de cuarentena con 3.000 participantes. En ambas se midió la depresión y la ansiedad. Los síntomas aumentaron a poco tiempo de iniciarse las medidas de aislamiento. Y el efecto fue más notorio en los jóvenes, hombres, y personas de menor ingreso. La encuesta a los 72 días muestra una profundización del impacto emocional”.
Según la oradora, conocer estas tendencias es importante porque la depresión y la ansiedad pueden obstaculizar la toma de medidas necesarias para prevenir los contagios. Luego, expuso un segundo estudio en donde se apoyó a la Secretaria de Innovación y Tecnología de San Pablo en el diseño de mensajes de texto con el fin de incrementar el uso de máscaras y de respetar el distanciamiento de dos metros. "Se enviaron mensajes a 75.000 teléfonos y se plantearon 5 grupos de tratamiento. El primero era sobre el deber cívico que apelaba a cuidar a la familia, a los amigos y comunidad. El segundo apelaba a las normas sociales; el tercero se centraba en la reciprocidad con el personal de salud. El cuarto tenía que ver con la pertenencia a un grupo, y el último tenía que ver con la percepción de riesgo de infectar o infectarse. El deber cívico fue el más eficiente a la hora de lograr un cambio de comportamiento tanto en temas de distanciamiento como en el uso de máscaras.

Además, López Boo expuso sobre la importancia del testeo y rastreo de contactos. “El uso de aplicaciones es muy útil para salvar vidas. Y tiene resultados positivos solamente si hay un número suficiente de personas que lo utilizan. Por eso es clave incentivar el uso de estos apps en la nueva normalidad”.
Otro estudio muy relevante habló sobre la vuelta a la escuela. “Encontramos que cuando en el hogar hay un menor, el 86% de los latinoamericanos está de acuerdo con que las clases presenciales deberían estar prohibidas hasta que se desarrolle una vacuna”. Y finalizó: “La nueva normalidad va a requerir una clara estrategia de comunicación con los padres para mantenerlos informados sobre los protocolos y las medidas y entregarles tranquilidad”.
Dentro de la mesa de Bienestar y Desarrollo, Marita Carballo de la Asociación Mundial de Opinión Pública, expuso sobre “La felicidad de las naciones”. “Existe una idea generalizada de que la felicidad es algo que debe ser alcanzado individualmente, una elección personal, no relacionada con las políticas públicas. Este es el punto de vista tradicional que está cambiando rápidamente. Los estudios en el ámbito de la economía, la psicología y la opinión pública han demostrado que, aunque la felicidad es subjetiva, puede medirse y relacionarse con las características personales y las tendencias de las sociedades”. Carballo explicó que, a través de las encuestas del World Values Survey, se pueden conocer cómo ha evolucionado el bienestar subjetivo en los últimos 35 años a nivel global y por países. Además de analizar los factores que se correlacionan con la felicidad.

“En el pasado, el éxito se ha medido principalmente por el crecimiento económico. Hoy los datos muestran que hay otros factores muy importantes a considerar. La felicidad difiere de un país a otro y a lo largo del tiempo, debido a razones que son identificables y que en muchos casos pueden ser influenciadas por políticas públicas, como la salud, la educación, las relaciones familiares o la libertad de expresión”.
Si el desarrollo económico no implica necesariamente un alto nivel de bienestar, ¿qué mueve la aguja de la felicidad? Carballo respondió: “Las relaciones personales y su calidad es determinante en la felicidad. La importancia de los amigos y familiares y el tener a quién recurrir y con quien hablar cuando se tiene un problema, es fuente de bienestar. Vivir en pareja está demostrado que es una fuente de felicidad. Otro aspecto que aparece es la salud física y mental”. Y continuó: “Luego viene el ingreso económico, la satisfacción en el trabajo. Además influye la libertad personal, que implica poder tomar las propias decisiones. Y por último, la confianza interpersonal. En Latinoamérica tenemos un problema con este tema y tenemos que trabajar esto. Es fundamental porque afecta nuestras vidas, la política y la economía”.
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