
En todo el mundo, se estima que 5,8 mil millones de personas -es decir, ocho de cada diez- se identifican con alguna religión. Además, aunque globalmente predomina el cristianismo como el mayor grupo religioso del mundo, seguido por musulmanes, hinduistas, islamistas y judíos, según algunas estimaciones recientes se calculó que existen alrededor de 4.200 religiones vivas.
Con semejante panorama es imposible negar que la religión cumple un rol fundamental en poblaciones de todo el planeta y que, a nivel personal, la creencia en una deidad determina múltiples aspectos de la vida. Por este motivo, un grupo de científicos de la Universidad de Utah se propuso investigar qué efectos tiene en el cerebro una fuerte creencia en un Dios.
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Al parecer, los resultados demostraron que el cerebro humano procesa la satisfacción espiritual y religiosa de manera similar a otras experiencias en principio placenteras o agradables, como la actividad sexual o el consumo de drogas.
Según los investigadores, la satisfacción espiritual que genera una creencia religiosa proporciona un "golpe" de dopamina en el cerebro como otros placeres mundanos. Michael Ferguson, un asociado posdoctoral que trabaja en el Departamento de Desarrollo Humano de la Universidad de Cornell, indicó, sin embargo, que hay una diferencia significativa entre los dos tipos de placeres. Conseguir una gratificación en el cerebro a causa de la religión requiere para los científicos una "mente más elevada", un pensamiento más abstracto sobre conceptos como la personalidad y la moralidad.
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Por otro lado, sustancias "como el azúcar o la cocaína lo que hacen es secuestrar el complejo de recompensas del cerebro", según explicó Ferguson, uno de los autores principales de estudio. Él espera que sus estudios en neurología con la Iglesia de los Santos de los Últimos Días ayuden a comprender mejor la compleja relación entre sociedad, religión y psicología.
Durante el proceso del estudio se sometió a 19 jóvenes de la Iglesia Mormona (12 hombres y siete mujeres) a una serie de pruebas diseñadas para invocar sentimientos de espiritualidad. Esto incluyó actividades tales como la oración, lecturas bíblicas y estímulos de audio y video relacionados con la Iglesia Mormona. Simultáneamente, los cerebros de los participantes se midieron utilizando una máquina de imagen por resonancia magnética funcional. Durante la primera parte del examen, los participantes debían responder la pregunta "¿Estás sintiendo el espíritu?" con respuestas desde "no lo siento" hasta "tengo sentimientos muy fuertes".
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Los investigadores recopilaron así evaluaciones detalladas de los sentimientos de los participantes, quienes, casi universalmente, reportaron haber experimentado los tipos de sentimientos típicos de un servicio intenso de adoración. Describían sentimientos de paz y sensaciones físicas de calor. Inlcuso muchos estaban llorando al final de la exploración.
"Cuando los participantes del estudio fueron instruidos a pensar en un salvador, en estar con sus familias para la eternidad y en sus recompensas celestiales, sus cerebros y cuerpos respondieron físicamente", dijo Ferguson.

Los investigadores demostraron de esta manera que cuando los participantes estaban "sintiendo el Espíritu", ciertas áreas del cerebro se iluminaban con actividad, incluyendo el estriado ventral (también conocido como centro de recompensa) y el núcleo accumbens, una zona del cerebro cuya actividad fue asociada con el amor romántico y el sexo y es "un camino común para los estados eufóricos alterados químicamente asociados con abuso de drogas, incluyendo cocaína y metanfetaminas", según dijo Ferguson. Además, en los momentos de mayor carga emotiva, sus corazones latían más rápido y su respiración se profundizaba.
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"Estamos empezando a entender cómo el cerebro participa en experiencias que los creyentes interpretan como espirituales, divinas o trascendentes", señaló el neurorradiólogo y otro de los autores principales, Jeff Anderson. "En los últimos años, las tecnologías de imágenes cerebrales han madurado de maneras que nos permiten abordar las preguntas que han existido por milenios".
"La experiencia religiosa es quizás la parte más influyente de cómo las personas toman decisiones que nos afectan a todos. Comprender lo que sucede en el cerebro para contribuir a esas decisiones es realmente importante", resaltó Anderson. Todavía no sabemos si los creyentes de otras religiones responderían de la misma manera. El trabajo de otros sugiere que el cerebro responde de manera muy diferente a las prácticas meditativas y contemplativas características de algunas religiones orientales.
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