
Martín Guzmán coronó los anticipos de bienvenida a la nueva misión del FMI con un par de definiciones que a la vez, como siempre en estos casos, buscan mantener tranquilos a los mercados. La búsqueda de un acuerdo de facilidades extendidas con el Fondo –previsible como camino, según anticipaban economistas experimentados- supone discutir un programa y anticiparía dureza presupuestaria. Y el envío de un proyecto al Congreso para darle marco a la operación sugiere la intención de un apoyo político, de entrada limitado a compartir costos. Con todo, traslada el tema a la oposición, que comienza a discutir una respuesta en sentido amplio pero aún no define las condiciones para una negociación pública.
No son los primeros gestos y tampoco son gestos aislados. Pero hasta ahora se expresan en algunos contactos reservados –varios, en el ámbito legislativo- y como tanteos puntuales, desde la designación del jefe de los fiscales al Presupuesto. No está a la vista una agenda amplia o integrada, sino piezas. Y todo, con desconfianzas. Esos recelos fueron alimentados últimamente por un recurso repetido del oficialismo, para disgusto de Juntos por el Cambio: desempolvar y forzar viejos proyectos de legisladores de la oposición para avanzar con planes propios. Ocurre en el Senado con la norma del Ministerio Público Fiscal. Podría ocurrir en Diputados con la ley electoral de las PASO.
Por supuesto, incluso para otros bloques con juego propio o hasta aliados del Frente de Todos, los movimientos en el Congreso están condicionados o por lo menos teñidos por la interna del oficialismo. En el caso del jefe de los fiscales resulta evidente. ¿Olivos promueve un entendimiento para consagrar a Daniel Rafecas, que sería un golpe para Cristina Fernández de Kirchner? Y en otra escala, algo con oleaje parecido comienza a emerger en la provincia de Buenos Aires. ¿El respaldo presidencial a los “intendentes eternos” cuenta con aval firme de CFK o busca descapitalizarle, intentando además algún entendimiento con jefes comunales de JxC?

Las pinceladas de llamados a algún tipo de acuerdo político –también, el contradictorio planteo de la ex presidente- no alcanzan para pintar hasta ahora una propuesta integral de entendimiento, que supone entre sus presupuestos qué coloca el oficialismo en la mesa de negociación. Es decir, qué propone además de reclamar avales.
Pero a la vez, la enunciación del tema genera en la oposición la necesidad de definir una posición que en principio provoca tensiones domésticas. El temblor más reciente fue provocado por la postura de apoyo al pliego de Rafecas motorizada por Elisa Carrió. Y en sentido más amplio, la cuestión de fondo es que no existe una propuesta propia –o una contrapropuesta, si hay invitación formal-, salvo algunas condiciones muy generales difundidas por Mauricio Macri o Alfredo Cornejo.
Ayer mismo, de todos modos, surgían los primeros reparos al proyecto breve y de sentido evidente anticipado por Guzmán. El ministro adelantó que será enviado un texto de unas pocas líneas que establece que deberán ser aprobados por el Congreso el endeudamiento en moneda y bajo legislación extranjeras, y los acuerdos con el FMI. Es un gesto similar al realizado en camino al entendimiento con los acreedores externos, para mostrar compromiso político compartido entre Gobierno y oposición.
Ese ejemplo debería ser analizado en forma completa. Aquel paso y el propio acuerdo con los bonistas no produjeron el efecto imaginado por Olivos sobre los mercados y en materia de inversiones. Es cierto que convivió con el coronavirus –con la pandemia y con las restricciones de la cuarentena-, pero también lo es que el nulo efecto se debió a los problemas generados por la gestión política. Dos señales entre muchas fueron la interna oficialista y la ruptura de puentes con referentes “moderados” de la oposición.
El “lavagnismo” en Diputados no demoró ayer mismo en rescatar una propuesta previa de Jorge Sarghini para reclamar un entendimiento que contemple la necesidad de una “clara y explícita” limitación del endeudamiento. Desde JxC, las reacciones informales volvían sobre los mensajes cruzados del oficialismo en materia de negociación política y el provecho unilateral que imagina el oficialismo. Tal vez hoy mismo haya una primera respuesta.

Guzmán completó la entrega con el blanqueo del objetivo de las tratativas con el FMI: un acuerdo de facilidades extendidas. Ese camino aparecía en el horizonte condicionado por la imposibilidad de una quita y la necesidad de un plazo largo de alivio inicial, para afrontar la deuda de 44.000 millones de dólares y los intereses.
Esa salida demandaría un programa bastante rígido, además de integral. Y explica que ya esté en discusión una baja del déficit mayor a la anotada en el Presupuesto 2021. Eso, junto a señales inusualmente anticipadas, como el aumento de tarifas a partir de enero, y una caída real de ingresos en el Estado y en la actividad privada. No es lo único, aunque sí lo más grueso. Algunos otros gestos pueden ser advertidos en cierta poda de capítulos referidos a planes para la niñez o el agotamiento del IFE.
El último renglón fue escrito anoche mismo, horas antes de la llegada de la misión del FMI. El Gobierno dejó trascender la propuesta de nueva ley de movilidad jubilatoria, que volvería a un cálculo basado en la recaudación impositiva –se supone que para el rubro previsional- y en la evolución de los salarios, sin registro de la inflación. Sería convalidado de hecho el ajuste ya realizado, especialmente pero no sólo en las categorías más altas, y se establecería un mecanismo que según la marcha económica podría generar pérdida de poder adquisitivo.
Ese es otro debate que viene en lo que resta del año, incluyendo lo que queda de sesiones ordinarias y la convocatoria a extraordinarias. En cualquier caso, los proyectos y las otras medidas referidas integran un paquete con destinatario claro -el Fondo-, en medio de las medidas para contener el precio del dólar y los mercados. Visto así, el interrogante es hasta dónde se extiende la intención real de un acuerdo político. Están a la vista los objetivos, también los costos.
Seguí leyendo:
Últimas Noticias
Las maniobras de Bullrich y los reproches a Sturzenegger: así vivió el oficialismo la fallida sesión por la Ley de Tierras
La Libertad Avanza dejó buena parte del proyecto en el camino y terminó con una sensación de derrota. Se mantienen las dos leyes K y crece el malestar parlamentario con el ministro de Desregulación
San Cayetano: García Cuerva apuntó contra los dirigentes “que hablan de los pobres y se dan la buena vida”
En su homilía, el arzobispo de Buenos Aires advirtió que el pueblo está “cansado de promesas incumplidas. Sin mencionarlo, cuestionó las ideas de libre mercado que profesa Javier Milei
Las revelaciones de Domenico Giani, el hombre que cuidó a tres papas: “Francisco era el más difícil de custodiar”
El italiano que protegió a Juan Pablo II, Benedicto XVI y al papa argentino durante 22 años enumeró las claves detrás de la seguridad pontificia y adelantó los pormenores del operativo que demanda la llegada del pontífice León XIV a la Argentina en noviembre

Así reaccionó el arco político a la media sanción de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada
Luego de una jornada maratónica, la dirigencia política manifestó sus posturas respecto al proyecto. El presidente Javier Milei celebró la aprobación con su ya habitual: “Viva la libertad, carajo”, mientras que, desde la oposición, calificaron como una victoria la eliminación de dos de los capítulos

Descoordinaciones, gobernadores rebeldes y el “factor Tini”: por qué Milei sufrió un calvario en el Congreso
El Gobierno esperaba que las críticas por la Ley de Tierras llegaran de Lali Espósito, Ca7riel, Dillom, La Joaqui y Nicky Nicole, pero le costó procesar lo que sucedió con figuras como la reconocida cantante y ex protagonista de Violetta o la estrella teen Emilia Mernes. “Perdimos la guerra comunicacional”, dijo el integrante de la mesa política. Otro agregó: “El timing fue pésimo”




