La ex mandataria en el micro estadio de Ferro (foto Matias Baglietto)
La ex mandataria en el micro estadio de Ferro (foto Matias Baglietto)

"Vengo a proponerles un sueño" se oyó la voz de Néstor Kirchner en el nuevo microestadio de Ferro y el público se sentó, entre estridentes aplausos, para que iniciara el debate. En el primer sector, adelante, se ubicaron los invitados 'especiales' que se sentaron en sillas de madera con tapizado de pana roja y detrás de un cordón y en sillas grises de plástico lo hizo el resto de los que, por orden de llegada, pudieron ingresar. Miles quedaron en el segundo gimnasio y otros siguieron las presentaciones en pantallas desde una cancha contigua, un playón o la calle. Excepto por las gigantografías de Clacso y por un globo de La Garganta Poderosa, no hubo ni carteles ni banderas políticas en la 8va Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales.

A la voz y la imagen del ex presidente argentino le siguieron Hugo Chávez, Lula Da Silva, Cristina Kirchner, Rafael Correa, Pepe Mujica y Dilma Rousseff. Y otra vez Kirchner para el cierre del video que abrió el evento con una hora de retraso. En ese marco primero fue la ex presidenta de Brasil Rousseff quien llamó a "hacer todas las alianzas necesarias contra el neoliberalismo". Después del mediodía repetiría palabras parecidas Cristina Kirchner que por momentos buscó mostrarse más cauta y menos combativa. Hubo incluso otras señales, por los invitados y por los discursos: muchas más similitudes y coincidencias con Brasil que con el presente venezolano que aquí tanto asustó en tiempos electorales.

Nicolás Trotta, rector de la UMET, y la ex presidente de Brasil Dilma Rousseff
Nicolás Trotta, rector de la UMET, y la ex presidente de Brasil Dilma Rousseff

Entre una y otra hubo cambios. Rousseff habló sentada en un living de sillones blancos junto a Nicolás Trotta, rector de la UMET. Cristina en cambio, vestida con blusa color verde pastel, lo hizo en un escritorio, con los brazos y los lentes apoyados en la mesa y  con un aire acondicionado portátil a su lado, que acomodado en vivo ante las cámaras no alcanzó para aliviarle el intenso calor debajo de un techo alto de chapa.

Nada quedó librado al azar, menos las imágenes que se transmitieron bajo la dirección de Tristán Bauer, quien como muchos de los presentes integra el equipo del Instituto Patria que coordina Oscar Parrilli, presente entre bambalinas en Caballito este lunes feriado.

El mensaje de la ex mandataria (foto Matias Baglietto)
El mensaje de la ex mandataria (foto Matias Baglietto)

Pablo Gentili, secretario ejecutivo de Clacso, intentó anunciar a la ex presidenta pero lo interrumpieron cantando alternativamente "Cristina, Cristina, Cristina corazón acá tenés los pibes para la liberación" y también con "Cristina es del pueblo y no la toca nadie". Él dejó en claro la idea de la convocatoria interpretada como la 'contra cumbre del G20' a días de la llegada a Buenos Aires de los líderes que integran el grupo. "No somos contra cumbre de nada, defendemos el multilateralismo para que podamos discutir  lo que piensan nuestros representantes cuando se juntan con lo que piensan los representantes de otros países", intentó desmitificar.

Entonces la ex presidenta, que oculta detrás de un panel esperaba conversando con Dilma, entró al escenario. Eran las 13:11 (casi dos horas después de lo pautado) y le cantaron "a volver a volver vamos a volver" mientras medio estadio se ponía de pie para registrar la escena con sus celulares en mano. Pareció el inicio de una campaña aunque en ningún momento ella mencionara ni que piense ser candidata ni que no quiera serlo en el 2019.

"Va a definir a último momento", se oyó en voz baja a alguien. Para otros, que hasta se emocionaron con sus palabras, es una obviedad que hablaba como si disputara nuevamente el poder mientras hubo quien analizó el discurso como el de quien busca convocar a la unidad sin autopostularse. Todo puede ser.

"Tenemos que repensarnos como espacio político de propuestas" inició su planteo para comparar luego, como hace también el macrismo pero con la visión exactamente contraria, la "década ganada" con los casi tres años que pasaron "desde que el neoliberalismo se ha instalado en nuestro país".

Roberto Baradel, del gremio docente SUTEBA, estuvo en Ferro junto a Dilma y Cristina  (Matias Baglietto)
Roberto Baradel, del gremio docente SUTEBA, estuvo en Ferro junto a Dilma y Cristina  (Matias Baglietto)

Se mostró conciliadora y pidió no silbar ni gritar cuando mencionó al actual gobierno, pero ella misma se refirió en forma provocadora cuando al hablar de igualdad comparó a los animales con los seres humanos que "cualquiera sea nuestro pensamiento o ideología necesitamos ser diferentes". "Los gatos son todos gatos", dijo con un guiño a la platea que volvió a estallar aunque no explicitara comparación alguna con el presidente Mauricio Macri. Y siguió con especial énfasis: "Los perros son perros y las yeguas son todas yeguas". Su autorreferencia le hizo ganar una ovación.

Para algunos, como el jefe del bloque K en Diputados y precandidato a presidente Agustín Rossi, la ex jefa de Estado se paró como articuladora de una nueva construcción política, no como candidata. "Saca los límites", reflexionó ante Infobae al ser consultado al respecto y señaló la parte del discurso en la que ella pidió dejar de referirse a los distintos sectores políticos como de izquierda o derecha. Está claro: pedía unir a la amplia familia peronista de uno a otro extremo aunque apoyada en sus más fieles.

Desde el acto en SMATA, donde se reencontró con Hugo Moyano, Cristina Kirchner sólo había hablado en el recinto como senadora. En Ferro avanzó sobre la línea de lo que dijo en la madrugada del jueves pasado cuando fundamentó su voto en contra del Presupuesto y así de amplia se mostró aunque con indirectas como cuando consideró que "algunos Hitler modernos acusan a los inmigrantes de que en un país no haya trabajo". ¿Lo diría por Miguel Ángel Pichetto? Tal vez, aunque el senador ha hablado más de delincuencia que de empleo extranjero.

En otro tramo de su discurso, la ex presidenta intentó quitarse el estigma que la ubicó ideológicamente a ella y a su marido como defensores de la ideología de izquierda de la década 70 y con la lucha armada o el anticapitalismo. "No soy setentista, aunque los 20 los cumplí en el 73", afirmó y admitió que "nuestras ideas eran más radicalizadas" lo que atribuyó al contexto internacional. Eso sí, recordó que antes les decían "comunistas" y luego "populistas". Sin embargo defendió el capitalismo y el deseo de consumir como un derecho.

Un dato más. Cuando pidió no hablar de izquierdas y derechas propuso referirse al pueblo. "El pueblo peronista", gritó una voz masculina. "No solamente", le advirtió ella que llamó a un "frente social, cívico, patriótico, en el que se agrupen todos los sectores agredidos por el liberalismo. No puede ser la división entre los que rezan y los que no; es un lujo que no nos podemos permitir. En nuestro espacio hay pañuelos verdes y también pañuelos celestes, tenemos que aceptarlo y no llevarlo a la división de nuestro espacio". Otra señal, esta vez para la Iglesia.

Se mostró calma pero con la intensidad de aquellos discursos que daba en los patios militantes de la Casa de Gobierno y, como entonces, rodeada de muchos de los más kirchneristas en el espacio del PJ y de los que la acompañaron en las elecciones pasadas. Jorge Taiana, su ex compañero al que no le alcanzó para entrar al Senado; Fernanda Vallejos, primera en la lista de diputados; los diputados Walter Correa; Leopoldo Moreau; Mónica Macha (de Nuevo Encuentro y esposa de Martín Sabbatella ubicado en primera fila); Fernando Espinoza y su sucesora en La Matanza, la intendenta Verónica Magario; Hugo Yasky; su ex ministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez; el intendente Leonardo Nardini; el dirigente Itaí Hagman y el periodista Horacio Verbitsky, otro de los que tuvo silla privilegiada en primera fila.

También estuvo el Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; Eduardo 'Wado' de Pedro que la semana pasada gracias a un acuerdo con el massismo se quedó con un lugar en el Consejo de la Magistratura (el otro fue para Graciela Camaño) y los diputados de La Cámpora (ahora embanderados en Unidad Ciudadana) Fernanda Raverta, Horacio Pietragalla, la cordobesa Gabriela Estévez y Juan Cabandié que ya dejó la agrupación fundada por Néstor y Máximo Kirchner. Al final, se vio caminar justo debajo del escenario e intentando saludar a la ex presidenta a quien fuera su secretario de Seguridad, Sergio Berni.

Se sabe que CFK no se calla. Y hubo 'palitos'. Apuntó a quienes cuestionaban el pago de Ganancias durante su gestión y a quienes no votaron al FpV en el 2015. "Tarde piaste", les reprochó y sobrevoló el nombre del camionero Hugo Moyano que lideró movilizaciones y actos para pedir la eximición del pago de ese impuesto y ahora está de regreso contra el macrismo.

En tono electoral recordó su despedida en una Plaza de Mayo llena y varias veces hizo los números del ballottage. Cuando anunció que se despedía y le gritaron "¡Nooo!". Ella retrucó: "¡Sí! No doy más de calor" y para humanizarse mostró la camisa transpirada, contó que se la mandaron cuatro trabajadoras de Chocolate que se quedaron sin empleo por el cierre de la empresa y juntaron plata para hacerle el obsequio. "Transpiro también. Se sabe", confesó y cerró: "Cómo no voy a creer en la condición humana y en el amor" mientras se tocaba la camisa color pastel toda mojada en su espalda.

Fue Rossi quien cuando ella se había ido dio su personal interpretación: "La unidad es posible. No es segura".

Fotos: Matías Baglietto

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