Tarifas: batalla política y sueños de expresar los enojos de clase media

El aumento de los servicios impacta en el Congreso. El kirchnerismo busca capitalizar el rechazo en Diputados. Carrió tiene su propia iniciativa. Y la UCR también trasmitió sus planteos. Asoma como un capítulo anticipado del año electoral

El aumento de tarifas está aterrizando en el Congreso. Y los montajes son claros: por un lado, la ofensiva que empuja la oposición más dura, con eje en el kirchnerismo, y por el otro, la inquietud que recorre el interior del oficialismo. Tal vez sea una oportunidad para un debate real sobre esta materia, pero por ahora los aprontes remiten más bien a la intención de sintonizar con el estado del humor social y más precisamente, de la generalmente indescifrable clase media.

Por supuesto, la reacción interna de Cambiemos ofrece elementos ricos sobre los desafíos de la gestión de Mauricio Macri medidos a la luz de encuestas, que proliferan a pesar de los costos que suponen, además de exponer una discusión no saldada sobre el papel y los procesos de las coaliciones electorales cuando se transforman en Gobierno.

Los dos socios principales del PRO han emitido mensajes abiertos acerca de las tarifas. Ninguno de esos mensajes sugiere la aplicación de fórmulas ortodoxas o, al revés, de laxitud presupuestaria. En todo caso, apuntan a discutir los ritmos o profundidad del gradualismo que sostiene el Presidente, además de advertir sobre el riesgo de exagerar la confianza propia en la capacidad social para asimilar el ajuste. Este último, aún como especulación, es un dato mayor.

Ninguno de ellos, además, considera secundario el objetivo de ir recortando el déficit: lo señalan como paso ineludible para moderar y contener los niveles de endeudamiento y actuar sobre la persistente tendencia inflacionaria. Pero también, en este último punto, aparecen insinuados algunos planteos sobre la necesidad de una política más amplia que incluya a los formadores de precios y que contemple los tiempos –graduales, sino lentos- para modificar cuadros estructurales frente a medidas que parecerían pensadas en países más estables: el ejemplo reiterado es el de los combustibles y sus precios locales.

A partir de allí, confluyen diversas interpretaciones y también diferentes juegos políticos, relacionados con el modo de entender la gestión y con las características de la sociedad política de gobierno, algo que suele traducirse linealmente en cálculos elementales sobre la cantidad de ministros de cada fuerza o nivel de incidencia real sobre decisiones de gestión. En este plano, los ejemplos y a veces los estereotipos son limitados a la potente personalidad de Elisa Carrió y al peso partidario de la UCR, en los bloques y al frente de tres provincias.

Lo más llamativo desde el radicalismo fueron, en estos días, los dichos en privado y en público de Alfredo Cornejo, con críticas al aumento de tarifas y al ministro Juan José Aranguren. El presidente del Comité Nacional radical hizo algunos planteos directos en la última reunión con Macri. En esa cita no faltaron ironías, de uno y otro lado, pero para no dramatizar en fuentes radicales atribuyen el "ruido" a una cuestión de personalidad de Cornejo, aunque sin dejar de destacar la sustancia de sus dichos.

El gobernador mendocino y titular de la UCR mantiene una buena relación con el Presidente, incluso más allá de algunas tensiones de gestión, como ocurrió con las pulseadas por la reforma impositiva y el acuerdo con las provincias. Eso, y las necesidades habituales de las provincias frente a la Nación, no se expresan en el perfil que exhibe Cornejo en el arranque de su función partidaria. En ese punto, coinciden fuentes radicales, se destacan las diferencias respecto de su antecesor en el comité, José Corral, de escasa sonoridad en el interior de Cambiemos.

Puede que eso explique en parte algunos matices que asoman en el cuadro del oficialismo. Pero no es lo único. La mayor expresión pública tendría relación directa con los tiempos electorales que se aceleran -en el plano político, antes que social-, aunque los planteos no sean estrictamente nuevos. Más de una vez, surgieron en las reuniones que la primera línea del Gobierno, incluido el Presidente, mantienen regularmente con los socios de Cambiemos y con sus bloques legislativos.

El caso de Carrió es distinto, porque ella representa casi toda la expresión de su espacio político. Su voz fue de las primeras en advertir desde el oficialismo sobre el efecto de las subas de tarifas y también apuntó sin vueltas al ministro Aranguren. Después, decidió avanzar con un pedido de informes al jefe de Gabinete sobre la escalada en el cuadro tarifario y los controles del Gobierno sobre las empresas que tienen a su cargo los servicios.

Marcos Peña, a su vez, dio dos señales. Ratificó la política tarifaria pero no negó abrir tal información al Congreso. Fue además una manera de reforzar la diferenciación entre el reclamo interno y la ofensiva que motoriza la oposición más dura. Eso, en público. En reserva, fuentes del oficialismo suelen tener una percepción más matizada, que por momentos expresa malestar frente a señalamientos y críticas de ese tipo, y otras veces asume que pueden jugar una función de cierta distensión frente a indicadores de malestar social. Algunos, más llanos, dicen que nunca hay que regalar banderas.

La oposición, por lo pronto, decidió apostar hoy a una sesión especial en Diputados para tratar proyectos que reclaman retrotraer las tarifas a los niveles de fin del año pasado y congelarlas. La movida es impulsada por el kirchnerismo, en correspondencia con la idea que difundió Cristina Fernández de Kirchner.

Se verá qué otras fuerzas además de los legisladores de izquierda acompañan el intento. Sectores del massismo y de otras vertientes con componentes peronistas se alistan también. Un tema mayor es cómo juega el PJ más vinculado a los gobernadores. Importa la foto, más que las posibilidades concretas de tratamiento en la Cámara: está convocada una sesión especial, que además de reunir quórum para funcionar demanda una mayoría especial de dos tercios para aprobar cualquier iniciativa.

El kirchnerismo impulsa además una serie de movilizaciones para amplificar la movida. En esa lista se anota un "ruidazo", denominación que desde hace un par de años busca eludir la calificación de "cacerolazo", práctica tan condenada durante su larga gestión de gobierno.

Pero al margen de esos elementos menores, resulta evidente que la ex presidente mantiene su lineamiento con vistas a pesar también en la interna peronista: sostener una oposición muy dura para tratar de capitalizar malhumores sociales y al mismo tiempo, poner en crisis el esquema de recomposición peronista, moderado pero en perspectiva de mayor tensión según corra el almanaque electoral.

Por supuesto, nadie mueve sus fichas solo en este tablero. El Gobierno no ahorra gestos para mantener en buenos términos las relaciones con los jefes provinciales –y en algunos casos también intendentes- del peronismo. Son muchas las reuniones y acuerdos prácticos –obras públicas, en primer lugar- con los gobernadores del PJ y de otras fuerzas, aunque descuentan que hacia fin de año las diferenciaciones políticas irán en aumento.

El caso de las tarifas agrega, de manera visible, que el foco parece estar puesto en los sectores medios. De manera mecánica, algunas interpretaciones señalan que la inquietud del oficialismo es por un "público" que sería considerado propio. Y que la movida kirchnerista expresa la esperanza de reconquistar un segmento. En esta época de epidemia de encuestas, convendría recordar un dato: buena parte de la sociedad –algunos registros dicen que más del 70%- se considera de clase media. Una franja tan amplia como inasible para las categorías políticas.

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