Las cartas Perón - Balbín que dejan mal parada a la historiografía de la revancha

Desbordados por el presente, muchos autores siguen echando sal en las heridas que estos dos líderes se esforzaron por cauterizar, luego de 18 años de desencuentros

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En los últimos años se ha puesto de moda resucitar la añeja visión histórico- política que se construyó sobre el peronismo inmediatamente después de su caída en 1955. Sobran los malos ejemplos, si de eso se trata. Discursos, declaraciones, actos perfectamente filmados donde las figuras centrales de aquel gobierno mostraban una faceta desagradable e irritativa para un sector de la sociedad. Sobran también los ejemplos en contrario si uno los quiere buscar. Hay de todo como en botica. Lo que resulta extraño es que este revival historiográfico no es el resultado de una visión histórica de los hechos y su contexto sino más bien la consecuencia de una observación periodística, por lo tanto menor y recortada. La historia es una ciencia y como tal tiene su método y sus recursos. Pero también demanda la experiencia en el abordaje del tema que otorga la práctica no digo académica pero sí específica. Como la medicina, el derecho, la docencia y tantas otras, periodismo incluido.

Entiendo que el kirchnerismo haya aturdido al más pintado y hecho renacer recuerdos desventurados. Pero los modernos autores, detractores del peronismo histórico, están desbordados por el presente y en un giro acrobático, especie de arco voltaico de alto riesgo, unen dos épocas tan distantes y diferentes mediante la simpleza de asimilar anécdotas, giros y modos, ignorando el contexto que le ha dado origen. Se niegan a ver, por ejemplo, que el peronismo pagó por sus errores. Los bombardeos, el golpe, la cárcel, la humillación, la proscripción y los fusilamientos son una muestra. Excepto que no alcance con lo sufrido. Ellos dirán. Y erróneamente continúan echando sal en la herida que los autores de aquellos males se dispusieron a cauterizar y lo lograron en los dieciocho años de proscripción. ¿Qué otra cosa fue si no el acuerdo de Perón con Frondizi o la reflexión de Perón de que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino" enmendando la sectaria "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista"? Como así también la carta que publiqué en una nota anterior en Infobae, el 24 de septiembre pasado, en la cual Ricardo Rojo le cuenta a Perón que el general Pedro Eugenio Aramburu ha cambiado, que ya no es el mismo y está dispuesto a una salida democrática con el peronismo y Perón incluido, "pues aquí nos equivocamos todos", decía. Y que en esa tesitura está el general Alejandro Lanusse. Carta que revela el giro copernicano de la élite antiperonista de entonces.

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LEA MÁS: La carta de Ricardo Rojo a Perón que reaviva sospechas sobre el móvil del asesinato de Aramburu

Diálogo entre Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón
Diálogo entre Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón

¿No les dice nada esta reflexión? ¿No es significativa? ¿Los "historiadores" del revival moderno no observan este giro como tampoco el de Perón? No pudo Aramburu hacerlo pues lo asesinaron los Montoneros. ¡Lo hizo el general Lanusse!

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En definitiva quienes permitieron el retorno del exiliado fueron los que lo habían echado. Cuando las heridas entre Ricardo Balbín y Perón se cerraron, un ciclo de nuestra historia quedaba atrás. La grieta sellaba en el marco de un abrazo. Incorporo a la presente nota las dos cartas que se enviaron estos dos hombres. El juego lo abrió Perón. El 25 de setiembre de 1970 le escribía a Balbín:

"Estimado Compatriota:

Tanto la Unión Cívica Radical del Pueblo como el Movimiento Nacional Justicialista son fuerzas populares. Sus ideologías y doctrinas son similares y debían haber actuado solidariamente. Nosotros, los dirigentes, somos probablemente los culpables de que no haya sido así. No cometamos el error de hacer persistir un desencuentro injustificado.

Tanto usted como yo estamos amortizados, casi descarnados. Separados podríamos ser instrumento, juntos y solidariamente unidos no habría fuerza política en el país que pueda con nosotros…ello sería una solución para la Patria y el pueblo argentino"

Un tiempo después, el 7 de abril de 1971, Ricardo Balbín le contestaba:

"Estimado compatriota:

Contesto con agrado su amable carta y lo hago en momentos en que actos positivos acreditan la voluntad común de servir lealmente la legítima causa de nuestro pueblo. Estoy muy persuadido que la unión de los argentinos es la tarea más importante que nos toca realizar. Muchos años de desencuentros y luchas entre nosotros, cualquiera fuera la legitimidad de nuestras respectivas causas han dado como consecuencia la vulnerabilidad de nuestro país ante los enemigos externos y el estancamiento en el desarrollo interno. Por eso estoy convencido de que todos los esfuerzos que hagamos para superar el pasado y construir el futuro sin resentimiento están encaminados al triunfo."

El legendario abrazo Perón – Balbín
El legendario abrazo Perón – Balbín

El acuerdo Perón-Balbín y la decisión de la oficialidad antiperonista de ceder en sus odios cerraron una dura etapa de nuestra vida política que es preciso recordar para evitar miradas sesgadas y menguadas de nuestro pasado.

El lector puede seguir las cartas pues se adjuntan en la presente nota.

VIDEO: LA DESPEDIDA DE BALBÍN A PERÓN

Este revival de revancha encarnado en la nueva historiografía menuda, practica las mismas arbitrariedades, exageraciones y distorsiones que la escuela revisionista realizó con algunos de nuestros próceres. Tomemos por caso a Domingo Faustino Sarmiento. Lo denigraron como apóstata de la Patria y del pueblo. Discursos, declaraciones, cartas desgraciadas y acciones brutales fueron mil veces citadas como prueba de la felonía. Todo cierto. Ahora bien, el Sarmiento que, siendo Presidente, defendió la Patagonia y se abrazó con Urquiza fue ignorado. La nueva historiografía de la revancha ignora los cambios, las épocas y las atmósferas. Ignora y desconoce en consecuencia lo central del acontecer histórico.

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Como yapa cuento que el hueso más duro de roer, que fue el almirante Isaac Rojas, también pegó la vuelta. Y un buen día, estando internado en el Hospital Naval, fue a visitarlo el presidente Carlos Menem. Enterado, pidió unos minutos. Calzó su uniforme de Almirante, lo acomodó como pudo, estaba muy delgado, se cuadró, taconeó débilmente, hizo la venia y saludó: "Buen día, señor Presidente".

[Las cartas citadas en esta nota pueden verse cliqueando en este link]

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