
El amor de madre trasciende a cualquier dificultad geográfica, económica o social. Las ganas de sacar adelante a sus familias y brindarles con amor lo mejor para ellos, es su principal motivación. Hoy es la celebración más especial del año y por eso destacamos estas historias de mujeres luchadoras, mamás y líderes del hoy.
René García rompe desafíos como madre
René García reside en el distrito de Pueblo Libre y asume un desafío cotidiano: el cuidado exhaustivo de su hijo Aldair, quien convive desde hace dos décadas con parálisis cerebral infantil. Diagnosticado al mes de nacido, Aldair también enfrenta microcefalia, tuberculosis, neumonía recurrente y síndrome de Down. Su madre, de 57 años, se encarga diariamente de los procedimientos médicos necesarios, incluida la limpieza de la traqueostomía, desde las cinco de la mañana. Los médicos pronosticaron una esperanza de vida de solo ocho años para Aldair, pero hoy supera los veinte. La rutina de René implica traslados a terapias, atención hospitalaria y una entrega absoluta, en un contexto donde los recursos son limitados y el apoyo institucional resulta insuficiente.
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Irene Inga Quinto
En la región de Junín, Irene Inga Quinto se ha convertido en un referente de su comunidad en San José de Apata. Desde la muerte de su esposo, Irene asumió la crianza y educación de su hijo, quien cursa la secundaria, apoyándose en la agricultura familiar. La pandemia de COVID-19 afectó de manera directa su economía, pero la fuerza de voluntad le permitió no solo superar la enfermedad, sino también potenciar la venta de papas nativas, hortalizas y alimentos silvestres que cultiva en su fitotoldo. Irene lidera la participación de quince madres en las Escuelas de Campo, donde se promueve el empoderamiento femenino, la gestión ambiental y la equidad de género. “Nosotras somos mamás que nos dedicamos a la agricultura y también cuidamos de nuestros hijos”, declaró Irene.

Dina Castañeda
A casi mil kilómetros, en Huicungo, en la región San Martín, Dina Castañeda encontró en la siembra de hortalizas una vía para mejorar la vida de su familia. Con el respaldo del Tambo Dos de Mayo, Dina implementó un biohuerto que le permite cultivar cebolla china, repollo, tomate y otros productos. Las capacitaciones recibidas la ayudaron a convertir su producción en una fuente de ingresos que ha alcanzado los 500 soles mensuales. Dina, acompañada por su esposo y su hija menor, también elabora productos derivados del chocolate como el chocoplátano, emprendimiento que busca formalizar con el apoyo del programa PAIS. “El apoyo que recibo con las capacitaciones me ha permitido poco a poco mejorar y ver en mis cosechas una fuente de ingreso”, explicó Dina. Esta iniciativa ya inspira a otras madres de la zona.
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Lina Montedoro: la reina de los picarones
La historia de Lina Montedoro atraviesa dolores y logros. Huérfana desde pequeña, Lina aprendió a valerse por sí misma, concluyó una carrera técnica y trabajó en la industria textil. Su vida cambió abruptamente tras un matrimonio marcado por la violencia. Lina se vio obligada a huir embarazada de su quinta hija, sin recursos y sin apoyo familiar. Superó episodios críticos, como el nacimiento de su hija en la vía pública y la separación temporal de sus otros hijos, quienes fueron llevados a un albergue.
Tras dos años y medio de constantes gestiones, Lina logró reunir a sus cinco hijos y emprendió una nueva etapa enfocada en su bienestar. Su negocio de picarones adquirió notoriedad cuando su hijo Edgar, formado en la escuela de cocina de Pachacútec, presentó su receta a Gastón Acurio, quien la invitó a participar en Mistura. Desde entonces, los picarones de Lina alcanzaron fama nacional e internacional. Hoy, recorre el país compartiendo su experiencia y apoyando a otras mujeres dedicadas a la gastronomía.
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Se observa a una mujer en uniforme de chef friendo anillos de masa de dos colores, amarilla y morada, en un puesto de comida. El producto final se presenta en una bandeja. El establecimiento se identifica como "Picarones & Postres Criollos" y está ubicado en San Martín de Porres.
Margareth Zacarias: psicóloga
En el distrito limeño de Surco, Margareth Zacarias ha vinculado su formación profesional al reto personal de la maternidad. Psicóloga de profesión, Margareth enfrentó el diagnóstico de su hijo con determinación y emprendió la búsqueda de tratamientos efectivos. Inspirada por los avances de su hijo, fundó el centro terapéutico La Montaña en su propia casa, donde ofrece terapias personalizadas y talleres grupales para niños, adolescentes y adultos. El objetivo es fomentar la inclusión y el desarrollo integral, integrando a otras madres en el proceso. “A través del juego, los niños van aprendiendo y creciendo”, explicó Margareth.

Doña Aracelly
La historia de Aracelly, en Cerro Puquio (Carabayllo), se construyó alrededor de un emprendimiento avícola. Hace dos décadas, Aracelly renunció a su trabajo para criar gallinas y producir huevos orgánicos. Hoy, su negocio La Gallinita de Corral gestiona tres mil aves y distribuye sus productos en ferias de distintos distritos limeños, como Miraflores, Magdalena y Surquillo. Aracelly también ha tejido una red de apoyo con mujeres en situación de vulnerabilidad, quienes participan en la recolección de huevos y la confección de canastas. “El secreto es dedicarse con amor a lo que nos apasiona y dar el mejor servicio”, afirma. Su labor trasciende el ámbito económico y se orienta al fortalecimiento de la comunidad.
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El testimonio de estas seis mujeres evidencia el impacto del liderazgo femenino en la transformación de sus entornos inmediatos. Sus logros no solo han permitido mejorar la calidad de vida de sus familias, sino también fomentar la solidaridad y la cooperación entre mujeres en situaciones similares. El Día de la Madre en Perú adquiere así un sentido ampliado, donde la maternidad se expresa en trabajo colectivo, innovación y apoyo mutuo.
Las trayectorias de René García, Irene Inga Quinto, Dina Castañeda, Lina Montedoro, Margareth Zacarias y Aracelly se erigen como ejemplos de perseverancia y capacidad de gestión frente a la adversidad. El reconocimiento a su esfuerzo y a los resultados alcanzados se traduce en nuevas oportunidades para otras madres, multiplicando el impacto de sus acciones. Desde la sierra hasta la capital, estas mujeres demuestran que la maternidad, lejos de ser una experiencia individual, puede convertirse en motor de cambio social y desarrollo comunitario.
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