Vacunas y alimentación: el dúo silencioso que puede mejorar tu respuesta inmune

Hay una pregunta que casi nadie hace: ¿en qué condiciones está nuestro sistema inmunológico al momento de vacunarnos?

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Primer plano de una mano enguantada de azul sosteniendo una jeringa transparente junto a un vial de la vacuna Shingrix. El fondo es un ambiente clínico desenfocado.
Un profesional médico prepara una dosis de la vacuna Shingrix para la inmunización contra la culebrilla, destacando la importancia de la prevención en adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay algo que suele quedar fuera de la conversación cada vez que hablamos de vacunas: cómo se encuentra el cuerpo que las recibe.

En estos días, en el marco de la Semana Mundial de la Inmunización impulsada por la OMS, vemos campañas, cifras, llamados urgentes —todos necesarios— para cerrar brechas en la vacunación. Pero hay una pregunta que casi nadie hace: ¿en qué condiciones está nuestro sistema inmunológico al momento de vacunarnos?

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No es un detalle menor.

La evidencia es clara en algo: el estado nutricional influye en la respuesta inmune. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han señalado que la malnutrición —tanto por déficit como por exceso— puede afectar el funcionamiento del sistema inmunológico. Eso incluye la capacidad del cuerpo para producir anticuerpos tras una vacuna.

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Dicho en simple: no se trata sólo de vacunarte, sino también de cómo llega tu cuerpo a recibir esa vacuna.

Y aquí es donde quiero ser muy clara, porque este tema se puede malinterpretar fácilmente: la alimentación no reemplaza vacunas. No las sustituye, no compite con ellas, ni las vuelve opcionales. Las vacunas siguen siendo una de las herramientas más efectivas de salud pública, como lo recuerda constantemente el Ministerio de Salud del Perú.

Pero sí hay algo que la alimentación puede hacer: potenciar el terreno donde esa vacuna actúa.

Nuestro sistema inmune necesita recursos. Proteínas para formar anticuerpos. Micronutrientes como zinc y vitamina C para sostener la respuesta inmunológica. Vitamina D para regular procesos clave. Ácidos grasos como los omega 3 para modular la inflamación.

Cuando estos nutrientes faltan —y en consulta veo que pasa más de lo que imaginamos— el cuerpo no necesariamente responde igual.

Ahora, tampoco se trata de entrar en modo perfección.

Si algo defiendo como nutricionista es la alimentación sin prohibiciones. No necesitas hacer una “dieta pre vacuna” ni vivir evitando alimentos con miedo. Pero sí puedes tomar decisiones más conscientes en momentos donde tu cuerpo necesita estar más preparado.

¿Ejemplos concretos? Priorizar comidas con buena calidad de proteína, sumar frutas y verduras variadas, asegurar exposición responsable al sol o fuentes de vitamina D, incluir grasas saludables. Y sí, reducir excesos de alcohol, azúcar o frituras en los días cercanos a la vacunación puede ayudar a no interferir con ese proceso.

No es rigidez. Es estrategia.

Porque al final, la salud no se construye con acciones aisladas, sino con decisiones que se complementan.

Vacunarte es una de ellas. Alimentarte bien, también.

Y en una semana como esta, donde recordamos la importancia de prevenir enfermedades, tal vez vale la pena ampliar el mensaje: no es solo ir al vacunatorio. Es llegar con un cuerpo que esté listo para responder.

Ahí, en ese binomio —vacunas y alimentación— hay una oportunidad silenciosa, pero poderosa, de hacer las cosas mejor.

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