Empresas y entornos psicosociales saludables: ¿qué pueden hacer los empleadores?

Cabe preguntarse si realmente estamos dimensionando el impacto que tienen los entornos laborales en la salud mental de las personas

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Silueta humana con cabeza en manos, sentada en un escritorio. El cerebro emite luz y está rodeado de iconos digitales, relojes y redes neuronales flotantes.
Una ilustración editorial surrealista representa una silueta humana abrumada en un escritorio, con el cerebro sobrecargado de notificaciones digitales y caminos neuronales, simbolizando el agotamiento mental y el estrés de la era digital. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con motivo del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que conmemoramos cada 28 de abril, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha lanzado una campaña global para generar conciencia sobre la importancia de promover y garantizar entornos psicosociales saludables en el trabajo.

Sin embargo, más allá de la conmemoración, cabe preguntarse si realmente estamos dimensionando el impacto que tienen los entornos laborales en la salud mental de las personas.

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Todo trabajo, sea intelectual o manual, presencial o virtual, impacta en la salud de los trabajadores en sus distintas dimensiones. Ello responde a la existencia de factores de riesgo inherentes a todo entorno laboral, vinculados al ambiente, la organización, el contenido del trabajo y la ejecución de las tareas. Dentro de ellos se encuentran los factores de riesgo psicosociales, muchas veces invisibilizados en la gestión empresarial.

La probabilidad de que estos riesgos se traduzcan en daños a la salud dependerá de las condiciones específicas de la actividad, del centro de trabajo y del cumplimiento del marco normativo en seguridad y salud en el trabajo. En el caso de los factores psicosociales, las principales afectaciones son la ansiedad, la depresión, el estrés laboral y el síndrome de burnout.

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En este contexto, un entorno psicosocial saludable no es solo un concepto técnico, sino el resultado de decisiones concretas sobre cómo se diseña, organiza y gestiona el trabajo, así como de las prácticas cotidianas que una organización tolera o promueve.

La relevancia del tema es indiscutible. Por un lado, la seguridad y salud en el trabajo —incluida la salud mental— forma parte de los derechos fundamentales laborales reconocidos por la OIT. Por otro lado, se trata de un problema con alta incidencia a nivel global que sigue siendo subestimado.

Según el informe “El entorno psicosocial en el trabajo: avances mundiales y vías de acción” (OIT, 2026), más de 840 000 personas mueren cada año por problemas de salud vinculados a riesgos psicosociales, principalmente enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales. Asimismo, el 23% de los trabajadores ha experimentado alguna forma de violencia o acoso laboral, siendo la violencia psicológica la más frecuente. Estos riesgos generan pérdidas equivalentes al 1,37 % del PBI mundial anual.

En el Perú, la falta de información oficial consolidada sobre salud mental en el trabajo es un grave problema. Aun así, los reportes de EsSalud permiten aproximarnos: en 2025 se registraron más de 169 000 atenciones en salud mental de trabajadores asegurados, principalmente por ansiedad y depresión.

En cuanto al marco normativo, la Ley N.º 29783 y su reglamento establecen obligaciones claras para los empleadores, entre ellas identificar y evaluar los factores de riesgo psicosocial, así como monitorear la salud mental de los trabajadores para implementar medidas de mejora.

En esa línea, la OIT plantea medidas en tres niveles. En investigación, urge contar con datos fiables que permitan dimensionar el problema. En política pública, se requiere priorizar la prevención antes que la reacción. Y en el entorno de trabajo, las empresas tienen un rol clave: gestionar los riesgos mejorando la carga y organización del trabajo.

Bajo esa lógica, es altamente recomendable que las empresas asuman el liderazgo y enfoquen sus esfuerzos en generar una cultura organizacional que reconozca a la salud mental como un activo valioso y una responsabilidad colectiva. Asimismo, hacer uso de la IA para el mapeo y seguimiento de los riesgos en el trabajo, así como designar a un profesional de la salud responsable con recursos y ascendencia suficiente sobre los demás trabajadores para garantizar un entorno psicosocial saludable.

A modo de cierre, conviene recordar que la salud mental no es solo la ausencia de trastornos, sino un estado de bienestar que permite a las personas afrontar el estrés, desarrollar sus capacidades, desempeñarse adecuadamente y contribuir a su comunidad.

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