Meteoróloga advierte que marzo y abril serán más calurosos: ¿qué explica el aumento de temperaturas?

Un cambio en las condiciones oceánicas ha generado preocupación entre expertos, quienes advierten que las próximas semanas podrían registrar un aumento de temperaturas y precipitaciones, con posibles efectos en distintas regiones del país

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Mayores temperaturas se vivirán en
Mayores temperaturas se vivirán en marzo y abril, advierte meteoróloga. Foto: Composición Infobae Perú

La ciudad de Lima vivió hoy una jornada sofocante, con temperaturas elevadas que se sintieron en diversos distritos y que, según alertan especialistas, podrían ser solo el preludio de un escenario aún más extremo en los próximos meses.

La doctora Elizabeth Silvestre Espinosa, meteoróloga de la Universidad Nacional Agraria La Molina, advirtió que las temperaturas en la capital y otras zonas del país podrían incrementarse durante marzo y abril, en un contexto marcado por la evolución de fenómenos climáticos en el Pacífico.

Silvestre Espinosa explicó que la actual transición de condiciones oceánicas —de una fase fría asociada a la Niña a un estado de equilibrio y posible calentamiento— genera preocupación por la llegada de temperaturas más elevadas. “Vamos a tener mayores temperaturas si esto continúa durante los meses de marzo y abril”, afirmó la especialista, quien resaltó que marzo es un mes particularmente vulnerable por los cambios de estación y la posibilidad de impactos directos tanto en la temperatura como en la precipitación.

“Vamos a tener mayores temperaturas
“Vamos a tener mayores temperaturas si esto continúa durante los meses de marzo y abril”, afirmó la especialista. (Foto: ANDINA)

La meteoróloga también enfatizó la importancia de monitorear y evaluar estos cambios a escala local, ya que los efectos del clima no se distribuyen de manera uniforme en el territorio. “El comportamiento del clima no responde a un estándar único. Debe ser evaluado en cada zona para definir los impactos y aprovechar la declaración de emergencia para implementar soluciones”, señaló Silvestre Espinosa en declaraciones a RPP Noticias.

Alerta por el paso de la Niña al Niño costero: ¿qué nos espera en los próximos meses?

Durante la entrevista, Silvestre Espinosa precisó que el fenómeno del Niño es un evento típicamente veraniego, identificable entre diciembre y febrero, aunque sus efectos pueden extenderse a lo largo del año. Actualmente, el Perú inició el periodo 2025-2026 bajo la influencia de la Niña, caracterizada por temperaturas frías en la costa. Sin embargo, la llegada de ondas de Kelvin ha aportado energía al sistema oceánico, lo que ha generado un aumento progresivo en la temperatura del mar.

“El mar, que estaba frío, está adquiriendo una temperatura normal. Si este proceso continúa, podríamos enfrentar condiciones cálidas y, con ello, impactos en el clima costero”, explicó la especialista. El Estudio Nacional del Fenómeno del Niño (ENFEN) ha modificado el estado de alerta del Niño costero, pasando de “no activo” a “vigilancia”, debido a la creciente probabilidad de condiciones cálidas débiles desde abril hasta al menos octubre de 2026.

Silvestre Espinosa consideró adecuado el monitoreo continuo y la emisión de reportes cada quince días, aunque insistió en la necesidad de fortalecer la observación local para anticipar y mitigar los efectos del fenómeno. “La Niña es fría”, aclaró, descartando confusiones sobre la naturaleza de los eventos actuales, pero subrayó el riesgo de un Niño costero que podría sentirse con fuerza a partir de marzo.

Lluvias extremas elevan el riesgo de huaicos e inundaciones

El incremento de la temperatura del mar, especialmente cuando alcanza los 26 grados, es un indicador clave para esperar lluvias intensas en las zonas altas de la sierra y la costa. “Esperemos estos impactos de precipitaciones en las zonas altas”, advirtió Silvestre Espinosa. En respuesta, el Gobierno ha declarado el estado de emergencia por sesenta días en ciento treinta y cuatro distritos de departamentos como Áncash, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Moquegua, Piura y Tumbes, debido a la persistencia de lluvias.

Río Perené ubicado en Chanchamayo,
Río Perené ubicado en Chanchamayo, Junín | Foto: Senamhi

La especialista advirtió sobre el riesgo de huaicos e inundaciones en los valles de la costa. “Cuando la lluvia persiste en las zonas altas, los ríos crecen y desembocan en el Pacífico, generando peligro para las poblaciones vulnerables”, explicó. La situación se agrava en localidades donde la deforestación y la pérdida de cobertura vegetal aumentan la exposición a deslizamientos y desastres asociados.

Silvestre Espinosa también subrayó la necesidad de mejorar el sistema de monitoreo en tiempo real, ya que existen regiones que carecen de estaciones meteorológicas suficientes para registrar los eventos extremos. “Además de establecer un sistema de monitoreo, hay que considerar los estudios científicos que identifican zonas de alta vulnerabilidad”, sostuvo.

Selva norte bajo intensas lluvias y consecuencias de los eventos climáticos extremos

Mientras que Lima y la costa enfrentan el riesgo de calor extremo y lluvias intensas, la selva norte, especialmente localidades como Tarapoto, ha experimentado precipitaciones excepcionales en los últimos meses. Según la meteoróloga, este comportamiento responde a la naturaleza tropical de la región, donde diciembre, enero, febrero y marzo suelen ser periodos de alta pluviosidad. Sin embargo, no se puede atribuir directamente este patrón al fenómeno del Niño, ya que aún no es la época típica para su manifestación en la Amazonía.

Lluvias en la selva. (Foto:
Lluvias en la selva. (Foto: Andina)

Silvestre Espinosa destacó que, en el norte del país, las lluvias no han sido tan abruptas como se temía, debido a la influencia persistente de la Niña, que mantiene las temperaturas más bajas de lo habitual. “El Perú es un país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático, donde los eventos extremos son recurrentes”, recordó.

Las consecuencias sociales y económicas de estos fenómenos climáticos extremos pueden ser significativas: pérdidas en la agricultura, impactos en la salud pública y daños a la infraestructura. El agua acumulada tras los desbordes puede favorecer rebrotes de enfermedades y afectar la producción agrícola, especialmente en fases críticas como la floración y fructificación de cultivos.

Finalmente, la especialista hizo un llamado a la acción temprana: “Las estrategias de prevención deben implementarse con la debida anticipación. La ciencia ya nos ha dado las herramientas, ahora toca interpretarlas e implementar soluciones para reducir los riesgos”, concluyó Silvestre Espinosa.