Manejar por las calles de Lima se transformó en un reto cotidiano para quienes transitan por sus calles, carreteras y pistas, donde la presencia de huecos y forados se ha convertido en una amenaza diaria para conductores y peatones, según expuso Cuarto Poder.
“Ya nosotros ya no somos chóferes de carros, somos astronautas”, expresó un conductor, reflejando el sentir de quienes deben sortear baches y desniveles que, según su testimonio a Cuarto Poder, “ya le llaman los cráter lunares”.
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Según el informe periodístico, las vías principales de Lima exhiben un estado de abandono evidente. Calles emblemáticas como la avenida Javier Prado, la avenida Néstor Gambetta o la avenida Brasil presentan tramos afectados por forados, asfalto dañado y huecos que se extienden por varios metros.

En algunos puntos, los conductores contabilizan más de diez huecos consecutivos, mientras otros fragmentos, como los localizados en la avenida Marco Polo y la avenida Tomás Valle, en la zona norte de Lima, suman lo que los vecinos han bautizado como “la calle del millón de huecos”.
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La situación no resulta ajena para los conductores habituales. De acuerdo con el reporte, los afectados reconocen que los daños materiales y el aumento de los accidentes forman parte de su rutina diaria.
“Toda la vida, señor. Me pasaron accidentes acá. Deben mejorar esta vía y varios tramos donde hay huecos”, solicitó un vecino entrevistado durante el recorrido del dominical.
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El deterioro y la rutina
La circulación sobre estas pistas deterioradas impone riesgos constantes. Los vehículos deben frenar de forma abrupta, tomar desvíos inesperados y enfrentar carriles reducidos.
Cuarto Poder relató la situación vivida en la avenida Dansey, en el cruce con Antonio de Elizalde, donde una obra inconclusa de Sedapal ha dejado un desnivel que abarca casi media cuadra. El lugar apenas cuenta con cintas de seguridad flojas y palos a punto de desplomarse. En ese escenario, los conductores se ven obligados a retroceder y buscar rutas alternas para evitar daños mayores.
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“Un auto de caer aquí, lamentablemente, va a terminar todo dañado”, advirtió un vecino.
El riesgo también se extiende a los motociclistas. Un usuario relató a Cuarto Poder el accidente de un joven que terminó en el suelo durante la noche, cuando la visibilidad disminuye y los huecos quedan ocultos. “Nos tuvimos que parar a ayudarlo porque en la noche no se ve nada”, afirmó.
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Consecuencias para todos
El deterioro de las pistas tiene un impacto directo sobre la vida útil de los vehículos. Los daños más frecuentes afectan la dirección, amortiguación, suspensión y llantas.
“Acá, uno se mete en un hueco, ¡pam! Se rompe un trapecio, todo, y ahí nomás queda. Una grúa pa’ que lo jalen”, contó otro conductor a Cuarto Poder, señalando que las reparaciones de este tipo bordean los 600 soles.
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Incluso el cambio periódico de partes, “cada un mes hay que chequear todos los muelles”, se ha vuelto una obligación para quienes dependen del transporte para trabajar.
Estas condiciones no solo afectan a los conductores. Los peatones también enfrentan obstáculos continuos. Personas mayores y ciudadanos con movilidad reducida deben caminar sorteando baches e irregularidades. Una vecina explicó: “No puedo traer ni la silla porque mi mamá se puede caer. Ya se ha caído un día allá”.
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Falta de mantenimiento
La raíz del problema se atribuye tanto a obras públicas inconclusas como a la filtración de agua y la falta de mantenimiento de la infraestructura vial.
Detrás de cada forado hay historias de abandono y recursos desaprovechados. “Eso está advertido hace años, lo pueden encontrar si buscan las noticias. Hay una noticia que yo encontré del año 2023 de septiembre. Se cayó esta semana”, relató un testigo a Cuarto Poder, en referencia al colapso de parte del carril de la avenida Néstor Gambeta.
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La rutina diaria de los camiones cisterna que extraen agua del canal del río Surco ha provocado el debilitamiento del asfalto en Javier Prado Norte, agravando la proliferación de huecos. El uso continuo de unidades pesadas sobre estas superficies deterioradas acelera la aparición de nuevos baches. Los conductores y peatones insisten en el deterioro acumulado: “No hace nada. Hace tiempo está botado eso. Ya deben arreglarlo. ¿A dónde se va la plata?”, cuestionó un vecino entrevistado.

Una laberinto de baches
La cantidad y el tamaño de los huecos ha provocado que muchos pasajeros y conductores se refieran a Lima como una ciudad abandonada a su suerte.
El recorrido realizado por Cuarto Poder mostró que existen zonas donde el asfalto parece haber desaparecido bajo la presión de un tránsito incesante y la escasa intervención pública.
Las palabras de los propios usuarios resumen el clima que se vive a diario en la capital peruana, donde —según los mismo conductores— la odisea de manejar se equipara a recorrer la superficie de la Luna.
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