
En el marco del Día Internacional de la Niña, el Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM) alertó sobre la importancia crítica de la primera infancia en el desarrollo de la salud mental.
Más del 40% de los trastornos mentales en adolescentes y adultos tienen su origen antes del nacimiento o durante los primeros años de vida, según indica el doctor Rolando Pomalima, director ejecutivo de la Dirección de Atención Especializada de Niños y Adolescentes.
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“La primera infancia es una etapa clave donde millones de conexiones neuronales moldean la arquitectura cerebral. Cada sinapsis vibra con impulsos eléctricos y neurotransmisores que sustentan la regulación emocional, la respuesta al estrés y las habilidades sociales”, explicó el especialista.

Estas conexiones, según el Dr. Pomalima, se ven profundamente afectadas por las experiencias vividas en ese periodo. Situaciones como el abuso, la negligencia, la violencia intrafamiliar o la pobreza extrema elevan los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y dañan áreas cerebrales vitales como el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal. Esto puede derivar, años más tarde, en trastornos como ansiedad, depresión, dificultades de atención o problemas de conducta.
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Niñas en mayor riesgo de trastornos mentales
En este contexto, el INSM hizo un llamado especial a considerar la situación de las niñas, quienes enfrentan mayores vulnerabilidades derivadas de su género, pobreza o discapacidad. “Estos factores aumentan su exposición al estrés, a la violencia y al abandono, haciéndolas más propensas a desarrollar trastornos mentales complejos”, alertó el especialista.
En el Perú, diversas investigaciones han señalado que las niñas tienen más probabilidades de vivir situaciones de maltrato, exclusión escolar y falta de acceso a servicios básicos de salud mental, lo que agrava el impacto de sus experiencias tempranas.
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“Las niñas no solo enfrentan barreras estructurales, sino también una carga emocional que suele ser invisibilizada. Protegerlas desde la infancia es una responsabilidad del Estado, las familias y la sociedad en su conjunto”, añadió.
Apego seguro, el escudo emocional desde la cuna
Frente a este panorama, el especialista destacó el valor del apego seguro como una de las herramientas más poderosas de protección. Se trata del vínculo emocional estable entre el niño o niña y sus cuidadores, basado en el afecto, la coherencia y la respuesta sensible ante sus necesidades. “Fomenta confianza, aprendizaje y autorregulación emocional”, señaló.
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De forma contraria, “un apego inseguro o desorganizado, producto de cuidados erráticos o traumáticos, puede generar modelos internos marcados por el miedo, la desconfianza o la vergüenza”, aclaró el Dr. Pomalima. Estos patrones, advierte, pueden expresarse más adelante en dificultades emocionales, relacionales o escolares.

La prevención, subrayó el experto, no solo es eficaz, sino también costo-efectiva. Es decir, invertir en la infancia tiene un alto retorno social y económico al reducir los costos futuros en salud mental, violencia, deserción escolar y productividad.
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Invertir en la infancia es construir una sociedad resiliente
Más allá del diagnóstico, el mensaje del INSM enfatizó en que prevenir es posible y urgente. “Comprender que cuatro de cada diez trastornos mentales en adultos se originan en los primeros años de vida nos obliga a replantear prioridades: fortalecer a las familias, capacitar a educadores y profesionales de la salud, y garantizar entornos seguros y emocionalmente nutritivos para cada niño y niña”, enfatizó el doctor del INSM.
Apoyado en la evidencia científica sobre neuroplasticidad y epigenética, el especialista recordó que el cerebro no es una estructura fija. Por el contrario, cambia y se adapta según las experiencias. “Cada emoción, vínculo o aprendizaje modifica las conexiones neuronales. La mente surge del diálogo entre el cuerpo, el entorno y los otros, en un proceso que comienza desde la gestación”, afirmó, citando al neurocientífico Antonio Damasio.
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Cada vez que se aprende algo nuevo, se cambia la estructura física del cerebro. Para el Instituto Nacional de Salud Mental, este potencial cambia debe ser aprovechado desde los primeros años de vida, con políticas públicas sólidas, familias fortalecidas y una cultura del cuidado que priorice la salud mental desde la cuna.
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