
El incremento en la adopción de perros ha cambiado la dinámica de numerosas familias, pero también ha generado dificultades que a menudo no se anticipan al tomar la decisión. Un estudio citado por National Geographic advierte que si bien la llegada de un cachorro suele asociarse con alegría y compañía, muchos adoptantes primerizos experimentan una carga de trabajo considerable, estrés y retos en la convivencia. Esto resalta la necesidad de informarse y prepararse antes de incorporar un perro, en un momento en que la tendencia a adoptar continúa creciendo.
El informe, realizado en el Reino Unido durante la pandemia de COVID-19, identificó que una parte significativa de los nuevos dueños, especialmente quienes nunca habían tenido perro, enfrentó dificultades más grandes de lo previsto.
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Entre los problemas más comunes figuran los mordiscos leves, el deterioro de muebles, las interrupciones del sueño y los cambios drásticos en la rutina diaria. Según National Geographic, un tercio de los cuidadores principales declaró que la experiencia fue más exigente de lo imaginado, tanto en tiempo como en esfuerzo. Incluso adolescentes sorprendidos por la dificultad expresaron su desconcierto ante la realidad de cuidar un perro.
La preparación, clave en la adopción responsable

Especialistas en comportamiento animal subrayan la importancia de prepararse para asegurar una relación satisfactoria entre perro y familia. Clive Wynne, director fundador del Canine Science Collaboratory en la Universidad Estatal de Arizona, explica que la verdadera satisfacción de convivir con un perro reside en su sociabilidad y la reciprocidad emocional, aunque recuerda que no todos los adoptantes logran los beneficios esperados.
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Wynne advierte que la salud mental no debe ser el único motor para adoptar. Rowena Packer, profesora en el Royal Veterinary College y autora principal del estudio, señala que la pandemia motivó a muchas personas, especialmente familias con niños, a buscar cachorros como apoyo emocional.
Por su parte, Katrina Holland, directora de investigación social de Dogs Trust, afirma que aunque un perro puede aportar felicidad, el cuidado de un cachorro suele resultar más complejo de lo anticipado, sobre todo para quienes debutan como dueños.
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La selección de la raza también es relevante, aunque los expertos insisten en que cada perro es único y presenta necesidades particulares. Wynne menciona que incluso perros genéticamente idénticos pueden desarrollar comportamientos muy distintos según sus experiencias previas, por lo que recomienda investigar tanto el origen del animal como la reputación de los adiestradores, sobre todo en lugares donde la regulación es limitada. Tener experiencia con una raza no garantiza un comportamiento similar; por eso, la observación y el conocimiento del carácter individual son esenciales.
Seguridad y convivencia con niños
La convivencia entre cachorros y niños exige atención especial. El estudio citado por National Geographic constató que muchas familias permiten interacciones que aumentan el riesgo de mordeduras, como los abrazos insistentes, la interrupción de las comidas o los juegos bruscos. Estas situaciones se intensificaron durante la pandemia, ya que los niños pasaban más tiempo en casa y, sin querer, traspasaban los límites de los cachorros.
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Packer sostiene que, aunque no se busca generar temor, es fundamental enseñar a los niños a interactuar de forma segura. Maria Kyle, directora de conocimientos aplicados en Dogs Trust, propone el “ABC para ser el mejor amigo de un perro”: demostrar afecto de manera que el animal comprenda, respetar su espacio y permitir que decida cómo quiere relacionarse. Asimismo, resalta la importancia de contar con supervisión adulta y de establecer límites claros para evitar incidentes.

Reparto de responsabilidades y efectos a largo plazo
La distribución de responsabilidades dentro del hogar resulta decisiva en la experiencia de adopción. Según el estudio, el 95% de los cuidadores principales eran mujeres, lo que en algunos casos generó tensiones y sensación de sobrecarga. Los testimonios recabados por National Geographic revelan que el estrés que implica cuidar de un perro puede afectar la paciencia y la dinámica familiar, especialmente cuando los compromisos asumidos por otros miembros no se cumplen.
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Wynne destaca que cualquiera que desee adoptar debe asegurarse de tener tiempo suficiente para atender al animal y recalca que un perro no es un objeto que pueda ignorarse sin consecuencias.
Las repercusiones de una gestión inadecuada durante la etapa de cachorro pueden mantenerse a lo largo de toda la vida del animal. Investigaciones citadas por National Geographic demuestran que perros expuestos a negligencia, maltrato o traumas tempranos son más proclives a desarrollar miedos, ansiedad y comportamientos problemáticos en la adultez.
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Un seguimiento a 4.500 perros durante casi 20 años corroboró que las adversidades iniciales aumentan la probabilidad de conductas temerosas o agresivas en el futuro. Por ese motivo, los expertos recomiendan evaluar si el horario y el estilo de vida familiar permiten otorgar al cachorro la atención necesaria para un desarrollo saludable.
La fase de preparación antes de la adopción emerge como un factor esencial para prevenir problemas futuros. Si bien los cachorros suelen atraer por su apariencia y vitalidad, Wynne sugiere considerar la adopción de perros adultos de refugio, sobre todo para quienes carecen de experiencia previa.
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El estudio de Packer establece que, pese a las dificultades, la mayoría de los dueños mantiene el compromiso con sus mascotas, aunque el 37% informó problemas de adaptación y alrededor del 30% consideró que varios aspectos de la tenencia resultaron peores de lo previsto. Packer afirma que el acceso a información y la preparación pueden evitar muchos de estos inconvenientes, aunque reconoce que el estudio no contó con un grupo de control previo a la pandemia, lo que limita la comparación de resultados.
A pesar de los desafíos, convivir con un perro puede generar vínculos profundos y duraderos. Testimonios recogidos por National Geographic reflejan que para numerosas personas, el perro se integra como un miembro más de la familia y brinda una relación única, capaz de aportar compañía y consuelo, más allá de las complicaciones iniciales.
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