Es cierto, como sostuvo últimamente el presidente Javier Milei, que dolarizar permitiría “exterminar” la inflación, problema que no lograron domar los gobiernos de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
Desde la crisis de 2001 hasta 2023 la inflación acumulada ha sido de 63.691% tomando de referencia también mediciones privadas durante la intervención del Indec. Sin ir más lejos, en diciembre último se registró un nuevo pico de 25,5% y la gestión de Miguel Ángel Pesce, como presidente del Banco Central, acumuló una inflación de 1.278% en los cuatro años del último gobierno.
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Es cierto, también, que otros países de América Latina lograron domar la inflación sin dolarizar. Perú, Colombia, Uruguay y Chile ofrecen ejemplos de procesos exitosos de desinflación.
Lamentablemente, estos modelos no son hoy una opción para la Argentina. ¿Por qué? Porque, con diferentes herramientas, los procesos de desinflación en la región tienen algunos elementos comunes que la Argentina no tiene: estabilidad de las instituciones económicas, independencia del Banco Central del gobierno de turno, credibilidad en la estabilidad del sistema financiero, y programas económicos que se mantuvieron más de un mandato presidencial.
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En la Argentina son constantes las variables contrarias: inflación creciente -hija de la emisión para financiar el déficit fiscal-, sumisión del Banco Central al Poder Ejecutivo Nacional de turno, debilidad de las instituciones económicas y volantazos en la política económica en cada cambio de gobierno.
Otro elemento que tuvieron estos países y que la Argentina ya no tiene es tiempo. Perú tardó siete años en bajar la inflación de 7.649% anual al 6,5% anual. Chile demoró seis años en bajar la inflación, del 32,4% anual en 1990 a 9,1% anual en 1996. Colombia tardó nueve años. Los modelos monetarios gradualistas tardan casi una década en bajar la inflación a un dígito anual.
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Eliminación de la volatilidad
¿Por qué dolarizar es una medida efectiva para bajar la inflación? Aunque es una medida subóptima, adoptar el dólar podría ayudar a estabilizar la economía argentina al eliminar la volatilidad asociada con su propia moneda, el peso. El dólar estadounidense generalmente es considerado una moneda más estable en términos de inflación y depreciación.
La dolarización le impondría un “chaleco de fuerza” a la política argentina, ya que terminaría con la opción de emitir para financiar el déficit fiscal. Sin embargo, tiene efectos colaterales, que van desde los costos de transición para la población y el sistema financiero a posibles costos de competitividad para las exportaciones. No es una medida mágica, pero es la opción más rápida para un paciente en estado crítico que no puede controlarse.
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¿Es cierto, como afirmó el presidente Milei que estamos “a muy poco de poder dolarizar”? Lo cierto es que hoy están dadas las condiciones para que en 6 a 10 meses la Argentina comience con ese proceso.
Los indicadores auspiciosos que acercan a la dolarización son la acumulación de reservas compradas en las últimas 30 rondas por el Banco Central; un 2024 con valores altos para los precios internacionales de las materias primas y un superávit comercial estimado para 2024 en USD 23.000 millones. Todos estos son dólares que pueden usarse para dolarizar, rescatando la base monetaria que se encuentra dolarizada a valores de USD 8.300 millones.
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Sin embargo, todavía falta y aunque existan economistas que prefieran el modelo peruano o uruguayo (bimonetario) para domar la inflación, hoy la dolarización es la carta más importante que tiene el Presidente de la Nación, quien sigue manteniendo la convicción de una dolarización de la economía “apenas se pueda rescatar la base”.
El camino es el correcto y las condiciones para dolarizar llegarán. El conjunto de medidas anunciadas por el Gobierno, y la convicción de equilibrio fiscal para 2024, seguirán consolidando las bases macro y microeconómicas para llevar adelante la medida monetaria más importante de la historia argentina.
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El autor es director de Romano Group y autor de Dolarizar. Un camino hacia la estabilidad económica
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