Agregar Infobae enGoogle

León XIV, un pastor para un pueblo que busca reencontrarse

La llegada del Sumo Pontífice puede convertirse en una oportunidad providencial para recuperar otra lógica

Imagen GOODGKDOAJA2VK7ASRIODIAWOE
Guardar

La visita apostólica de León XIV a la Argentina, Uruguay y Perú constituye un acontecimiento histórico. Su mayor riqueza estará en la oportunidad de renovar la fe, fortalecer la fraternidad y volver a descubrir que el encuentro sigue siendo el camino para construir un futuro compartido.

Hay acontecimientos que trascienden la agenda cotidiana y quedan grabados en la memoria de un pueblo. El anuncio oficial de la visita apostólica de León XIV a la Argentina pertenece a esa categoría. Después de tantos años, nuestro país volverá a recibir al sucesor de Pedro. Será un momento histórico para la Iglesia y también una ocasión significativa para toda la sociedad.

PUBLICIDAD

La visita, que incluirá además a Uruguay y Perú, tiene un carácter profundamente pastoral. Conviene decirlo desde el comienzo, porque allí reside su verdadero significado. El Papa no viene a participar de la discusión política ni a respaldar proyectos o sectores. Viene como pastor y a confirmar en la fe a los creyentes, a anunciar el Evangelio de Jesucristo y a recordar que la esperanza sigue siendo posible incluso en medio de las dificultades.

Su mensaje trasciende las fronteras de la comunidad católica y invita a toda persona de buena voluntad a mirar más alto. Su presencia invita a mirar más alto, a salir de las urgencias del día a día y a preguntarnos qué clase de sociedad queremos construir.

PUBLICIDAD

La Argentina necesita reencontrarse. No porque pensemos todos igual, sino porque hace demasiado tiempo que muchas de nuestras diferencias se transforman en enfrentamientos. Nos cuesta escucharnos y reconocer el valor de quien piensa distinto. Nos cuesta creer que el bien común puede ser más importante que los intereses particulares. Poco a poco, casi sin advertirlo, corremos el riesgo de acostumbrarnos a vivir divididos.

La llegada de León XIV puede convertirse en una oportunidad providencial para recuperar otra lógica. No la lógica de la confrontación, sino la del encuentro. No la de la imposición, sino la del diálogo. No la del descarte, sino la del reconocimiento de la dignidad de cada persona.

Desde el inicio de su pontificado, el Santo Padre ha insistido en una convicción tan sencilla como exigente: el futuro no se construye levantando nuevas torres donde cada uno busca afirmarse sobre los demás. El futuro nace cuando hombres y mujeres son capaces de unir sus manos para edificar juntos una casa donde todos tengan un lugar. Esa es la diferencia entre una sociedad fragmentada y una comunidad que vuelve a reconocerse como familia.

La llegada de León XIV puede convertirse en una oportunidad providencial para recuperar otra lógica
La llegada de León XIV puede convertirse en una oportunidad providencial para recuperar otra lógica

“El futuro nace cuando hombres y mujeres son capaces de unir sus manos para edificar juntos una casa donde todos tengan un lugar.” Será una ocasión para preguntarnos si estamos dispuestos a reconstruir la confianza, a sanar heridas, a abandonar prejuicios y a descubrir que nadie puede realizarse plenamente dejando a otros al margen.

El Papa nos recordará, con su palabra y con sus gestos, que una sociedad se vuelve verdaderamente grande cuando coloca en el centro a las personas que más necesitan ser miradas. Los pobres, los enfermos, los ancianos, los migrantes, quienes viven en la soledad, quienes esperan una oportunidad para empezar de nuevo.

Tal vez el mayor regalo de esta visita sea precisamente ese: despertar lo mejor que ya habita entre nosotros. La inmensa capacidad solidaria de los argentinos aparece siempre en los momentos más difíciles. La cercanía, la creatividad, el compromiso silencioso de tantos hombres y mujeres que sirven todos los días sin buscar reconocimiento son un patrimonio inmenso que merece ser fortalecido. El Papa viene a alentar esa esperanza, a recordarnos que el bien existe, que vale la pena cuidarlo y hacerlo crecer.

También será una invitación para la Iglesia. Confirmar la fe significa volver al centro del Evangelio, renovar el impulso misionero, salir al encuentro de quienes están lejos, acompañar a los que sufren y anunciar a Jesucristo con alegría y humildad. Una visita apostólica nunca termina cuando despega el avión papal. Sus frutos comienzan verdaderamente después, cuando cada comunidad decide traducir ese impulso en gestos concretos de servicio, de reconciliación y de misión.

Dentro de algunos meses recibiremos a León XIV. Lo haremos con la alegría de quien abre las puertas de su casa para recibir a un padre y a un pastor. Pero el verdadero desafío comenzará cuando concluya el viaje. Entonces quedará una pregunta para cada uno de nosotros: ¿habremos vivido este acontecimiento como un evento extraordinario o como una oportunidad para comenzar algo nuevo?

Ojalá podamos elegir lo segundo. Porque un pueblo no cambia solamente cuando cambian las circunstancias. Cambia cuando redescubre aquello que le permite volver a caminar unido. Y quizás ese sea el mayor regalo que León XIV viene a ofrecernos: la certeza de que siempre es posible reencontrarnos, reconstruir la confianza y volver a edificar, entre todos, una sociedad donde nadie quede afuera y donde el encuentro sea más fuerte que cualquier división.