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Hablar en público: por qué genera tanto temor y cómo superarlo

Saber transmitir conocimientos, presentar proyectos, liderar reuniones o representar a una organización puede abrir puertas profesionales y personales

Hombre con traje en escenario, sudoroso y asustado. Micrófono grande con dientes y ojos agresivos. Auditorio oscuro con muchas caras y ojos mirándolo fijamente.
Algunos síntomas de la glosofobia son aceleración cardíaca, transpiración, tartamudeo, rubor o la más evidente falta de palabras (Imagen ilustrativa Infobae)
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Pocas situaciones generan tanta tensión como tener que ponerse de pie frente a un grupo de personas para exponer una idea. No importa si se trata de una presentación laboral, una conferencia, una clase o unas pocas palabras en un evento. Para muchos, el solo hecho de imaginar ese momento alcanza para despertar ansiedad, inseguridad e incluso el deseo de evitarlo a cualquier costo.

A la vez, vivimos en una época en la que comunicar bien tiene cada vez más valor. Saber transmitir conocimientos, presentar proyectos, liderar reuniones o representar a una organización puede abrir puertas profesionales y personales.

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Un miedo mucho más frecuente de lo que parece

El temor a hablar en público tiene incluso un nombre: glosofobia. No se trata de un problema aislado, que le pasa a uno entre tantos, sino de una dificultad muy extendida que suele estar relacionada con distintos niveles de ansiedad.

Los síntomas son variados, pero los podemos resumir en aceleración cardíaca, transpiración, tartamudeo, rubor o la más evidente falta de palabras. Es habitual también que durante los días previos aparezcan problemas para dormir o pensamientos repetitivos sobre todo lo que podría salir mal.

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¿La consecuencia? Que muchas personas terminan rechazando oportunidades importantes. Evitan dar una conferencia, delegan una presentación en un compañero de trabajo o dejan pasar espacios para mostrar sus conocimientos. Con el tiempo, esa conducta puede limitar el crecimiento profesional, dificultar la posibilidad de vender una idea, liderar equipos o acceder a nuevos desafíos.

El fondo de la cuestión

Aunque el foco suele ponerse en los síntomas, muchas veces el verdadero problema está en la historia personal de cada individuo. El miedo rara vez aparece de la nada, sino que se construye a partir de experiencias que dejaron una huella emocional y que, aunque hayan ocurrido hace años, continúan condicionando en la actualidad.

En muchos casos aparecen antecedentes de burlas, humillaciones o situaciones de bullying. Son experiencias que el cerebro registró como amenazantes y que luego pueden reactivarse cada vez que la persona vuelve a sentirse expuesta frente a otros.

Es por ello que el primer paso consiste en identificar ese origen y comprender que las circunstancias actuales ya no son las mismas que dieron lugar a ese aprendizaje emocional.

Desde la Terapia Transformacional Rápida (RTT, por sus siglas en inglés) se busca acceder al subconsciente mediante diferentes técnicas, entre ellas la hipnosis, para identificar la llamada “causa raíz” o “momento cero”: la experiencia que originó esa respuesta emocional que hoy sigue apareciendo.

Una vez identificada, el trabajo apunta a modificar las creencias asociadas a esa vivencia y generar nuevas asociaciones mentales más saludables. La escucha diaria de audios de reprogramación forma parte del proceso porque la mente incorpora con mayor facilidad aquello que escucha de manera reiterada y termina aceptando esas nuevas creencias como propias.

Además del trabajo terapéutico, existen estrategias prácticas que ayudan a disminuir la sensación de amenaza. Familiarizarse con el lugar donde será la presentación, probar previamente el micrófono, elegir una vestimenta con la que uno se sienta poderoso, ensayar varias veces y comenzar por audiencias pequeñas son recursos que permiten ganar confianza de forma gradual.

Lo cierto es que la capacidad de comunicar con claridad representa hoy una herramienta diferencial en prácticamente cualquier profesión o situación de la vida. Y aunque muchas personas crean que nunca podrán desenvolverse con naturalidad frente a un auditorio, el miedo a hablar en público no tiene por qué convertirse en algo permanente. Al comprender su origen, trabajar sobre él y aplicar técnicas de repetición para que la mente se reprograme, es posible transformar esta situación tan temida en una oportunidad de crecimiento personal y profesional.