
Transparencia Internacional (TI) define corrupción como abuso del funcionario para extraer ganancias personales, lo cual empeora las alternativas productivas de la población.
TI confecciona indicadores de 180 países, según nutridas y amplias fuentes de datos. Por separado y con bases totalmente diferentes, FMI WEO calcula el PBI por habitante de 190 países. De la relación de ambas estadísticas surge como sintomático que a medida que los países se hacen más justos -menos corruptos- consiguen ingresos promedio por habitante superiores. Esta información afianza el contenido de estas columnas en Infobae y el desarrollo de mis libros.
Las reglas parejas y estables favorecen el desarrollo de las transacciones que mejor atienden las necesidades individuales. Satisfaciendo más acabadamente a otros, se consigue satisfacer mejor a todos. De modo contrario, los gobernantes corruptos ocultan datos, hacen violaciones y aprietes.
Donde prevalece la corrupción, el juego es otro: estatizar, incentivar trabas, impedir empresas eficaces, conseguir negocios mejores para los abusadores del poder. En tanto la Justicia de reglas parejas para toda la sociedad potencia el valor de los intercambios. A medida que se expande la corrupción se apagan los negocios favorables al conjunto y crece la pobreza.
Para San Agustín, el Estado se diferencia de una banda de ladrones por el sentido de la Justicia y del Derecho. La mentira daña. Para Hannnah Arendt: “La política desligada de la verdad corrompe y convierte el Estado en destructor del derecho”. Los engaños del Estado corrompen las instituciones.
La peor cárcel es la prohibición de intercambiar, el castigo en las prisiones. Sin intercambios, cada uno de los humanos empobrecería, sin remedio, pues se puede superar el peor de los conflictos, las carencias personales, en tanto se facilita el comercio, valorizando las diferentes habilidades y conocimientos.
El recurso decisivo de los países no está en la naturaleza, si no en contratar negocios coordinados, intercambios coherentes con los costos de oportunidad.

Los gobiernos se distinguen por el grado de reconocimiento de la libertad contractual, o autonomía de la voluntad de las personas. Van conformando entramados de libertades y prohibiciones a la actuación de las partes, mediante leyes, regulaciones, disposiciones, restricciones, que van derivando en grados de corrupción. Esto es, políticas y praxis gubernamentales singulares.
Dos discursos oportunos
El 26 de agosto último, en la reunión anual de Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal de los EEUU, Jerome Powell, dijo: “La estabilidad de precios es la responsabilidad de la Fed y sirve de basamento de la economía. Sin estabilidad de precios, la economía no sirve a la mayoría. La elevada inflación golpea más fuerte a los menos capaces de soportarla. Restaurar la estabilidad de precios llevará tiempo y el uso de herramientas para balancear las actividades Los bancos centrales son responsables de una inflación baja y estable”.
El precio mide el valor en las transacciones y se corrompe con el abuso de emisión, como la corrupción -el abuso de poder- golpea y entorpece las actividades. Precios y reglas justas son parámetros que condicionan los PBI.

Al cerrar el ciclo Diálogos para la Argentina, que organizó el Colegio de Abogados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, exhortó “atarse al mástil” de la Constitución Nacional para no dejarse llevar por “los cantos de sirenas”.
Y agregó: “No se puede construir una economía seria sin la vigencia de la división de poderes, la independencia del poder judicial, la libertad de expresión, la transparencia de los actos de Gobierno, la responsabilidad de los funcionarios públicos. La seguridad jurídica es un requisito para el progreso económico”.
Rosatti aseguró que la Constitución es la carta de navegación para el desarrollo, que pone reglas para lo que se debe hacer. Habla del respeto a la propiedad privada (artículo 17), a la iniciativa privada (artículo 19) y la competencia.
Sostuvo el magistrado que la Constitución defiende el valor de la moneda y por ello advierte sobre la “emisión irresponsable” que termina depreciando su valor. “Primero es la institucionalidad, reglas claras, seguridad jurídica y sobre esa base edificar el progreso y el desarrollo humano”.
La población argentina se ha ido empobreciendo a la par del aumento de la corrupción y el escamoteo de fondos e incentivos. Los dirigentes no pueden sentirse a salvo de las sentencias y opiniones críticas mayoritarias.
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