(Foto: Greenpeace)
(Foto: Greenpeace)

Desde 1974, el Día Mundial del Ambiente se celebra cada 5 de junio para visibilizar las problemáticas que enfrenta el planeta. Pese a que su objetivo es la toma de conciencia, desde 1974 hasta ahora hemos abusado más que nunca del uso de combustibles fósiles, deforestado pulmones verdes que absorben el agua de las lluvias, destruido el hábitat de cientos de animales, contaminado los océanos y colaborado más que ninguna otra especie en la emisión de gases de efecto invernadero en el afán de producir más pero no mejor.

Necesitamos que el objetivo del Día del Ambiente sea exigir acciones concretas y urgentes a todos los gobiernos para cuidar verdaderamente el planeta en donde vivimos. Ya no alcanza con ser conscientes de aquello que estamos haciendo mal. Los datos hablan por sí solos: los últimos cuatro años fueron los más calurosos debido al calentamiento global; Argentina se encuentra en el puesto 28 de los países que más contaminan sus mares con plásticos; las sequías y las inundaciones aumentan su frecuencia según se avanza con la destrucción de los bosques, lo que potencia el calentamiento global y provoca pérdidas económicas, riesgos sanitarios, problemas sociales y graves impactos ambientales.

Según FAO, entre 1990 y 2015 Argentina fue uno de los diez países que más deforestó en el mundo: 7,6 millones de hectáreas, el tamaño de la provincia de Entre Ríos; y más de 500 especies están en peligro de extinción en el país, entre ellas, como consecuencia justamente de la deforestación, el yaguareté, el tatú carreta y el oso hormiguero.

El último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), máxima autoridad científica en materia climática, demostró que es posible mantener el aumento de la temperatura global por debajo del umbral de 1,5°C en relación con la era preindustrial, la meta acordada en el Acuerdo Climático de París. Para lograrlo, estamos obligados a reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, y para 2050 deben llegar a cero. Acelerar la transición hacia energías limpias y renovables es más urgente que nunca. Deforestar nuestros bosques, y abrir más reservas de petróleo, gas y carbón es condenar al mundo a impactos climáticos devastadores.

El cambio climático ya no es una amenaza lejana. La situación es alarmante y la pasividad de los líderes no ayuda, pero, a pesar de este escenario poco esperanzador, nos encontramos con acciones que nos sorprenden: vemos cómo las nuevas generaciones se están encargando de generar conciencia, con la activista sueca Greta Thunberg como referente de un movimiento de jóvenes a nivel global.

Los movimientos de estudiantes en todo el globo nos dicen que se puede lograr. Salen a la calle a pedir por su futuro: el pasado 24 de mayo se realizaron protestas en todo el mundo, incluida Argentina, donde la manifestación tuvo lugar frente al Congreso para llamar la atención de quienes legislan y exigir la declaración de la emergencia climática. Si la salud del planeta y de todas las especies que lo habitamos no es urgente, ¿qué lo es?

Apostamos a que, en algunos años, con medidas efectivas y concretas a favor de la vida en el planeta, el objetivo del Día del Ambiente no sea la toma de conciencia del daño ambiental, sino una conmemoración del desastre que fuimos capaces de evitar. El primer paso para que ese futuro sea real es no ser indiferentes. Junto con el impulso de las nuevas generaciones, podemos ser quienes no le dieron la espalda al planeta.

La autora es directora de Greenpeace Argentina, Chile y Colombia.