
Brasil puede ser la salvación para las exportaciones argentinas. Si bien en los últimos años ninguno de los dos países se dio la importancia que tiene dentro del acuerdo del Mercosur, lo cierto es que Brasil puede ayudar, y mucho.
El último informe Focus, emitido por el Banco Central de Brasil, se proyectan para este año 2018, para ese país, los siguientes indicadores:
– Crecimiento del PBI: 1,44%
– Tasa de inflación anual: 4,14%
– Tasa de interés anual de referencia: 6,5%
Como se puede observar, la macroeconomía del vecino está en mejor estado de salud que la local. Cuando ingresamos un poco más en el análisis, notamos que la solidez de sus números nos permiten suponer no sólo que no sufrirá temblores, sino que además su mejora coyuntural puede contribuir a que se pueda exportar a Brasil tanto excedentes de producción como también producción genuina que nuestro mercado interno no consumirá.
El Banco Central de Brasil tiene USD 382.000 millones de reservas internacionales, reservas que crecieron exponencialmente luego que expresidente Lula Da Silva asumió su primer mandato. En el momento de su llegada al poder, cuando finalizó el segundo período de Fernando Henrique Cardoso, las reservas disponibles en el Banco Central, sumaban apenas USD 17.000 millones.
Lula aprovechó el viento de cola del demandante mercado internacional y con commodities en valores altísimos en dólares –y en lugar de intentar colocar retenciones a las exportaciones– fomentó la industria exportadora, amplió los créditos del BNDES para contratación de empleo y multiplicó por cuatro las exportaciones: de USD 55.000 millones a USD 200.000 millones durante los dos gobiernos del hoy ex presidente preso.
No es un dato menor observar que en el momento de la elección que convirtió a Lula en presidente, el valor nominal del dólar era de R$ 3,96. En agosto del 2008, en el momento previo a la crisis subprime, llegó a R$ 1,54.

A pesa de la importante valorización del real (desvalorización del peso), las exportaciones brasileñas crecieron porque la estrategia de Lula era que la industria brasileña aproveche el dólar barato para comprar tecnología y mejorar su productividad.
El resultado se observa hasta ahora: Brasil cerró 2017 con USD 67.000 millones de superávit comercial y USD 75.000 millones de inversiones extranjeras directas (IED), inversiones productivas que agregan valor y sobre todo generan empleo. Se trata de USD 142.000 millones de oferta de dólares.
Si bien desde 2014, Brasil arrastra déficit fiscal y aumentó la relación de PBI-deuda pública, los números de la deuda externa comparada con la cantidad de reservas internacionales, son positivos. Tiene USD 382.000 millones en las arcas del Banco Central y la deuda externa es de USD 317.000 millones (entre pública y privada).
Observando lo negativo de tener que financiar la diferencia entre lo que el gobierno recauda y lo que gasta, el Congreso Nacional aprobó recientemente la reforma constitucional que congela el gasto público y ratificó la ley de responsabilidad fiscal promulgada por Cardoso.
El objetivo es alcanzar el superávit fiscal nuevamente en el año 2021.
Al no tener que hacer un ajuste tan drástico, Brasil consigue continuar con la inversión en obras de infraestructura que permite, a su vez, que la competitividad de su industria mejore.
¿Dónde entra Argentina ?
En 2000, de todo lo que Brasil le compraba al mundo, el 12,25% se lo compraba a Argentina. Dieciocho años después, ese porcentaje bajó a menos de la mitad: hoy somos el 6,09% de todo lo que Brasil importa.
Esto no se debe a una reducción de la demanda, al contrario: Brasil triplicó sus importaciones. El problema fue nuestro. Los productos locales perdieron productividad y, entre acciones del gobierno de Cristina Fernández y la poca creatividad de quienes conducían el comercio exterior de nuestro país, exportar se convirtió en una actividad poco rentable.

Al final de gobierno CFK había cepo cambiario, las empresas tenían que cerrar cambio por sus exportaciones en 30 días y era imposible que las empresas argentinas abrieran canales de distribución para sus propios productos por la falta de dólares. Así, muchas empresas abandonaron el mercado brasileño.
Para cerrar el nefasto ciclo, el efecto de un atraso cambiario generó que exportar no sea interesante y con un mercado doméstico en movimiento las empresas ganaban más vendiendo internamente que exportando, incluso a Brasil.
De las empresas registradas en Argentina (unas 850.000), sólo 2.610 exportan a Brasil (según Claves), y la mayor parte del flujo comercial es de grandes empresas que se exportan a sí mismas a sus sedes en territorio brasileño.
Los números de la balanza comercial muestran que el 20% (y este porcentaje podría ser menor), exportan el 80% del valor exportado.
Hay mercado para las Pymes
La desvalorización del peso argentino desde el 1 de enero de 2018 supera el 100% ($38 contra $18,43 del 31 de diciembre de 2017). La desvalorización del real, en el mismo periodo, es del 22% (R$ 4,11 contra R$ 3,35).
La desvalorización del real claramente encarece la importación de productos pero no obstante eso, en el primer semestre del año, Brasil aumento sus importaciones en un 17,19%. Por el lado de nuestra oferta, la desvalorización del peso, le garantiza al producto argentino una mejora de por lo menos entre el 15 y el 20%.
Brasil continuará comprando productos y es responsabilidad estrictamente del exportador argentino salir a ofrecer sus productos.
Es fundamental que el Gobierno Argentino coloque el objetivo prioritario de exportar a Brasil como una opción para aumentar las exportaciones, fomentar la industria local y sobre todo garantizar el empleo de nuestros ciudadanos.
No es un camino fácil ni rápido, pero es posible pensar en aprovechar un 2019 en el que Brasil tendrá renovadas energías con un nuevo gobierno, para desarrollar más Pymes exportadoras que miren al gran vecino como una posibilidad de crecimiento, a pesar de las dificultades internas.
Es posible también que trabajemos en conjunto, lo público y lo privado, en beneficio de todos. Del 9 al 14 de setiembre, la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, junto con la embajada local en Brasilia, a cargo del embajador Carlos Magariños, llevará a cabo una misión comercial. Se visitarán las ciudades de Belo Horizonte, Salvador y Recife y se tocarán temas como capacitación de los participantes para negociar con las empresas brasileñas, funcionamiento de los tributos, formas de pago y legislación, entre otros temas.
Es posible aumentar las exportaciones de nuestras Pymes a Brasil. Depende del trabajo de todos. De empujar para un mismo objetivo.
*Gustavo Segré es socio de Center Group
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