Mi reunión con Bill Gates hace 20 años

Orlando Salvestrini

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Fines de febrero de 1998, un llamado telefónico desde las oficinas de Microsoft en Buenos Aires nos adelantaba que recibiría una invitación a comer con Bill Gates y que dicha comida tendría lugar el 29 de marzo, en la ciudad de Boca Ratón, Florida, en el Hotel Boca Raton Resort & Club.

El encuentro se realizaría durante la Convención Anual de Microsoft, donde la compañía anuncia nuevos productos y alianzas comerciales. La comida a la cual me invitaban se desarrollaría en el restaurant Nick's, en el salón privado llamado Wine Rack y concurrirían un referente de IT por Argentina, Venezuela y México. Por Venezuela participaría el CIO de PDVSA; por México, el CIO de la empresa de electricidad; y yo por Argentina, como CEO y presidente de Itron.

Esa noche éramos cinco personas, nosotros tres, el responsable de Latam de Microsoft y Bill Gates. El menú fue austero, con aguas minerales y vino. Habíamos recibido sugerencia de vestir elegante pero informal y de no guardarnos ninguna pregunta.

La comida se desarrolló dentro de un clima muy cálido, sin silencios. Por el contrario, aquello era una catarata de preguntas y respuestas. Nadie perdería la oportunidad de escuchar a Bill Gates.

Nunca tuvimos la impresión de estar comiendo con una de las personas más ricas e influyentes del mundo. Su sencillez, su humildad y su capacidad de escuchar atentamente cada pregunta y comentario hicieron de la velada un momento muy agradable.

El objetivo de la reunión era analizar la situación de la informática en Latinoamérica en 1998 y cómo se veía el futuro. Por supuesto que Bill Gates comentó sus ideas de cómo veía el desarrollo de nuestro continente y su relación con la informática (palabra de moda hace 20 años), que fueron escuchadas con la debida atención.

Mis anotaciones de esa noche reflejan lo siguiente: "El grado de avance de un país se medirá por la posibilidad que tengan sus habitantes de acceder a la información"; ya se pensaba en el concepto de socialización del conocimiento. Alguien comentó que ese era el aspecto positivo, pero que había uno que era negativo, la socialización de la información en general: se conocerían situaciones y productos inalcanzables para muchos habitantes de Latinoamérica. Crear desesperanza en gran parte de la población no era un efecto deseado de la explosión informática.

"América Latina necesitaría 12 mil millones de dólares (de 1998) para mejorar la infraestructura en telecomunicaciones y poder igualarse con los niveles tecnológicos de otras regiones". Esta era una estimación del BID a la cual Bill Gates agregó que faltaba la inversión en educación en Information Technology.

"En Latinoamérica se analizan inversiones en átomos (autopistas y puentes) y no en bits". En ese momento, en la Argentina se discutía un plan de construcción de 10 mil kilómetros de autopistas, mientras que en otras regiones del mundo se invertía en autopistas de información.

"Brasil, México y Argentina deben liderar la revolución de la información y el acceso a esta de la mayor cantidad posible de su población". Pasaron 20 años y la película nos muestra que la región no pudo o no supo acomodarse a los conceptos vertidos esa noche. Gobiernos de centroizquierda debieron concentrarse en combatir las desigualdades socioeconómicas, sacar de la pobreza a gran cantidad de la población. Además, las necesidades de vivienda y alimentación, así como de inversión en infraestructura primaria (cloacas, agua, etcétera), postergaron las inversiones en bits. Algo se ha hecho pero no lo suficiente.

Hoy, en 2018, en la región parecen retomarse algunos de los conceptos vertidos esa noche, esperemos que los próximos años sean de recuperación del tiempo perdido.

El autor es contador público UBA, Stanford University (Finanzas), Palo Alto, New York University (Management). IMD (PED) Suiza. Miembro de la Comisión Directiva de Boca Juniors y de Conmebol.