La CEPAL identifica nuevos riesgos para las cadenas de suministro en América Latina

Un informe del organismo analiza cómo la continuidad del conflicto en Medio Oriente expone a la región a impactos indirectos sobre la logística, el comercio y el abastecimiento

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La CEPAL considera que la prolongación del conflicto vuelve a poner en evidencia la necesidad de fortalecer la resiliencia logística y reducir la dependencia de corredores estratégicos (Imagen: Shutterstock)
La CEPAL considera que la prolongación del conflicto vuelve a poner en evidencia la necesidad de fortalecer la resiliencia logística y reducir la dependencia de corredores estratégicos (Imagen: Shutterstock)

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó un nuevo informe en el que actualiza su evaluación sobre las consecuencias que el conflicto en Medio Oriente continúa generando para la economía mundial y las cadenas de suministro.

Aunque la región mantiene una relación comercial relativamente limitada con los países involucrados, el organismo advierte que sigue expuesta a los efectos indirectos derivados de las interrupciones en el transporte marítimo, el aumento de los costos logísticos y la volatilidad de los mercados internacionales.

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El documento sostiene que los principales impactos para América Latina no provienen del comercio directo con la región del Golfo, sino de la fuerte integración de las cadenas globales de abastecimiento. En ese contexto, la CEPAL considera que la prolongación del conflicto vuelve a poner en evidencia la necesidad de fortalecer la resiliencia logística y reducir la dependencia de corredores estratégicos cuya interrupción puede afectar a industrias de todo el mundo.

Un corredor clave para el comercio mundial

Como parte de su análisis, la CEPAL recuerda la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de paso del comercio marítimo mundial. Según el informe, por esa vía transita alrededor del 34% del petróleo crudo, el 29% del gas licuado de petróleo (GLP), el 19% del gas natural licuado (GNL), el 19% de los combustibles refinados, el 50% del azufre transportado por vía marítima y el 13% de los productos químicos, entre ellos insumos esenciales para la fabricación de fertilizantes.

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El organismo explica que la relevancia de este corredor excede ampliamente a los países de la región. Una eventual alteración prolongada de esos flujos puede repercutir sobre la disponibilidad de materias primas estratégicas, modificar los costos del transporte marítimo e impactar sobre múltiples cadenas industriales distribuidas en distintos continentes.

El Global Supply Chain Pressure Index, indicador que mide las tensiones en las cadenas de suministro internacionales, alcanzó en abril de 2026 su nivel más elevado desde mediados de 2022 (Foto: Shutterstock)
El Global Supply Chain Pressure Index, indicador que mide las tensiones en las cadenas de suministro internacionales, alcanzó en abril de 2026 su nivel más elevado desde mediados de 2022 (Foto: Shutterstock)

Más costos y mayores tiempos para la logística internacional

La CEPAL señala que uno de los principales efectos observados durante los últimos meses ha sido la necesidad de reorganizar parte de las rutas marítimas internacionales. En varios casos, los buques optaron por rodear el continente africano a través del Cabo de Buena Esperanza, una alternativa que puede agregar hasta dos semanas al tránsito entre Asia y el norte de Europa respecto del recorrido habitual por el Canal de Suez.

Estos desvíos implican un mayor consumo de combustible, incrementan los costos operativos, elevan las primas de los seguros marítimos y reducen la disponibilidad efectiva de buques, presionando sobre la capacidad logística global. El informe también recuerda que las tarifas de transporte en algunos corredores llegaron a aumentar desde alrededor de 2.500 dólares hasta cerca de 3.000 dólares por contenedor FEU, antes de moderarse parcialmente.

Como reflejo de este escenario, el Global Supply Chain Pressure Index, indicador que mide las tensiones en las cadenas de suministro internacionales, alcanzó en abril de 2026 su nivel más elevado desde mediados de 2022, mostrando que las presiones logísticas continúan por encima de los niveles observados durante los últimos años.

América Latina enfrenta impactos indirectos

La CEPAL aclara que el comercio directo entre América Latina y los países del Golfo representa una proporción reducida del intercambio regional. Las exportaciones hacia esa región equivalen a aproximadamente el 1,4% del total latinoamericano, mientras que las importaciones representan alrededor del 0,7%. Sin embargo, el organismo advierte que esa baja participación no elimina la vulnerabilidad frente a las alteraciones del comercio mundial.

El informe identifica riesgos especialmente relevantes para sectores que dependen de fertilizantes, productos químicos y otros insumos estratégicos. En el caso de Brasil, por ejemplo, cerca del 85% de los fertilizantes utilizados por su agricultura son importados, mientras que Paraguay registra un déficit comercial en este rubro equivalente a alrededor del 1,5% de su Producto Interno Bruto (PIB).

Al mismo tiempo, la CEPAL destaca que la matriz energética regional ofrece cierto margen de protección frente a eventuales aumentos en los precios internacionales de la energía. Más del 64% de la generación eléctrica de América Latina y el Caribe proviene de fuentes renovables, una participación significativamente superior al promedio mundial.

El desafío sigue siendo construir cadenas más resilientes

Más allá de la evolución del conflicto, la CEPAL concluye que los últimos años dejaron una enseñanza común para la logística internacional. Tanto la pandemia de COVID-19 como la guerra entre Rusia y Ucrania y las actuales tensiones en Medio Oriente demostraron que las cadenas de suministro siguen siendo altamente sensibles a las interrupciones en unos pocos corredores estratégicos del comercio mundial.

Frente a ese escenario, el organismo sostiene que América Latina deberá seguir avanzando en estrategias orientadas a fortalecer la resiliencia, diversificar proveedores, mejorar la planificación logística y reducir la exposición a disrupciones externas. Para la CEPAL, más que un episodio aislado, el conflicto constituye un nuevo recordatorio de que la competitividad regional dependerá cada vez más de la capacidad para adaptarse a un entorno internacional marcado por mayores riesgos e incertidumbre.

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