“Una compulsión que no puedo controlar”: la estudiante que fue a conocer a los gemelos de su mejor amiga y terminó en prisión

Nicole Virzi tenía 29 años y cursaba quinto año de doctorado en psicología clínica en la Universidad de San Diego, en California, cuando coordinó un viaje hacia Pittsburgh para visitar a su amiga Savannah Roberts, flamante madre de Ari y León. Todo lo que sucedió después catastrófico. La trama de un caso que aún no se resolvió y que un tribunal de justicia debería dictaminar el próximo primero de octubre de 2026

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Nicole Virzi
Nicole Virzi viajó a Pittsburgh en junio de 2024 para visitar a Savannah Roberts, Ethan Katz y sus gemelos de seis semanas

Nuestra mejor amiga, muchas veces, es más que una hermana. Es esa persona a la que te animás a llamar a cualquier hora, es quien te aconseja sin envidias, te conoce mejor que nadie y te escucha con paciencia. O, al menos, eso es lo que la mayoría de nosotros deposita en esa relación íntima, cercana.

Nicole y Savannah eran mejores amigas. Dos típicas estudiantes norteamericanas, llegando a los 30 años y enfocadas en el estudio y el progreso. Compartían sus vidas y el mundo universitario de la psicología clínica: ambas querían profundizar en los vericuetos de la salud mental vinculada a la imagen corporal, a los desórdenes alimenticios y a los traumas.

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En su relación no había ningún condimento que denotara alarma. O que pudiera resultar relevante para escribir una nota policial como la que contaremos hoy.

Así fue hasta la noche del sábado 15 de junio de 2024.

Nace una amistad

Nicole Virzi es hija del prestigioso cardiólogo neoyorquino Peter J. Virzi. Su padre, como intervencionista cardiovascular, se desempeñaba en el célebre Centro Mount Sinai, en la calle 34 del Midtown, y, también, en el Mount Sinai Hospital del Upper East, en Manhattan. Era de los mejores en el corazón del mundo. Virzi era, además, profesor en la Icahn School of Medicine con estudios realizados no solo en los Estados Unidos sino, también, en Israel y en México. Con estos antecedentes de su progenitor, Nicole tenía el mundo de la medicina a sus pies cuando, de una manera tan imprevista como macabra, su trayectoria se desvió 180 grados.

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Todo ocurrió cuando Nicole tenía 29 años y estaba terminando su quinto año de doctorado en psicología clínica en la Universidad de San Diego, en California, donde vivía. Savannah Roberts, también era estudiante de un doctorado, pero en la Universidad de Pittsburgh, en el estado de Pensilvania. Se conocieron por sus carreras: se movían dentro de los mismos ámbitos académicos. Enseguida se hicieron grandes amigas. Inseparables. Savannah admiraba la capacidad intelectual de Nicole y lo dejaba por escrito en las redes sociales. En mayo de 2021 le tipeó esta frase: “Vas a hacer un trabajo impresionante. No puedo esperar para escuchar tu experiencia” y, en enero de 2022, volvió sobre el tema diciendo: “Increíble trabajo”.

Nicole Virzi
Nicole Virzi y Savannah Roberts eran amigas y estudiantes de doctorado en psicología clínica antes del crimen en Pittsburgh

Una visita tan esperada

Para Savannah la vida profesional de Nicole prometía mucho. Mientras se esforzaba con el estudio, seguía de novia con Ethan Katz. En 2023 se casaron y quedó embarazada. En mayo de 2024 tuvieron gemelos: Ari y León. Para Savannah estudiar y, al mismo tiempo, cuidar a dos bebés recién nacidos iba a ser una tarea desafiante.

Nicole moría por conocer a los bebés de su amiga. El fin de semana del Día del Padre en los Estados Unidos caía el domingo 16 de junio de 2024 y el miércoles 19 era feriado nacional por Juneteenth, se conmemora el fin de la esclavitud. Eso podría convertirlo en un fin de semana extra largo. Decidió que era el momento ideal para viajar a Pittsburgh donde vivía Savannah con su marido y sus hijos que ya habían cumplido las seis semanas de vida. Reservó un departamento por Airbnb, sobre la calle South Graham, a pocas cuadras de la casa de sus amigos que vivían en la calle Walnut al 6000, en el barrio Shadyside. Festejarían por partida triple: además de ser el día del padre, también era el aniversario de la pareja y el cumpleaños de Ethan. El matrimonio estaba feliz con la visita de Nicole. ¿Cómo alguien podía pensar que esos cinco días podrían convertirse en la peor pesadilla?

Si bien Nicole no estaba quedándose con ellos se puso a disposición para ayudarlos con la tarea de cuidar a los gemelos desde el primer día de su estadía en Pensilvania, el viernes 14 de junio.

El sábado 15 de junio de 2024 por la tarde se dispuso a cuidar a los pequeños mientras Savannah dormía una siesta. Al cambiar a Ari notó que había sangre en su pañal. Miró mejor y vio un rasguño profundo en los genitales y tenía el pene rojo e inflamado. Le sacó una foto, lo terminó de vestir y se la mandó a Ethan. Luego le avisó también a su amiga. Savannah y Ethan quedaron sorprendidos. Se preguntaban si se lo podría haber hecho él mismo con sus uñas. Era raro. Decidieron que era mejor llevarlo al hospital para que lo viera un pediatra. Le pidieron a Nicole que se quedara cuidando a León mientras ellos iban al hospital. A las 18.30 subieron a su auto y partieron.

Nicole Virzi
Nicole Virzi es hija del prestigioso cardiólogo neoyorquino Peter J. Virzi. Su padre, como intervencionista cardiovascular, se desempeñaba en el célebre Centro Mount Sinai

La llamada desoladora

A las 23.17 horas entró una llamada al 911 de emergencias de Pittsburgh. Era una mujer diciendo que el bebé que cuidaba de sus amigos había caído accidentalmente de la cuna portátil, que tenía un hematoma del lado izquierdo de su cabeza y presentaba dificultades para respirar. La que llamaba era Nicole Virzi. Luego se comunicó con Savannah para informarle del terrible suceso.

Los paramédicos llegaron al departamento de ladrillo a vista de los Katz en cuestión de minutos. Nicole les contó que había comenzado a cuidar al bebé a las 18.30; que le había dado de tomar una mamadera y cambiado su pañal en dos oportunidades. Después, había dormido un rato y, cuando despertó, había ido a la cocina para preparar una nueva mamadera para León. Estando allí fue que lo escuchó llorar. Acudió a ver qué le pasaba y lo halló en el piso. Al levantarlo, observó lo que describió como “un gran hematoma en el lado izquierdo de su cabeza”.

Los emergentólogos trasladaron de urgencia al menor al mismo hospital donde estaban sus padres con su hermano, el UPMC Children ‘s Hospital de Pittsburgh. Al llegar le hicieron un escaneo donde descubrieron una fractura de cráneo del lado izquierdo y varios sangrados cerebrales más. Estaba en estado gravísimo. Los médicos no podían creer la seriedad de sus lesiones ya que el lugar desde donde había caído estaba a 46 centímetros del suelo en su altura máxima.

No pudieron hacer mucho, todo empeoró con rapidez y León a las 5.47 de la madrugada del domingo 16 falleció. Ese día se festejaba en los Estados Unidos el Día del Padre.

Ethan y Savannah estaban en completo shock.

Los médicos de guardia que habían atendido a Ari informaron a los otros profesionales, los que se habían ocupado de León en terapia intensiva, que su paciente presentaba pequeños arañazos a los dos lados de la cara, dos hematomas debajo del ombligo, zonas enrojecidas y rasguños en sus genitales. Los alertaron: no creían que fueran heridas accidentales o autoinfligidas, estaban convencidos de que eran lesiones hablaban de abuso. Alertaron de inmediato a la policía.

Nicole Virzi
León murió el 16 de junio de 2024 y los médicos advirtieron que sus lesiones y las de Ari no eran compatibles con un accidente

Confieso que he matado

Los detectives sabían que ningún pediatra creía que esas lesiones en Ari y la muerte de León fueran una casualidad fatal. Los pequeños cuerpos contaban otra historia: abuso, tortura y golpes salvajes.

A las seis de la mañana se presentaron en el departamento que alquilaba Nicole y tocaron el timbre. La llevaron hasta la central de policía para que prestara declaración.

Fue interrogada durante casi trece horas. La grabación policial dio comienzo a las 6.21 horas. Le leyeron sus derechos, no fue esposada y el interrogatorio sucedió con la puerta abierta.

Al comienzo, ella negó haber hecho algo contra los bebés.

A las 8.30 los mismos detectives fueron más lejos y presionaron. Le dijeron que habían cámaras en la casa de los Katz y le preguntaron: “¿Qué crees que vamos a ver en las imágenes, Nicole? ¿Qué hay en ellas?”. La táctica funcionó. Nicole pidió un abogado y dejó de responder. No era tonta, se asustó y cerró la boca.

En las horas siguientes le llevaron agua, café, pretzels y una barra de cereal proteica. A las 15 horas llegaron sus padres. Estuvo con ellos 45 minutos. La abrazaron y conversaron a solas en la misma sala de interrogatorios. Las cámaras del lugar funcionaban y grabaron el encuentro. También arribó su abogado y estuvo con ellos.

Nicole no había dormido mucho la noche anterior, pero se la veía bien. No lloraba. Su madre en un momento le dijo: “Te quiero. Acá estamos por vos”. Su padre le aseguró que habían contratado un buen abogado y le dijo que confiaban que “sobrellevaremos esto como una familia”.

Cuando se fueron, Nicole quedó sola. A las 18.15 pidió ir al baño. Tres minutos después, solicitó hablar nuevamente con la detective que lideraba la investigación, Janini Triolo. La agente fue con el detective Chris Kertis. Se le comunicó a la detenida que tenía el derecho a mantenerse en silencio, pero Nicole insistió que necesitaba hablar.

El contenido de esta primera declaración trascendió a los medios recién en noviembre del 2025 y estas son las afirmaciones que voluntariamente hizo y fueron grabadas.

“Ummm, bueno les voy a decir la verdad. La verdad es que yo no quería que él muriera (...) algo me pasó que no pude controlar, se los estoy diciendo porque no puedo seguir mintiendo (...) No quiero lastimar a nadie más (...) siento que lo mejor sería que yo desapareciera o algo peor”. Continuó: “Cuando me quedé sola con León, lo sacudí fuerte un par de veces. También lo arrojé otras tantas veces al piso con mucha fuerza, hasta que en un momento sentí un crujido. No quería que muriera… Ese no era mi objetivo. Solo buscaba que sintiera un poco de dolor”.

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Nicole Virzi llamó al 911 y dijo que León había caído de una cuna portátil, pero el bebé llegó al hospital con fractura de cráneo y sangrados cerebrales

Lo había dicho. Era todo lo que necesitaban saber.

Esa brillante estudiante, la íntima amiga de la madre, la próxima psicóloga clínica, había arrojado al piso de baldosas del baño, repetidas veces, a un bebé indefenso de solo seis semanas de vida. Y había lastimado horas antes a su hermano.

Nicole no calló y siguió hablando: “Desde muy, muy chica, tuve algo que no sé qué es, pero siento una urgencia, como una compulsión que no puedo controlar, por lastimar a niños”. Sostuvo extrañada, como estudiando su propio accionar, que no sabía de dónde provenían esos sentimientos porque “no siento lo mismo con los animales”. Contó, además, que tenía una larga historia de depresión, ansiedad y problemas de alimentación. Ilustró su relato con anécdotas infantiles: cuando tenía siete años encerró a una chica de dos en el baño y la pellizcó hasta hacerla llorar y, a los doce años, durante un campamento de la iglesia a la que concurrían, dejó caer a un bebé de un cochecito dos veces. Durante el secundario cuidó chicos en numerosas oportunidades y, en una oportunidad, colocó una taza hirviendo en el brazo de uno de ellos. Otra vez pellizcó a otro chico hasta lastimarlo. Aclaró que desde entonces no lo había vuelto a hacer: “Esta es la primera vez que me ocurre como adulta (...) Hay algo extraño que me lleva a querer ver sufrir a los niños”. Relató que al tiempo que dejaba caer a León una y otra vez “sentía remordimientos. Mientras lo estaba haciendo era como que me estaba viendo a mí misma… Era tan mala por lo que hacía…”. Sin embargo tuvo que reconocer que, al mismo tiempo, eso le otorgaba enorme satisfacción.

Impresiona escuchar a la psicóloga clínica -a meses de obtener su título- como una paciente absolutamente trastornada. Nicole esa tarde dijo algo más: el abuso de León había comenzado apenas sus amigos se fueron de la casa y terminó recién cuando llamó al 911.

Para León su martirio duró casi cinco horas.

Uno de los motivos que esgrimió ante los investigadores para justificar su conducta fue que estaba muy “enojada”. Había llegado a Pensilvania para ver a su amiga y pasarla bien, pero “fui puesta a hacer de niñera”. La rabia había empujado su accionar.

¿Por qué confesaba? Nicole admitió a los agentes que creía que su mejor amiga merecía saber la verdad de lo que había pasado con su hijo. Y sacó a relucir otro tema que la aqueja: “También tengo un tema recurrente en mi vida: la mentira”. Cuando más hablaba Nicole, peor era el panorama.

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La autopsia determinó que León murió por un traumatismo contundente de cráneo y la fiscalía de Allegheny imputó a Nicole Virzi por homicidio, agresiones agravadas y torturas

La pesadilla que siguió

La autopsia estableció que el traumatismo contundente de cráneo fue la causa de muerte.

Nicole quedó bajo arresto y fue imputada por el homicidio de León, por agresiones agravadas y por torturas a los dos gemelos.

El espanto circuló en las noticias como reguero de pólvora. Una joven con la vida acomodada, excelente alumna, sin antecedentes de violencia registrados, con un pasar económico resuelto y una familia de prestigio, le había aplastado el cráneo sin dudar a uno de los bebés de su mejor amiga y lastimado al otro.

Todos se preguntaban: ¿qué podría haberla llevado a cometer un acto tan malvado?, ¿qué pasó por su cabeza?, ¿celos?, ¿envidia?, ¿alguna alteración mental que no se sabía?

Nicole fue recluida sin posibilidad de fianza.

La fiscalía del condado de Allegheny pide para la acusada la pena máxima: la muerte. Apuntan a que el crimen ocurrió en medio de otro delito grave como la tortura. Imperdonable e inentendible.

Una estudiante conocida de las dos amigas, Elin Lantz Lesser, de la universidad de Drexel, dijo que ella intuía que había algo raro en Nicole. Ese algo le hacía pensar que había que evitar estar cerca de su lado malo. No eran pruebas, solo intuición. Otra joven sostuvo que nunca había pensado que Nicole pudiera ser violenta, pero que “tenía algunos problemas interpersonales. Podría decir que era rígida, pero era amable y parecía muy motivada con lo que hacía”.

No hubo mucha más data porque la familia de Nicole se cerró y no habló con la prensa. Su famoso padre movió contactos y se hizo silencio.

En las redes corrieron chismes. Uno sostuvo que Nicole circulaba por páginas de citas buscando hombres para salir que tuvieran hijos. Curioso de ser cierto.

La defensa de Nicole no desea que el jurado escuche la grabación de la confesión de su clienta a la policía y solicitó a la jueza del caso, Jill Rangos, no admitir esa prueba. Alegó que fue obtenida de manera coercitiva, durante un interrogatorio de casi trece horas y sin que la acusada descansara. En febrero de este año, la magistrada Rangos se negó al pedido: sostuvo, por el contrario, que su primera declaración había sido voluntaria y que, antes de realizarla, Nicole había estado reunida con su abogado y con sus padres. Rangos dijo: “La mayoría del tiempo que ella estuvo en esa habitación, no pareció tener ningún tipo de estrés”.

Admitió la prueba de la acusación y punto final al asunto.

El próximo 1 de octubre comenzará el proceso para llegar a la sentencia. El contenido de aquel primer interrogatorio promete ser lapidario.

La defensa intenta ahora negociar con la fiscalía un acuerdo para evitar la posible condena a muerte.

Nicole, de 31 años, vive hoy una vida muy distinta a la que todos esperaban que tuviera. Si fuera sentenciada a muerte sería la única mujer en ese corredor. Desde que se restableció la pena de muerte en 1978, en el estado solo se han ejecutado a tres personas. Desde 1900 Pensilvania ejecutó a dos mujeres en la silla eléctrica: en 1931, a Irene Schroeder, 22 años; y, en 1946, a Corrine Sykes, de 24. Hoy, si se aplicara la pena para Nicole, sería por inyección letal. Serán el jurado y la juez quienes tengan la última palabra.

Savannah y Ethan escogieron preservarse de la prensa y no hablar en público. A pesar de la tremenda pérdida se sabe que ella siguió adelante con sus estudios y consiguió doctorarse con honores. Lo prometió en honor a su hijo.

Quizá León, con su martirio, haya librado a la sociedad de una profesional profundamente perturbada y peligrosa. Un ser muy alejado de la psicóloga empática que cualquiera espera ver en un consultorio. Alguien más parecido a un monstruo. Un monstruo de esos que nadie ve venir.

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