Exportar aceitunas desde Cuyo exige mucho más que un buen producto

Ernesto Benseny, encargado de comercio internacional en una empresa de la industria olivícola, traza el mapa de los desafíos logísticos e infraestructurales que condicionan la competitividad sostenible del sector

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Ernesto Benseny
Ernesto Benseny es encargado de comercio internacional en una empresa de la industria olivícola (Foto: Movant Connection)

El olivícola argentino tiene condiciones para llegar lejos: un producto saludable, mercados establecidos y un shelf life que da margen para operar a escala global. Pero entre la fábrica y el cliente hay una cadena que puede hacer o deshacer el negocio. Como señala Ernesto, “la aceituna es un producto muy noble” que permite alcanzar mercados inaccesibles por tiempos de tránsito, siempre que la logística acompañe.

¿Cómo está posicionado hoy el sector olivícola argentino en materia de comercio exterior?

El sector tiene ya un mercado potencial consolidado: es una industria de muchos años, con mercados establecidos. Argentina exporta la mayor parte de su producción, tanto en aceite de oliva como en aceituna de mesa, y esa exportación abastece principalmente cuatro destinos: Sudamérica, Brasil, Estados Unidos y Europa.

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El gran desafío para este año es poder darle competitividad sostenible. Hay mercados con potencialidad real que todavía no están siendo alcanzados y que demandan este tipo de alimentos saludables. La dependencia de esos cuatro mercados limita el crecimiento.

¿Qué desafíos logísticos concretos enfrenta el sector al exportar?

Cuando uno establece una comercialización, establece una promesa de entrega. Y el cumplimiento de esa promesa, más allá del producto, tiene que ver con toda la cadena de valor: el tiempo de tránsito, el proceso desde la salida de la fábrica hasta el puerto, los tiempos propios del puerto, los tiempos de la naviera.

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Todo ese desarrollo logístico tiene que ver con lo que el cliente está esperando recibir en un plazo determinado. Cuando ese plazo no se cumple, se incrementan costos, y al incrementar costos se deteriora la relación comercial.

¿Cómo influye la infraestructura portuaria en ese proceso?

Es un desafío que abarca a todas las economías regionales. Los puertos tienen una zona de influencia que puede ser beneficiosa para quienes tienen cercanía, pero hay una construcción pendiente en Argentina: alinear a los estados y conectar de manera eficiente las economías regionales con los puertos.

Aceitunas
Según Ernesto, "el producto a granel tiene la delantera porque el costo logístico termina teniendo un impacto positivo: abarata la relación entre el alimento y el consumidor final" (Foto: Shutterstock)

Hoy la extensión territorial implica muchos kilómetros para llegar a puerto, y eso compite directamente con otras zonas productoras del mundo. España, por ejemplo, tiene una llegada a puerto bastante más accesible que la nuestra.

¿Qué pasa específicamente con las zonas productoras como Cuyo y el NOA?

El impacto es significativo y va más allá de la distancia. Conseguir contenedores, acceder a suministros, incorporar maquinaria para el proceso de industrialización: todo eso también depende de esa logística y afecta la composición de la producción.

En el caso puntual de Cuyo y el NOA, se necesita claramente una inversión adicional, quizás en un esquema multimodal. Hay un corredor de aproximadamente mil kilómetros que hoy se hace todo por carretera, sobre rutas construidas hace muchos años. Una estructura ferroviaria que interconecte las provincias podría abaratar costos de manera significativa.

El producto puede ir a granel o envasado. ¿Cómo impacta esa distinción en la logística?

En muchos sectores, el producto a granel tiene la delantera porque el costo logístico termina teniendo un impacto positivo: abarata la relación entre el alimento y el consumidor final. Pero la industria necesita trabajar en el valor agregado, y eso implica trasladar valor a un producto ya envasado.

El producto envasado incorpora otros materiales, como cartón, vidrio y madera, que suman a la composición logística. Hoy conviven dos corrientes: por un lado, el granel como base para localizar nuevos mercados y hacer un fraccionamiento posterior en otra latitud; por el otro, el producto terminado con marca, imagen y valor agregado que el consumidor percibe de manera inmediata.

¿El “shelf life” del producto es una ventaja para la distribución internacional?

Sí, es una ventaja importante. La aceituna tiene una vida útil de aproximadamente dos años, y el aceite de oliva también. Eso permite trasladar el producto a latitudes muy lejanas de los puntos de producción, porque da margen para correr con los meses que demanda la logística internacional. En ese sentido, la aceituna es un producto muy noble. Esa latencia de vida permite llegar a mercados que de otra forma serían inaccesibles por los tiempos de tránsito.

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