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Geopolítica y comercio internacional: un vínculo estrecho

En un mundo altamente conectado, algunos puntos geográficos concentran una influencia decisiva sobre la economía global. Ormuz y Bab el-Mandeb son ejemplos del vínculo entre poder, comercio y logística

Bianca Lombardi es licenciada en relaciones internacionales, maestrando en comercio internacional (Foto: Movant Connection)
Bianca Lombardi es licenciada en relaciones internacionales, maestrando en comercio internacional (Foto: Movant Connection)
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Históricamente, los estrechos en distintas partes del mundo oficiaron como pasos fundamentales que permitieron reducir costos y tiempos en la logística internacional. La contracara de esta ventaja es que, justamente, debido a su enorme peso geopolítico, estos pasos usualmente se ven afectados por conflictos internacionales (como lo son las guerras tradicionales o comerciales), impactando directamente en la economía global.

En los últimos meses, el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Bab el-Mandeb adquirieron una relevancia notoria para el comercio internacional, debido a que ambos están ubicados en la región más caliente del planeta: el Medio Oriente.

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El motivo que explica la importancia que tienen estos pasajes no es uno, sino varios: se encuentran en el centro geográfico del mundo, son las puertas de salida de aproximadamente el 35% del petróleo, principalmente con destino a Asia, y permiten que se evite rodear África disminuyendo costos y lead time.

Estrecho de Ormuz

Ubicado en el corazón del Medio Oriente y entre dos rivales históricos de la región (Irán y Arabia Saudita), es un paso fundamental para el comercio internacional. A través del mismo, se exporta el 25% del petróleo a nivel mundial. El volumen promedio de crudo que pasa por allí oscila entre 20 y 21 millones de barriles por día.

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Al estar controlado por Irán, el paso por este estrecho se vio seriamente afectado por la guerra entre la República Islámica y Estados Unidos. Teherán utilizó este activo para contrarrestar los bombardeos y la superioridad militar de Washington en su territorio. Como consecuencia, los buques que pasaron por el estrecho vivenciaron bloqueos, bombardeos y peajes exorbitantes en los últimos meses, impactando de lleno en la economía global.

Durante años, la situación en el estrecho estuvo medianamente controlada. En 2015, Irán, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto, que pretendía limitar a la República Islámica en materia nuclear a cambio del levantamiento de sanciones económicas que los europeos le habían impuesto a este país. En 2019, Trump se retiró del acuerdo y se reactivaron así las tensiones entre estos dos actores, deviniendo en la guerra que se desató en 2026.

El Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Bab el-Mandeb adquirieron una relevancia notoria para el comercio internacional, debido a que ambos están ubicados en la región más caliente del planeta: el Medio Oriente (Foto: Shutterstock)
El Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Bab el-Mandeb adquirieron una relevancia notoria para el comercio internacional, debido a que ambos están ubicados en la región más caliente del planeta: el Medio Oriente (Foto: Shutterstock)

Estrecho de Bab el-Mandeb

El estrecho de Bab el-Mandeb se encuentra entre Yemen, Yibuti y Eritrea; y es la puerta de entrada al Mar Rojo para todos aquellos buques que pasan por el Canal de Suez. Desde 2023, los hutíes (una organización político-militar y religiosa, aliada de Irán) controlan toda la zona occidental de Yemen y, en consecuencia, el estrecho.

Si bien Teherán no cuenta con demasiado apoyo político oficial de los estados vecinos, Irán logró expandir su esfera de influencia por medio de la Guardia Revolucionaria y de la asociación con grupos “proxies” (aliados) que defienden sus intereses por fuera del territorio persa. Entre ellos, se encuentran los hutíes.

El peso geopolítico y económico que tiene el estrecho que controla esta organización es sustancialmente menor al del estrecho de Ormuz, o al menos así era hasta el 2026. El estrecho de Bab el-Mandeb nunca fue la principal vía elegida por los países productores de petróleo del Medio Oriente por una razón simple: se encuentra más alejado y a trasmano que Ormuz.

Sin embargo, motivados por los vaivenes de la guerra y las incertidumbres en torno a la misma, países como Arabia Saudita habían optado por este paso para exportar el crudo. Esto implicó un aumento considerable de costos, al tener que atravesar todo el desierto por medio de oleoductos, y demoras considerables en las salidas.

Recapitulación de las últimas semanas

Durante el mes de julio, los hutíes amenazaron con bloquear este paso, y en ocasiones lo hicieron, obligando a los buques saudíes a dar la vuelta por el Canal de Suez y rodear toda África para poder llegar a los países destino.

Según la Organización Marítima Internacional de la ONU, entre el 12% y el 15% del comercio marítimo internacional pasa por el Mar Rojo; y el 30% del tráfico mundial de contenedores transitan anualmente por esta vía fluvial, transportando, entre otros bienes, productos agrícolas, fertilizantes, minerales, metales, componentes industriales para electrónica, piezas de automóviles y recursos energéticos.

Además, el Mar Rojo también se considera un punto neurálgico para la transmisión digital, dado que lo atraviesan alrededor del 90% de los cables de fibra óptica submarinos que conectan Europa y Asia.

Anacronismos del siglo XXI

Desde la década del 90 y con el boom de la globalización, las fronteras parecen haberse desdibujado un poco. El flujo transnacional de personas, bienes y capitales de los últimos 30 años son un claro reflejo de este cambio de paradigma.

Resulta paradójico que, en la era más interconectada y sofisticada de la historia, el funcionamiento de la economía mundial continúe supeditado a prácticas tan arcaicas como las guerras. El contexto actual nos recuerda el estrecho vínculo que existe entre el comercio internacional, la geopolítica y la seguridad: esta última resulta una condición necesaria no sólo para la preservación de las vidas humanas y de la paz, sino para el funcionamiento natural de la economía global.

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