
En el marco del Encuentro Anual de la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos, una definición de Hernán Sánchez, presidente de la entidad, sintetizó el momento que atraviesa el sector: la logística tiene “viento de cola” y potencial para empujar la economía, pero enfrenta limitaciones estructurales que condicionan su desarrollo.
El señalamiento no es menor. En un contexto de reconfiguración económica, cambios en el consumo y mayor presión sobre la eficiencia operativa, la logística aparece como un eslabón crítico para la productividad, el comercio exterior y la competitividad del país.
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Sánchez fue explícito al identificar los tres principales desafíos que hoy condicionan el desarrollo logístico: Infraestructura insuficiente, que limita la capacidad de escalar operaciones y acompañar el crecimiento productivo. Distorsiones impositivas, que agregan costos sin generar valor dentro de la cadena logística. Alta informalidad, que fragmenta el mercado y deteriora la calidad del empleo.
El punto central es que estos factores no solo impactan en la operación diaria, sino que afectan directamente la eficiencia de las cadenas de suministro y la capacidad del país para producir y exportar.
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Aun así, el dirigente remarcó un cambio relevante: un escenario de mayor estabilidad relativa permite volver a enfocarse en la productividad y en la mejora de los modelos logísticos, con menor peso de variables distorsivas. En ese sentido, valoró la baja de la inflación, que aporta previsibilidad en la gestión de costos y contratos, y destacó el impacto de la reforma laboral, al considerar que la reducción de la litigiosidad contribuye a un entorno más estable para la operación.
En esa línea, destacó una transformación clave: la reducción de inventarios y el foco creciente en el nivel de servicio, impulsados por un consumidor más exigente y una lógica comercial donde la disponibilidad define la venta.
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Costos operativos y profesionalización
Desde el transporte de cargas, Cristian Sanz, presidente de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), aportó otra variable crítica: la volatilidad de costos, especialmente vinculada al contexto internacional.
El impacto de conflictos globales sobre el precio de insumos, principalmente el combustible, generó desajustes en los índices de costos del transporte, afectando la relación con clientes y la planificación operativa. Este punto refuerza una tendencia global, que la logística ya no solo gestiona flujos, sino también riesgos externos, desde guerras hasta disrupciones en rutas comerciales.
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Por su parte, Fabián Yannone, presidente de la Asociación Argentina de Logística Empresaria (ARLOG), introdujo una mirada complementaria: la logística como una actividad que combina estructura técnica y capacidad creativa.
En un entorno donde cada operación presenta variables distintas, el profesional logístico debe resolver en tiempo real, integrando procesos, tecnología y criterio operativo.
La clave, según planteó, está en avanzar en la profesionalización del sector y en mejorar la comprensión de los costos y restricciones que no dependen directamente de las empresas, pero impactan en toda la cadena.
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Consumo, modelo económico y presión sobre la logística
Uno de los ejes más relevantes del encuentro fue la presentación de Guillermo Oliveto, analista de tendencias sociales y de consumo, que aportó claves para entender el rol de la logística en el nuevo escenario económico.
Su diagnóstico parte de un cambio estructural: Argentina transita un modelo con mayor estabilidad macro, pero con una economía y una sociedad cada vez más duales.
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Esto se traduce en impactos directos sobre la logística: crecimiento fuerte de importaciones, especialmente desde Asia; mayor competencia y diversidad de productos en el mercado; y la necesidad de optimizar procesos logísticos en un entorno de márgenes más ajustados.
Además, el cambio en el comportamiento del consumidor redefine las operaciones. Oliveto describió un perfil “asertivo”, que compra con mayor precisión y exige valor en cada decisión. Esto implica para la logística mayor exigencia en tiempos de entrega, optimización de inventarios, necesidad de mayor capilaridad y precisión en la distribución
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A esto se suma un factor clave: la aceleración del comercio electrónico y la omnicanalidad, que obligan a operar con niveles de servicio cercanos a la lógica digital, incluso en entornos físicos.
El escenario planteado por Oliveto converge en una conclusión operativa clara, el eje del negocio pasa por la eficiencia integral, ya que las empresas enfrentan márgenes más reducidos, mayor competencia y necesidad de segmentar canales y territorios.
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En este contexto, la logística deja de ser un soporte para convertirse en un factor estratégico, especialmente en distribución territorial, diseño de redes logísticas, gestión de costos operativos y adaptación a nuevas geografías productivas (como energía y minería).

Talento, tecnología y nueva centralidad logística
El especialista internacional en supply chain Miquel Serracanta sumó una dimensión estructural: el rol del talento logístico en un entorno cada vez más complejo.
Su planteo es claro, la tecnología, incluida la inteligencia artificial, es un habilitador, pero el diferencial está en las personas. En particular, destacó tres capacidades clave para el futuro del sector: visión integral de la cadena de suministro, capacidad de análisis de datos y habilidades de comunicación y adaptación
Además, subrayó que la logística ganó un lugar central en las organizaciones tras las disrupciones globales, pasando a ser parte de la agenda estratégica de las compañías.
Un sector con potencial, pero condicionado
La síntesis del encuentro podría resumirse en que la logística argentina atraviesa un momento de oportunidad estructural, pero con desafíos concretos.
Por un lado, el sector tiene capacidad para convertirse en un motor de crecimiento, impulsando productividad, comercio exterior y eficiencia sistémica.
Por otro, enfrenta limitaciones que requieren resolución, como la inversión en infraestructura logística, reducción de costos estructurales, formalización del mercado y desarrollo de talento. En ese equilibrio entre potencial y restricciones se juega el próximo salto del sector.
Como planteó Sánchez, la logística ya tiene el impulso. El desafío ahora es crear las condiciones para que ese crecimiento se sostenga y escale.
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