
Al referirse a las claves para operaciones de cosméticos y belleza, Gonzalo comenta que “sigue siendo fundamental saber qué contacto tiene el producto con la piel para definir el camino”. En esta entrevista, repasa regulaciones, tendencias del mercado, nuevas dinámicas de importación y los desafíos que enfrenta el sector en un escenario más abierto y competitivo.
¿Cómo ves el contexto actual del comercio exterior para el sector importador?
Hoy está mucho menos burocrático que antes. Es un sistema más flexible, con más competencia y más gente importando. Antes el círculo de importadores era muy chico; ahora está totalmente abierto. Los usuarios mismos lo dicen: hoy es más fácil hacerse importador que en otros momentos.
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¿Qué rubros están más activos actualmente?
La cosmética y la belleza están muy activas. Me sorprendió mucho el rubro de las pestañas: no lo conocía y hace dos o tres años empezó a crecer una barbaridad. Hay muchísima demanda.
También hubo cambios en cubiertas: antes había entes reguladores y más trabas. Hoy está mucho más flexible y se puede traer sin tantas restricciones.
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¿Qué tenés que saber para llevar adelante operaciones en cosmética y belleza?
Lo primero es saber qué mercadería ingresa. En belleza puede venir de todo: máscaras, pegamentos, pestañas, bocas de silicona, ojos de silicona. Entonces hay que definir si tiene contacto con la piel o no. Esa es la clave para saber si interviene un ente regulador.
En la mayoría de los casos aparece ANMAT. En otros, como cabinas para uñas, entra seguridad eléctrica. Cada producto tiene su punto crítico y eso determina el tipo de documentación.
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Los pegamentos y la parte más cosmética vienen de Corea, mientras que la silicona y las pestañas suelen venir de China. El origen también condiciona algunos requisitos o controles adicionales.

¿Notaste cambios desde la apertura de importaciones?
Sí. Hoy se importa mucho más. Se ve enseguida: hay pestañas por todos lados. La competencia explotó. Antes no había tantos jugadores; ahora cualquiera puede traer pestañas porque no tienen prohibiciones. Con pegamentos es distinto, porque sí llevan regulaciones, pero el resto entra sin trabas.
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¿Qué tenés que detectar como despachante para saber si un producto tendrá más o menos regulaciones?
Lo primero es clasificar la mercadería. Esa clasificación te marca si hay un ente regulador. Si tiene contacto con la piel, casi seguro entra ANMAT. Si es un producto que va dentro del cuerpo, ahí también hay permisos especiales.
Antes las presentaciones se hacían en Aduana. Hoy podés subir todo a una plataforma digital dentro de las 48 horas. Igual sigue siendo fundamental saber qué contacto tiene el producto con la piel para definir el camino.
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¿Qué herramientas tecnológicas usás hoy para facilitar la operatoria?
Hay sistemas que te dan la clasificación arancelaria, te muestran los entes que intervienen, los impuestos, si hay prohibiciones, y hasta te orientan en el armado de la liquidación. Antes no existía nada de eso. Hoy es mucho más fácil.
También uso IA para consultas puntuales. Si estoy manejando, freno, escribo la duda y me orienta. No te da la clasificación exacta, pero sí una guía que sirve para responder rápido al cliente. La tecnología ayuda muchísimo.
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¿Creés que la inteligencia artificial podría reemplazar al despachante?
No. La teoría es una cosa y la práctica es otra. En la teoría todo parece simple, pero en la práctica te encontrás con problemas que no aparecen en ningún lado: terminales, depósitos, verificaciones, demoras.
El despachante tiene que hablar con el verificador, ir a la terminal, resolver en el momento. La documentación puede digitalizarse, pero el cara a cara no se reemplaza. La experiencia es clave.
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¿Qué le recomendarías a alguien que se está formando para esta profesión?
Que aprenda todo lo que pueda. Que aproveche cada tarea y cada proceso. Una vez un gerente me dijo: “Vos tenés que usar a la empresa, no que la empresa te use a vos”. Es así.
Cuanto más conocimiento juntes al principio, más independiente vas a ser después. La experiencia en comercio exterior es impagable. Todo suma y todo vuelve en forma de herramientas para el trabajo diario.
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Yo arranqué como cadete, buscando papeles mientras estudiaba. Después pasé a tareas administrativas y operativas. Haber trabajado en los tres lados me dio el círculo completo del comercio exterior. Podés entender cada parte del proceso, y eso te forma para toda la vida.
El comercio exterior es infinito: cada 15 o 20 días hay una regulación nueva. La experiencia es la base para poder resolver. Para mí, la profesión de despachante tiene que ser muy profesional. Hay mucha competencia, pero no todos trabajan de manera seria. Algunos dicen ser despachantes y no lo son, y después no responden al cliente como deberían.
Es un rubro que me encanta. Durante la pandemia no frenó nunca: el comercio exterior mueve el mundo. Hoy el mercado está más abierto, hay más importadores y más despachantes, y creo que vamos por buen camino. Si se siguen sumando profesionales, el futuro va a ser mejor.
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