
“Hay que gestionar personas cara a cara, transmitir calidez. Las fallas más grandes en las empresas vienen por falta de comunicación”, afirma Ezequiel al hablar sobre el liderazgo de equipos. En empresas de logística, donde la volatilidad del día a día impacta directamente, ser un líder que se involucra, se mantiene actualizado, enseña y comunica es esencial para mantener el compromiso de los colaboradores y potenciar el rendimiento del negocio.
En tus años de trayectoria, ¿qué cambios percibiste en la dinámica logística, sobre todo en el rol de las personas y su gestión?
Lo que veo en la trayectoria es que la tecnología vino para ayudar. Hoy estamos todo el día conectados y podemos tomar decisiones inmediatas con un sistema. Pero también veo que seguimos muy atados a lo manual, seguimos usando programas y documentos muy manipulables. A pesar de que tenemos sistemas, no los usamos al cien. Y en Argentina, donde todo cambia tanto —la inflación, el tipo de cambio, los clientes—, necesitás cintura. Y la tecnología te da eso.
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Pero, por otro lado, se está perdiendo el contacto humano. Me pasó con mi hija: estábamos en una clínica y me escribía por chat mientras estaba sentada al lado mío. Y eso mismo lo veo en la logística. El contacto es clave. Hoy todo se vuelve muy virtual, y en realidad la logística se hace con personas.
Cuando llega un pedido, no llega con nombre y apellido del chofer. Llega una marca, una necesidad, una ansiedad. Y si eso llega mal, empaquetado de cualquier manera, sucio, roto, tarde, ¿qué imagen te deja? El contacto humano es la cara visible del negocio, y se está perdiendo.
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Entiendo que en un entorno tan cambiante, una buena comunicación es clave para esa flexibilidad.
Totalmente. A veces uno transmite una idea, pero si no la refuerza o no espera feedback, el otro la interpreta distinto. Y si estás en distintas oficinas, plantas, ni hablar si hay diferencias de idioma… ¿Quién valida que la comunicación fue clara? Eso no lo resuelve la tecnología. Hay que gestionar personas cara a cara, transmitir calidez. Las fallas más grandes en las empresas vienen por falta de comunicación. Y eso no lo resolvés con un sistema.
¿Cuáles son las claves para gestionar equipos en este sector tan particular?
A mí me gusta mucho la visión oriental, donde el líder está en la primera línea. Acompaña. Está con su gente. Delegar es confiar. No es desligarse. Si te delego, te acompaño, te guío. Y cuando siento que estás listo, te doy autonomía.
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También es clave explicar el para qué de las tareas. Que cada uno entienda la importancia de lo que hace. Y ser sincero. Porque si hay una mentira, perdés credibilidad y no la recuperás más.
Para mí, la transparencia es todo. Hoy tengo superiores, y si tengo que tomar una decisión, fundamento mi parecer con datos, con análisis. Porque muchas veces se decide por creencia, por costumbre, y no siempre los contextos son los mismos. Antes una entrega podía tardar una semana y estaba bien. Hoy pedís algo y a los diez minutos ya estás consultando el seguimiento. Todo cambió.
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¿Y cómo se gestiona la presión que eso genera?
Con presencia. No podés liderar sólo desde la computadora mirando números. Tenés que bajar, ver, escuchar, entender lo que le pasa a la gente. Si alguien no tiene una herramienta, no le podés exigir el resultado. Si alguien está mal, tiene un problema personal, y lo ponés a hacer una tarea crítica sin prestar atención, después no te podés sorprender si pasa algo.
Y algo que siempre digo: no hay que tener miedo de formar a otros. Que puedan hacer tu trabajo no es una amenaza, es una tranquilidad. Si ellos crecen, vos también podés dedicarte a otras cosas.
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Tenés también un rol muy activo como formador. ¿Cómo ves la relación de las nuevas generaciones con el sector?
Hay una brecha. Se perdió mucho la cultura de la lectura. La tecnología y la pandemia no ayudaron. Hoy todo está a un clic, en un video. Y eso empobreció la capacidad de expresión. Como docente, trato de no quedarme sólo en lo teórico. Acompaño los contenidos con experiencias reales. Porque con esfuerzo, todo se puede.
Yo vengo de abajo. Todo lo que tengo me lo gané trabajando. Entonces, cuando les hablo, lo hago desde ese lugar: no necesitás nacer con recursos, necesitás ganas. La logística está en todos lados. En tu casa, cuando planificás una compra. En una escuela. En un hospital. En cómo organizás tu día. Eso es lo que trato de transmitir.
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¿Y qué valor encontrás en la formación profesional para este sector?
Te abre la cabeza. Te da capacidad de análisis. Hoy no alcanza con tener datos, hay que saber si son buenos, si son reales, cómo analizarlos. También te da algo que se está perdiendo: el contacto con otros. Las redes entre colegas. Eso que te permite levantar el teléfono y pedir ayuda sin miedo a decir “no sé”. Yo no me las sé todas. Cometo errores y voy a seguir cometiéndolos. Pero por eso aprendo. Por eso insisto en que la formación tiene que darte herramientas, pero también la humildad para seguir aprendiendo.
Desde tu experiencia en distintos rubros, ¿qué desafíos particulares ves en la logística argentina?
La logística siempre fue vista como un gasto. Y no lo es. Es valor. No es sólo precio, es cómo llega el producto, cuándo, en qué condiciones. El error es pensar que optimizar es recortar. Y lo primero que recortan es logística. Cuando en realidad, deberíamos pensar en cómo ser más eficientes, cómo generar sinergia, cómo unirnos entre actores del sector para ganar todos.
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Me marcó mucho una frase que me dijeron hace años: “Lo más fácil es recortar personas. Lo más difícil es revisar procesos”. Pero es ahí donde hay que ir. Tenemos que sumar, no restar. No podemos seguir viendo a la logística como variable de ajuste. Es momento de pensar en el largo plazo y en el valor que realmente generamos.
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