
La herbolaria acompaña al ser humano desde hace milenios en la prevención y el tratamiento de enfermedades, y ha sido la base de numerosos remedios domésticos.
Entre las plantas más valoradas en la medicina tradicional, la lavanda destaca por su aroma y sus efectos calmantes, lo que la convierte en una aliada para el manejo del dolor muscular y el estrés cotidiano.
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De acuerdo con el material ‘’Botiquín de plantas medicinales’', realizado por investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la planta puede transformarse en un aceite de aplicación externa mediante maceración en frío o en caliente, con materiales de bajo costo y sin conocimientos especializados.
Propiedades terapéuticas de la lavanda
La lavanda puede alcanzar hasta 2 metros de altura. Sus hojas tomentosas y flores grisáceas concentran compuestos activos que confieren a la planta propiedades relajantes y sedantes; por ello se emplea para facilitar el sueño y combatir el insomnio.
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En uso externo alivia dolores musculares, reumáticos, de cabeza, y favorece el cuidado de la piel por sus efectos analgésicos, antisépticos y cicatrizantes, de acuerdo con los especialistas.
El agua de baño de lavanda se utiliza de manera tradicional para el manejo de la ansiedad y la tensión mental, mientras que su aceite esencial funciona como repelente de insectos y aromatizante de ambientes, según el Botiquín de plantas medicinales de la UNAM.
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Los aceites herbales transfieren los compuestos activos de la planta al aceite base
Los aceites herbales se preparan en aceites vegetales, como el de oliva o el de almendras.
Durante el proceso de extracción, los compuestos solubles de la lavanda se transfieren al aceite base y producen un preparado apto para aplicación externa.
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Según los especialistas, el aceite medicinal de lavanda es útil en masajes para aliviar contracturas y molestias musculares, así como para reducir la tensión acumulada tras una jornada de trabajo.

Para obtener un aceite de calidad, la selección y recolección de la materia vegetal son determinantes.
La lavanda crece mejor a media sombra y puede propagarse por estacas de madera suave y fracciones semiduras.
Se recomienda cortar las flores justo antes de que la corola esté completamente abierta, momento en que la planta concentra mayor cantidad de aceites esenciales, según el material de la FES Zaragoza.
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Cómo preparar un aceite casero de lavanda
La elaboración puede realizarse mediante la extracción en frío o en caliente.
El método en frío es adecuado para flores secas; el método en caliente, para lavanda fresca, que contiene mayor humedad.
Método de extracción en frío:
1. Fraccionar en trozos pequeños aproximadamente 2 gramos de flores secas de lavanda y colocarlos en un frasco de vidrio de boca ancha (100 ml).
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2. Añadir aceite vegetal (oliva o almendras) hasta cubrir totalmente la planta; agregar otro volumen igual de aceite y tapar.

3. Colocar el frasco en un sitio fresco y oscuro. Agitar diariamente para prevenir la formación de hongos. Verificar que todo el material vegetal quede sumergido.
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4. Dejar reposar durante un mes.
5. Filtrar el aceite exprimiendo bien las flores para extraer todo el líquido; conservar en un frasco ámbar esterilizado y etiquetado.
Método de extracción caliente:
1. Colocar flores frescas de lavanda en una olla con el doble de volumen de aceite vegetal.
2. Calentar a baño maría durante 30 a 60 minutos a fuego muy bajo, sin que llegue a hervir, para evitar la pérdida de compuestos volátiles.
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3. Dejar enfriar, filtrar y embotellar siguiendo el mismo procedimiento del método anterior.
De acuerdo con los especialistas de la UNAM, ambos métodos producen un aceite estable y de uso seguro cuando se siguen las indicaciones de recolección, secado y almacenamiento.
Aplicación del aceite de lavanda
El aceite se aplica externamente masajeando con suavidad las áreas con dolor muscular o los puntos de tensión: cuello, espalda y piernas.
También puede usarse en un baño caliente, con unas gotas en el agua, para potenciar su efecto relajante.
Por sus propiedades sedantes y analgésicas, es adecuado emplearlo antes de dormir o en momentos de alta tensión emocional.

Antes de usar el preparado por primera vez, se recomienda realizar una prueba de sensibilidad en el antebrazo.
Los especialistas indican que el aceite no debe aplicarse en menores de 12 años ni durante el embarazo o la lactancia.
Como todos los remedios naturales, no sustituye la atención médica profesional ante dolencias, advierte el material de la FES Zaragoza de la UNAM.
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