No es falta de compromiso: es la necesidad biológica de cerrar los ojos en el trabajo para mantener la salud cerebral 

Especialistas en neuropsicología y fisiología del sueño indican que una pausa breve durante el trabajo mejora la atención y disminuye errores, además de proteger la salud del corazón, siempre que no supere los 20 minutos recomendados

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estrés, amanecer, quedarse dormido, dormida, sleep, sleepy, soñar - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Especialistas en neuropsicología y fisiología del sueño indican que una pausa breve durante el trabajo mejora la atención y disminuye errores, además de proteger la salud del corazón, siempre que no supere los 20 minutos recomendados

Especialistas en neuropsicología y fisiología del sueño sostienen que una siesta de no más de 20 minutos durante la jornada laboral mejora la atención, la velocidad de respuesta y el estado de ánimo, y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La práctica, lejos de indicar desinterés, responde a un imperativo fisiológico: el cerebro humano requiere pausas reales para recuperar eficiencia y evitar el deterioro cognitivo acumulado.

El cansancio y la fatiga aparecen en algún punto de cualquier jornada de trabajo. Ambos provocan que la eficiencia caiga, que las distracciones aumenten y que los errores se multipliquen. A eso se suma el déficit de sueño nocturno, un problema extendido en la población. Carmen Domínguez, socióloga y maestra en Medicina y Fisiología del Sueño, advierte que ignorar esas señales tiene consecuencias directas: “Entramos en una inercia de hiperactivación mental que impacta directamente en el sueño, en la recuperación y en los niveles de estrés del día siguiente”.

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La solución que proponen los especialistas son los microdescansos: entre cinco y 10 minutos de pausa por cada 60 o 90 minutos de trabajo continuo. Marta Balagué, presidenta de la Sección de Neuropsicología del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya, precisa que no cualquier pausa cuenta: “No es solo parar, sino cambiar de estado mental: moverse, descansar la vista o desconectar de la tarea. Esto permite que el cerebro recupere parte de su eficiencia”.

Tomar café antes de una siesta corta puede optimizar el estado de alerta al despertar, siempre que se controle la duración y no se consuma cafeína seis horas antes de dormir, según expertos en fisiología del sueño
Tomar café antes de una siesta corta puede optimizar el estado de alerta al despertar, siempre que se controle la duración y no se consuma cafeína seis horas antes de dormir, según expertos en fisiología del sueño

Revisar el celular no es descansar: el cerebro sigue activo

Domínguez señala que las pausas frente al celular constituyen una “falsa recuperación mental”. Durante su uso, “el cerebro sigue recibiendo estímulos y pequeñas dosis de dopamina que mantienen activado el sistema nervioso”. La especialista recomienda microdescansos activos —moverse, hablar con alguien— y momentos de silencio mental para mejorar la atención y la regulación emocional. “Si durante la pausa de la comida podemos permitirnos un pequeño descanso con los ojos cerrados, podremos desconectar realmente del trabajo y del bombardeo digital”, señala.

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Esa desconexión tiene respaldo científico. Un metaanálisis publicado en 2021 en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, liderado por el investigador Frédéric Dutheil, encontró que las siestas cortas diurnas mejoran el rendimiento cognitivo, el razonamiento lógico, el tiempo de reacción y la memoria de corto plazo. El estudio también documenta una reducción del riesgo de enfermedades coronarias en quienes practican descansos breves de manera regular.

Una siesta de más de 20 minutos puede ser contraproducente

Tanto Domínguez como Balagué coinciden en que la siesta laboral no debe superar los 20 minutos. Si se extiende, aparece lo que se conoce como inercia del sueño: una sensación de confusión o lentitud al despertar que anula los beneficios del descanso. El momento del día también importa: la siesta debe tomarse después de comer y, en ningún caso, pasadas las tres de la tarde.

Domínguez menciona la coffee nap como una variante eficaz: tomar un café o té justo antes de cerrar los ojos. La cafeína tarda entre 20 y 30 minutos en hacer efecto, de modo que actúa en el momento del despertar. La advertencia es clara: consumir cafeína incluso seis horas antes de dormir puede deteriorar la calidad del sueño nocturno.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)

Empresas como Nike y Google ya normalizaron el descanso en horario laboral

Nike, Google, Uber y Samsung han incorporado la siesta dentro de su cultura organizacional como estrategia de bienestar y productividad. El referente cultural más consolidado es Japón, donde existe el concepto de inemuri: dormir brevemente en el puesto de trabajo o en espacios públicos, una práctica considerada señal de dedicación, no de descuido.

La evidencia apunta a que la correlación entre falta de sueño y menor rendimiento es directa. Quienes acumulan déficit crónico de sueño tienen mayor probabilidad de desarrollar presión arterial alta, enfermedades del corazón, diabetes, obesidad y depresión. En el ámbito laboral, el agotamiento sin atención lleva a más de 500,000 personas al año a tomar una baja temporal o a abandonar su empleo para proteger su salud mental, según datos citados por especialistas consultados por La Vanguardia.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuatro condiciones para que la siesta en el trabajo sea efectiva

Los especialistas del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey establecen cuatro condiciones básicas para aprovechar una siesta reparadora en horario laboral:

  • Lugar adecuado: el ruido, la luz y la temperatura del espacio determinan la calidad del descanso.
  • Postura cómoda: incluso en una siesta breve, la posición debe permitir la relajación muscular.
  • Alarma programada: sin un límite de tiempo definido, los 20 minutos se extienden con facilidad.
  • Horario temprano: una siesta después de las tres de la tarde interfiere con el ciclo de sueño nocturno.

Domínguez encuadra la práctica en términos de normalización cultural: “Normalizar cerrar los ojos un momento debería entenderse —y potenciarse— como una herramienta de salud y rendimiento, no como una señal de falta de compromiso”. La socióloga equipara la necesidad de descansar con la de comer o ir al baño, y anticipa que los espacios de desconexión se volverán tan comunes en las oficinas como las salas de juntas o las zonas de café.

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