
Cuando el módulo lunar Eagle se aproximaba a la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969, una sobrecarga amenazó con frustrar el aterrizaje. Desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Margaret Hamilton, que entonces tenía 32 años, seguía la maniobra conectada con el centro de control de Houston. El software diseñado bajo su dirección permitió que el Apolo 11 alunizara.
Matemática e ingeniera, Hamilton fue la primera mujer programadora contratada para el proyecto Apolo y llegó a dirigir a cerca de 100 personas. El código elaborado por ese grupo ayudó a guiar a Neil Armstrong y Buzz Aldrin y aportó métodos para diseñar sistemas informáticos capaces de responder ante fallas.
PUBLICIDAD
Hamilton murió el 30 de septiembre en Cambridge, Massachusetts, a los 90 años, según confirmó su hija, Lauren, a The New York Times. Su trayectoria había comenzado mucho antes, cuando las computadoras ocupaban habitaciones enteras y la programación aún no era reconocida como una rama de la ingeniería.

Antes del programa Apolo, Hamilton quería ser profesora de Matemáticas
Margaret Elaine Heafield nació el 17 de agosto de 1936 en Paoli, Indiana. Era la mayor de cuatro hijos de Kenneth y Esther Heafield. Su madre enseñaba en una escuela secundaria y su padre era poeta y profesor de inglés y filosofía. Más tarde, la familia se mudó a la península superior de Míchigan.
PUBLICIDAD
Comenzó sus estudios en la Universidad de Míchigan y luego se trasladó a Earlham College, en Indiana, donde obtuvo su título de Matemáticas en 1958. Ese mismo año se casó con James Hamilton, también alumno de esa institución, y ambos se instalaron en Cambridge, Massachusetts.
El plan era sencillo: ella trabajaría mientras su esposo cursaba Derecho y, una vez que él se graduara, Hamilton haría un doctorado en Matemáticas para dedicarse a la enseñanza universitaria. Sin embargo, su primer empleo frente a una computadora cambió el rumbo de su carrera.

En 1959 ingresó al Departamento de Meteorología del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Allí colaboró con Edward Norton Lorenz, uno de los investigadores que sentaron las bases de la teoría del caos, en la elaboración de programas para prever el tiempo.
PUBLICIDAD
Esa experiencia la introdujo en un ámbito que entonces daba sus primeros pasos y donde muchos procedimientos todavía debían inventarse.
Un código con notas en latín y griego fue su primera gran prueba
Dos años después, Hamilton se incorporó a SAGE, un proyecto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos creado para detectar y seguir aeronaves enemigas. A quienes recién llegaban les entregaban un problema que nadie había logrado resolver: un programa que no funcionaba y cuyo autor había dejado indicaciones en latín y griego.
La matemática consiguió que aquel código se ejecutara. Según The New York Times, ese resultado la acercó al grupo del MIT que diseñaba los sistemas de navegación y guía del programa Apolo, dirigido por el profesor de ingeniería aeronáutica Charles Stark Draper. El proyecto se puso en marcha después de que el presidente John F. Kennedy prometiera llevar a un estadounidense a la Luna antes de que terminara la década de 1960.
PUBLICIDAD

En 1965 se incorporó al proyecto Apolo en el Laboratorio de Instrumentación del MIT. Durante jornadas nocturnas y fines de semana, llevaba a su hija Lauren al laboratorio.
El equipo debía preparar las instrucciones para dos computadoras. Una viajaba en el módulo de mando, que transportaba a los astronautas desde la Tierra, y la otra estaba instalada en el módulo lunar, encargado del descenso y del regreso desde la superficie. Cada orden debía estar calculada con precisión, porque los aparatos tenían recursos muy limitados.
Las computadoras del Apolo funcionaban con una memoria mínima
Las computadoras de las misiones Apolo pesaban unos 32 kilogramos y disponían de apenas 72 kilobytes de almacenamiento. Un teléfono actual puede guardar millones de veces más información, pero esos equipos debían atender la navegación, la orientación, las comunicaciones y el aterrizaje.
PUBLICIDAD
El código se expresaba con ceros y unos y se almacenaba en una memoria compuesta por pequeños anillos y cables de cobre. Cuando el cable atravesaba uno de esos anillos, equivalía a un 1; si lo rodeaba, representaba un 0. Las piezas resultantes, llamadas “cuerdas”, eran tejidas por mujeres con experiencia en tareas textiles de Nueva Inglaterra.
Hamilton revisaba que cada instrucción quedara incorporada en el lugar correcto. Por esa responsabilidad, sus colegas la llamaban la “madre de las cuerdas”. La revisión era decisiva, ya que corregir una falla después de instalar la memoria en la nave podía ser imposible.
PUBLICIDAD

Una fotografía tomada en 1969 muestra a la ingeniera junto a una pila de hojas impresas con el código del programa, más alta que ella. La imagen volvió a circular en redes sociales décadas después y ayudó a difundir su papel en las misiones lunares.
También impulsó el uso de la expresión “ingeniería de programas” para definir su tarea. Con ella buscaba dejar claro que diseñar instrucciones para una computadora exigía planificación, controles y responsabilidades comparables a las de quienes construían los componentes físicos de las naves. Hasta entonces, la programación solía considerarse una tarea secundaria.
Las alarmas durante el descenso confirmaron la importancia de prever errores
La mayor prueba de ese método ocurrió durante el descenso del Apolo 11. Cuando Eagle se aproximaba al Mar de la Tranquilidad, la computadora emitió varias alarmas. Uno de los equipos activados por los astronautas había generado más tareas de las que el sistema podía atender al mismo tiempo.
PUBLICIDAD
El programa preparado por el equipo de Hamilton detectó la sobrecarga. En lugar de detenerse, dejó en pausa las operaciones menos urgentes y mantuvo las funciones necesarias para navegar y aterrizar. En el centro de control de Houston evaluaron la situación y dieron autorización para seguir.

“Si la computadora no hubiera reconocido este problema y tomado medidas de recuperación, dudo que el Apolo 11 hubiera sido el exitoso alunizaje que fue”, escribió Hamilton en una carta enviada en 1971 a la revista Datamation, según reconstruyó The New York Times.
La ingeniera siguió vinculada a los seis alunizajes realizados entre 1969 y 1972. También trabajó en Skylab, la primera estación espacial de Estados Unidos, y en los primeros proyectos del transbordador espacial. En 1976 dejó el MIT y fundó Higher Order Software. 10 años después creó Hamilton Technologies, otra empresa dedicada al desarrollo de programas informáticos.
PUBLICIDAD
El presidente Barack Obama le otorgó en 2016 la Medalla Presidencial de la Libertad. La distinción destacó que sus aportes a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) establecieron bases para crear programas informáticos confiables.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Patricia Krenwinkel, del clan Manson, recibe una nueva recomendación de libertad condicional tras 56 años presa
Condenada en 1971 por siete asesinatos, incluido el de Sharon Tate, sus dos pedidos anteriores para salir de prisión habían sido rechazados

Le diagnosticaron malformaciones incompatibles con la vida, sus padres ya tenían planeado el funeral y hoy tiene un mes de vida: "No te rindas"
Wren Michelle Roberts nació en Louisiana con el estómago en el tórax, sin bazo y con varios defectos cardíacos. Una arteria congénita que nadie anticipaba la mantiene con vida

300 muertos, 17 mil edificios destruidos y 100 mil personas sin hogar: así fue el incendio que devastó Chicago en 1871
La noche del 8 de octubre, un foco originado en la calle DeKoven desató una tragedia que se prolongó durante más de 30 horas. El siniestro transformó para siempre la fisonomía de la ciudad estadounidense y se convirtió en una catástrofe urbana inédita

La última vez de Freddie Mercury en un escenario: un pie enfermo, el maquillaje que tapaba el cáncer y la soprano que guardó el secreto
El líder de Queen subió por a cantar el 8 de octubre de 1988. Lucía desmejorado debido a la enfermedad que padecían y pocos ignoraban. Montserrat Caballé fue de las primeras en conocer el diagnóstico de sida

La tragedia de Linate y las capas de un sistema falible: 118 muertos y una cadena de errores que convirtió la niebla en una trampa fatal
El 8 de octubre de 2001, un Cessna entró por equivocación en la pista del aeropuerto de Milán mientras un MD-87 de SAS iniciaba su carrera de despegue. El choque mató a las 118 personas que estaban a bordo de ambos aviones y en tierra. La investigación descubrió que detrás del error de los pilotos hubo radares fuera de servicio, señalización deficiente, comunicaciones confusas y fallas de organización. Resultó el peor accidente de la aviación civil italiana



