Segunda parte. En la noche del 17 de junio de 1980, tres de los miembros de Montoneros que habían sido secuestrados en Lima por el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército argentino fueron entregados por la Policía de Inteligencia peruana en el puesto fronterizo de Desaguadero, Bolivia.

Eran Noemí Giannetti de Molfino, María Inés Raverta y Julio César Ramírez.

Raverta había sido secuestrada en la iglesia de Miraflores en la tarde del 12 de junio. Molfino, cinco horas después, en la casa de la calle Madrid 145 del mismo barrio. Y Ramírez, en el departamento del sexto piso de avenida Benavídez 445, en la misma noche.

Faltaba uno: Federico Frías, el militante montonero que había sido traído a Lima después de que lo secuestraran en Buenos Aires. Después de los operativos, sus captores lo habrían trasladado a la Argentina en un avión Hércules.

El 13 de junio, los diputados electos de la izquierda peruana denunciaron los secuestros junto al hijo de Noemí Gianotti de Molfino, que no fue interceptado por los agentes de inteligencia. Se transformó en el único testigo.

La policía de inteligencia peruana negó la veracidad de la denuncia, mientras mantenía a Noemí Molfino, Raverta y Ramírez en los bungalows de Playa Hondable, un centro de esparcimiento que utilizaba la familia militar local, y ahora utilizado como centro de torturas para el grupo operativo argentino.

Con excepción de Noemí Molfino, de 54 años, las torturas prosiguieron durante tres días. Hasta que Perú decidió entregar a los tres secuestrados en la frontera con Bolivia. Los deportaron. Técnicamente se estableció como un "extrañamiento", una condena de expulsión.

Perú formalizó la cesión, tomó fotografías de Ramírez, Raverta y Molfino y reclamó un acta de recepción a Bolivia, que se muestra aquí abajo

La constancia de “extrañamiento” y las fotos de los secuestrados María Inés Raverta, Noemí Gianotti de Molfino y Julio César Ramírez fueron publicadas en el libro “Muerte en El Pentagonito. Los cementerios secretos del Ejército Peruano”, del periodista Roberto Uceda, en su primera edición de 2004
La constancia de “extrañamiento” y las fotos de los secuestrados María Inés Raverta, Noemí Gianotti de Molfino y Julio César Ramírez fueron publicadas en el libro “Muerte en El Pentagonito. Los cementerios secretos del Ejército Peruano”, del periodista Roberto Uceda, en su primera edición de 2004

Cuando los tres secuestrados ingresaron a Bolivia, recién entonces el gobierno peruano admitió que habían estado en su país. Negó los secuestros del Batallón 601 argentino: denunció que los deportados formaban parte de un "plan subversivo en detrimento de la seguridad nacional" y dio a conocer sus identidades reales. No mencionó al jefe montonero Perdía, que escapó de la redada junto a su esposa, ni a Federico Frías.

Clarín, 20 de junio de 1980
Clarín, 20 de junio de 1980

La Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados pidió a Bolivia que asilara a los deportados, mientras que los diputados de la izquierda peruana viajaban a Bolivia para brindarles protección política y salvar sus vidas. La central obrera y la federación universitaria boliviana comenzaron a movilizarse: exigieron conocer su paradero y reclamaron que no se los entregara a la dictadura argentina para evitar "una muerte segura".

En ese momento, en Bolivia ya se gestaba un nuevo golpe de Estado, con apoyo de las Fuerzas Armadas argentinas. El gobierno estaba en manos, en forma interina, de la contadora Lidia Gueiller, elegida en forma provisional por el Congreso hasta las elecciones del 29 de junio. La alianza Unión Democrática y Popular de Hernán Siles Suazo vencería en la contienda electoral, pero dos semanas después, un golpe de Estado del general Luis García Meza Tejada impediría la asunción.

Bolivia quedaba en manos de los militares.

Para entonces, los secuestrados habían vuelto a desaparecer.

Durante muchos años, las fotografías en la frontera de Desaguadero había sido el último rastro: no se obtuvo información sobre Raverta y Ramírez. Sin embargo, un documento desclasificado, que estaba archivado en la Cancillería argentina, probó que fueron trasladados a Brasil, junto a Noemí Gianetti de Molfino.

El documento es un acta de recepción fechada el 23 de junio, seis días después de la constancia de deportación.

La Policía Federal de Brasil informa a la cancillería argentina que mantiene demorados a Noemí Molfino, María Ines "Roserta" y Julio César Ramírez, quienes están acompañados por "César Abel Pilar" y el teniente coronel "Ari Mendez", nombres supuestos de agentes de inteligencia del Batallón 601.

A partir de ese momento se perdieron las pistas sobre María Inés Raverta y Julio César Ramírez, además de la de Federico Frías.

Sólo el cuerpo de Noemí Gianetti de Molfino aparecerá en el apartamento 64 del sexto piso del Apart Suites Muralto, sobre la calle Tutor 37, en el barrio Moncloa de Madrid, cinco semanas después.

Una mucama percibió el efecto de la descomposición, luego de tres días que la huésped fuera alojada con la identidad de "María del Carmen Saenz".

¿Qué sucedió con Molfino durante ese mes?

¿Cómo apareció muerta en Madrid?

Una de las hipótesis la establece su hijo Gustavo Molfino, quien estuvo con su madre en Lima y fue testigo de su secuestro en la noche del 12 de junio.

"Empezamos a tener más claridad con lo que sucedió con el paso de los años. En 2010 apareció la identidad de mi sobrino, Guillermo Amarilla Molfino, hijo de mi hermana, Marcela Molfino y mi cuñado, Guillermo Amarilla. Nosotros no sabíamos que mi hermana estaba embarazada.
Mi hermana y mi cuñado fueron secuestrados el 17 de octubre de 1979 en San Antonio de Padua. Estaban instalados en el territorio, hacían política. Tenía reuniones con políticos y gremialistas. Vivían en la casa de Rubén, el hermano de Guillermo. Pensaban construir en el fondo de la casa en Padua".

Noemí Molfino
Noemí Molfino

—¿Cómo se produjo la caída de tu hermana?

—Mi cuñado fue a una cita en Ramos Mejía, una cita "envenenada": lo secuestraron. Y cayó con una boleta de compra de materiales en la que figuraba su domicilio. Cuando el "grupo de tareas" rodeó la cuadra, encuentro a Rubén cortando el pasto, y según testimonios de los vecinos, mi hermana Marcela le disparó a la patota y cayó herida. Nosotros siempre dijimos que cayó en combate. Rubén desapareció. Y el cuerpo de mi hermana también. Se la llevaron. Y nunca supimos más nada. Hasta que, después de hacernos los análisis ADN, se probó que Guillermo Molfino Amarilla era su hijo. Había nacido a mediados de 1980, en Campo de Mayo. Entonces dedujimos que mi hermana Marcela Molfino estuvo secuestrada ahí. Y que los militares la trajeron a mi mamá desde Perú para que se encontrara con ella y preparar el plan: trasladarla a Madrid como rehén, sabiendo que mi hermana estaba secuestrada. Quizá ya había parido. O estaba por parir".

Madrid: los hechos

El plan del Batallón de Inteligencia del 601 fue desmontar la operación en Perú; demostrar que los secuestros de Raverta, Ramírez y Molfino nunca habían sucedido. Que las denuncias eran falsas.

Para ello, debían hacer aparecer el cuerpo de Molfino como víctima de una insuficiencia cardíaca, en España.

De hecho el embajador argentino en Madrid, Avelino Jorge Washington Ferreira, explicará a la prensa, con el cadáver de Noemí Molfino a la vista, que quedaba en "evidencia la falsedad de la campaña de desprestigio urdida contra las autoridades peruanas y argentinas", y advertiría sobre "la peligrosidad de la subversión internacional en su intento de socavar las bases de nuestra sociedad occidental".

El 16 de julio de 1980 dos agentes de inteligencia argentinos -aparentaban entre 33 y 38 años- se hospedaron en el Apart Suites Muralto. Reservaron un apartamento a nombre de "Julio César Ramírez" y avisaron en la recepción que en unos días llegaría su madre. Ocuparon la habitación, pidieron tostados, tomaron whisky.

Molfino viajó el 18 de julio desde Río de Janeiro en un vuelo de Varig que aterrizó en Madrid. En la causa judicial radicada en España, una azafata declaró que la acompañaban dos hombres. Lo mencionó porque le pareció extraño que uno de ellos la había acompañado hasta el baño, la había esperado, y no la había dejado sola.

Los "supuestos" hijos fueron a buscarla al aeropuerto y la trasladaron al apart hotel. Noemí Gianetti de Molfino volvería a salir del apartamento 64. De la manija de la puerta quedó colgado un cartel: "No molestar".

Una fotografía del Apart Suites Miralto en la actualidad
Una fotografía del Apart Suites Miralto en la actualidad

Tres días después, el 21 de julio, la mucama percibió el olor. Los hombres que la acompañaban se habían ido.

Según los análisis posteriores, le habrían suministrado pastillas en sobredosis que provocó el paro cardíaco. En pleno verano, apagaron el aire acondicionado y la taparon con frazadas para acelerar el proceso de descomposición.

La acción criminal de la inteligencia militar, que se había iniciado en Lima el 12 de junio de 1980, ya estaba resuelta: había concluido en Madrid cinco semanas después.

Cuando la policía ingresó al apartamento encontró su cuerpo, un documento "María del Carmen Saenz", con el que había viajado, y una cédula a nombre de ella, con su identidad verdadera. También estaba el documento real de Julio César Ramírez, el militante montonero secuestrado en Lima. Los agentes de inteligencia quisieron demostrar que que tanto Molfino como Ramírez no habían estado en Lima, sino en Madrid.

Ella había muerto, y él, que había reservado el apartamento, se había ido.

Esta fue la versión que notificó a la prensa española el embajador argentino Avelino Jorge Washington Ferreira.

El cuerpo de Molfino permaneció ocho días en el Instituto Anatómico Forense, sin que nadie lo reclamara, o pudiera reclamar, porque se desconocía su identidad.

Fue enterrada en el cementerio de La Almudena bajo el nombre de "María del Carmen Saenz".

La causa fue caratulada como "muerte por ataque cardíaco".

"Yo estaba refugiado en Lima cuando me enteré de la muerte de mamá –indica Gustavo Molfino, entrevistado para este artículo-. Me sacaron del aeropuerto en forma ilegal. Un diputado peruano dijo que era su sobrino argentino y me llevó hasta al avión con documento falso. A partir de ahí empecé a ir casi diariamente al juzgado 4 de Madrid, con mi hermana Alejandra, que estaba exiliada".

Gustavo y Alejandra Molfino en 1980 en el juzgado de Madrid
Gustavo y Alejandra Molfino en 1980 en el juzgado de Madrid

"Teníamos probar que el cadáver era el de mi mamá. Pedimos la exhumación del cuerpo, mencioné una operación de vesícula reciente y una malformación en el dedo gordo del pie. Se verificó que era ella. También me dieron su ropa, que estaba en una bolsa de plástico. Las decían 'industria argentina'. Mi mamá no tenía esa ropa cuando había estado Francia, España ni en Perú. Con esto empecé a sospechar que después del secuestro en Lima había estado en la Argentina. Y después, en la causa judicial, aparecieron cosas raras. La policía española declaró que mi mamá había llegado en un vuelo regular acompañada por dos personas y la esperaban otras dos. ¿Y cómo lo sabían? ¿Por qué se fijaron en ella, entre los miles de pasajeros que llegan de distintos vuelos cada día?".

—¿Creés que la inteligencia española colaboró con los agentes argentinos en la operación?

—Yo lo declaré ante el juez Baltazar Garzón. Estaba bien que se investigara la inteligencia peruana y a la argentina, pero también había que profundizar qué participación tuvo el servicio de inteligencia español. Garzón nunca investigó su complicidad. Pero utilizó el crimen de mi mamá como caso testigo para enjuiciar a Pinochet. Yo vivía vigilado. En esa época, una combi Volkswagen estacionada frente a mi casa me filmaba con una camarita que se veía desde una ventana. Un día llamé a la policía, llegaron, golpearon la camioneta, los obligaron a salir y eran tipos con placas de la policía española. La camioneta estaba adaptada para filmar y grabar. Se identificaron y se fueron. Cuando pedí explicaciones dijeron que era una investigación sobre una casa que estaba a dos cuadras.

—¿Se conoció la identidad de los agentes del Batallón 601 que secuestraron a tu mamá en Lima y la mataron en Madrid?

—No. Hay una causa radicada en el juzgado federal de San Martín, de la jueza Alicia Vence. Es una causa que tiene 85 víctimas, que enjuicia a los miembros del Batallón de inteligencia 601 que operaron entre 1979 y 1980. Algunos fueron muriendo. Otros están procesados. Y otros estaban prófugos. El último que cayó fue Marcelo Cinto Cortaux, represor del Destacamento de Campo de Mayo. Estuvo prófugo tres años y lo detuvieron en un locutorio de la avenida Santa Fe y Pueyrredón. La causa todavía está a la espera del juicio oral".

Detención del represor Marcelo Cinto Cortaux (Gustavo Molfino)
Detención del represor Marcelo Cinto Cortaux (Gustavo Molfino)

A 38 años de los hechos, María Inés Raverta, Julio César Ramírez y Federico Frías, secuestrados en Perú, jamás aparecieron.


El agregado político de la embajada norteamericana, Townsend Friedman, describe al Batallón 601 como un grupo descontrolado que tiene prisionero "al gobierno argentino". Fechado el 18 de agosto de 1980.

 

*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina, 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana. Twitter: @mlarraquy

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