Llovía y eran miles. Formaban diez cuadras de columnas compactas y detrás había otras diez cuadras, más raleadas. El punto partida de la concentración era la avenida Maipú y Aristóbulo del Valle, a pocas cuadras de la avenida General Paz. Desde allí caminaron hasta la residencia que ocupaba Perón desde que había regresado al país, hacía ya un mes, en Gaspar Campos 1065. La Juventud Peronista Regionales, subordinada orgánicamente a Montoneros, reclamaba un "diálogo directo", sin intermediarios, con Perón. Querían "romper el cerco" que lo aislaba de su pueblo. A la cabeza de la movilización estaban los cuatro dirigentes de la Juventud Peronista Regionales, Juan Carlos Dante Gullo, Miguel Lizaso, Juan Carlos Añón y Roberto Ahumada.

Eran las cinco de la tarde. Había carteles y banderas de la JP, Montoneros, FAR, FAP. Más de medio millar de policías custodiaba la casa de Gaspar Campos. Los cuatro dirigentes pudieron a su casa. Allí les dijeron que Perón estaba en la quinta de Olivos. Lo llamaron por teléfono. Los atendió López Rega. Le aseguró que Perón los recibiría. Entonces todas las columnas marcharon bajo la lluvia con esa promesa. La novedad los colmó de algarabía.

Hacía ocho días que Cámpora había renunciado, y el vicepresidente Vicente Solano Lima también. La presidencia correspondía al titular del Senado, Alejandro Díaz Bialet, pero se le inventó una misión en el exterior para que el poder recayera en Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega.

Lastiri había ingresado en el quinto lugar en la lista del FREJULI de Capital Federal. López Rega se lo había pedido a Cámpora: adujo que su yerno padecía cáncer de ganglios y si fallecía deseaba que a su hija Norma le quedara la pensión.

Cámpora aceptó.

Lastiri lo sucedió en la Presidencia.

Montoneros lo entendía como un regreso al pasado.

"La presencia de Lastiri como presidente provisional supone la continuación pro imperialista y significa concretamente la vuelta al régimen derrotado el 11 de marzo", afirmaron en un comunicado.

Por eso propusieron que el Congreso designara a Perón como presidente provisional por Ley de Acefalía.

Y lanzaron la consigna:

"Perón presidente, inmediatamente".

La movilización de la Juventud Peronista a Olivos también estaba enmarcada por la disputa de la vicepresidencia.

Montoneros sostenía a Cámpora. O en su defecto al jefe radical Ricardo Balbín. Aunque aceptarían al que decidiera.

La fórmula Perón-Balbín, un hipotético acuerdo político que se denominaría "Movimiento de Unión Nacional", seducía a algunos dirigentes del peronismo. Perón le había dado cierto aire a esa posibilidad. "Es muy linda fórmula. Yo con Balbín voy a cualquier lado, porque es un excelente compañero", había expresado.

Perón lo había visitado en el Congreso al cuarto día de su arriba al país.
Sin embargo, la posibilidad de Balbín como vice fue rechazada por los gremios: no aceptaban que la UCR obtuviera el poder en caso que se consumara la peor de las hipótesis. Perón ya había tenido dos infartos en cuatro meses.

Los gremios no tenían un dirigente propio para acompañar a Perón en la fórmula. Reclamaban la vicepresidencia para Isabel, o en último de los casos, para López Rega.

También había quedado flotando en el aire los coletazos de la masacre de Ezeiza.

Montoneros había ordenado a pintar las paredes con la inscripción "Osinde, asesino del pueblo peronista" y también, en afiches de fondo negro, imprimió las fotografías de José Ignacio Rucci, Alberto Brito Lima y Norma Kennedy, con la inscripción "traidores".

Una ignota "Juventud Peronista", en tanto, tomaba el primer aniversario de Ezeiza para denunciar a que a "los infiltrados de nuestras filas: ERP. FAR, Montoneros, con sus drogadictos homosexuales y mercenarios vernáculos y extranjeros".

La lucha interna, además, comenzaría a dejar sus primeros muertos en los territorios. El 22 de julio el obrero Benito Sphan, militante de la Juventud Peronista, fue muerto por un custodio de la UOM en un salón del barrio "9 de Julio" de San Nicolás. Aunque luego se intentó quitarle "intencionalidad política" al crimen, la CGT local y "Las 62 Organizaciones" habían declarado "personas no gratas" a cuatro concejales de la JP y al titular del Concejo Deliberante Pedro Marchi.

"Sin intermediarios"

Perón recibió a los dirigentes juveniles en un salón de la residencia. Era la primera reunión cara a cara, luego del frustrado acto del 20 de junio. Junto a Perón estaba Lastiri y López Rega. El ministro de Bienestar Social los recibió con desconfianza. "Yo sé que debajo de los ponchos hay armas largas", dijo. Le pidió al jefe de custodia Juan Esquer que los revisara. Esquer no hizo caso.

Juan Carlos Dante Gullo le mencionó a Perón que la Juventud Peronista tenía medio millón de militantes encuadrados en todo el país, y que era la única organización juvenil que podía movilizar en perfecto orden y disciplina. "Los 60 mil compañeros que esperan afuera nos dan autoridad representativa como únicos dirigentes de la JP. López Rega intentó ralear su autoridad como líder juvenil: "Juventudes Peronistas son muchas y están divididas", afirmó.

En la reunión, Gullo pidió un contacto permanente, para que no hubiera intermediarios en la relación con la JP. Perón respondió que cada vez que necesitaban verlo hablaran con Esquer.

La JP pidió que quedara un registro gráfico de la reunión. López Rega intentó impedirlo: "Hoy no hay fotógrafos en la residencia", dijo.
Aún así, lograron hacer ingresar al reportero de El Descamisado, que esperaba afuera.

Parecía que una acción política exitosa.

Un final feliz.

De los hechos se desprendía la siguiente lectura: Perón había recibido a la JP en el contexto de una movilización de miles de militantes. Los había legitimado. La manifestación había sido pacífica, sin infiltrados ni incidentes. La JP había encontrado a Perón por primera vez desde su regreso al país. Lo habían visto en buen estado de salud, y bastaría contactar al jefe de la custodia Esquer para un nuevo encuentro.

El Descamisado lo graficó en la tapa del número 10.

Una victoria de la JP. Una derrota de López Rega.

Incluso más: los líderes juveniles le pidieron a Perón que les escribiera en una esquela de pocas líneas, para darle veracidad al encuentro. Perón aceptó.

Los líderes juveniles atravesaron los portones de Olivos. En la calle, la multitud los recibió con júbilo. "Urgente, urgente, Perón presidente", se cantaba. También se escucharon otras consignas más urticantes:
"Que nadie lo discuta, López Rega hijo de p…"

"López, los muchachos quieren conectar conmigo"

Sin embargo los diarios publicarían otra versión del encuentro con la JP. La versión del Gobierno. La versión oficial.

En un comunicado de Presidencia distribuido por Télam se informaba que José López Rega había sido designado "delegado personal del teniente general Perón ante las distintas organizaciones que conforman la Juventud Peronista, recibirá en su despacho oficial los días jueves a las 11".

Las entrevistas debían solicitárselas a Julio Yessi.

En ese momento Yessi era asesor de Gabinete del Ministerio y había sido designado por López Rega para conformar la Juventud Peronista República Argentina (JPRA).

López Rega quería tener su propia JP.

Las aclaraciones posteriores de López Rega tomaban de modo grotesco a aquella "juventud maravillosa" que elogiaba Perón durante la dictadura de Lanusse. El hombre al quería borrar del círculo de Perón los atendería de acuerdo a su agenda de actividades en el Ministerio de Bienestar Social.
Dos días después, López Rega explicó a la prensa lo que había sucedido en la reunión de Olivos:

"Lo que ha ocurrido es que el general Perón, ante un pedido de los muchachos que lo fueron a ver me llamó y me dijo: 'López, los muchachos quieren conectar conmigo. ¿Cómo podemos hacer?'. 'Bueno –le dije-, que me indiquen qué es lo que quieren, yo se lo traslado'. Y eso fue todo. Lo voy a decir con toda claridad. Siguiendo las indicaciones del general he manifestado que los días jueves, que es el día que tengo un poco más de tiempo a la mañana, de 9 a 11, recibiría a todos los dirigentes de la Juventud. Esto era solamente a efectos de facilitarles un camino más directo, para que no anden penando y dando vueltas de un lado para otro, buscando gente que los puedan acercar o buscando influencias que no existen. Si ellos dicen que no quieren verme a mí, tienen el derecho a hacer las cosas como se les dé la gana. Yo no puedo forzar a la JP ni tengo la menor intención. Yo soy un servidor de la Nación porque el General me coloca allí. Si el General me dice "López, salga", yo salgo; Si el General me dice: "López, quédese". Yo me quedo. Soy un soldado que cumple la verticalidad del general Perón y que cumple su tarea como un argentino que tiene noción de lo que la Patria necesita".

López Rega anticipó que en su rol de intermediario recibiría "a todos los dirigentes de la Juventud".

El dilema de la JP era cómo seguir acusando a López Rega sin cuestionar a Perón, y dar respaldo a la versión publicada en El Descamisado.

Convocaron a la prensa al local de la calle Chile, en San Telmo y leyeron un comunicado.

Afirmaron que "Perón se encargó de enfatizar que entre ellos y la juventud no debía existir ningún tipo de intermediarios, y no se habló del nombre (López Rega) que alude el comunicado de Presidencia".

Además presentaron la esquela de Perón como prueba de legitimidad de que eran los únicos representantes juveniles.

"'He recibido a los compañeros dirigentes de la Juventud Peronista'. Y nosotros agregamos que acá hay una sola Juventud Peronista y es la que luchó contra la dictadura militar, la que se moviliza masivamente…".

En medio del desánimo y la confusión, la JP continuó redactando comunicados contra López Rega, pero no pusieron en duda la palabra de su jefe. Prefirieron seguir creyendo en los dichos de Perón –"no habría ningún intermediario…"-, antes que admitir la trampa que les habían tendido en la noche de Olivos.

El día 25 de julio, el ministro de Bienestar Social comenzó sus tareas como delegado de Perón ante las organizaciones juveniles y recibió a una delegación de dirigentes de la JPRA y de la Juventud Sindical Peronista (JSP).

"No era López Rega: era el plan de Perón"

El periodista Ricardo Grassi fue director de El Descamisado y de las posteriores publicaciones de la JP montonera El Peronista y La Causa Peronista-, entre 1973 y 1974. Desde hace 14 años organiza medios de comunicación y forma periodistas en Afganistán. Con la UNESCO, dirige en ese país un proyecto sobre el derecho al acceso a la información. Es autor del libro El Descamisado. Periodismo sin aliento. Fue entrevistado por el autor de este artículo sobre "la teoría del cerco" y la relación de la Juventud Peronista con Perón a partir de la masacre de Ezeiza.

Ricardo Grassi
Ricardo Grassi

—Una de las versiones difundidas sobre la reunión del 21 de julio de 1973 en la residencia de Olivos es que El Descamisado suprimió a López Rega de la foto de Perón con los dirigentes de la Juventud Peronista

—No, no hubo corte. López Rega no estaba en la foto. La foto la había hecho un fotógrafo de El Descamisado. Perón dijo que el nexo era Squer y después cuando terminó la reunión López Rega dijo que intermediario era él. Era todo muy agitado. Nosotros creíamos en la "teoría del cerco". Pero en realidad no se trataba de López Rega: era el plan de Perón. Perón tenía mucha cancha. Si había dicho que era Squer y después López Rega decía otra cosa, a Perón no le importaba. ¿Qué podíamos decir nosotros? Es como un tipo importante que te firma un cheque sin fondo ¿Qué le podés protestar?

—¿No se percibía esa manipulación de Perón?

—Perón era muy habilidoso para mantener su poder. Así logró mantener su poder en los años de exilio. Él tenía un proyecto y necesitaba las personas para llevarlo adelante. Rucci le era fundamental. Fue a quién eligió para manejar la organización sindical. No eligió a (Raimundo) Ongaro. Perón era pragmático. Tenía en claro qué es el poder, qué resortes se necesitan para el plan.

—Un plan que no podía llevar adelante con Montoneros.

—Montoneros y la izquierda peronista no tuvieron la flexibilidad para generar una situación que permitiese negociar. Todo era "de máxima". A partir de matarlo a Rucci (25 de septiembre de 1973) se perdió toda posibilidad de negociación. Había que tener la lucidez para generar eso. En realidad, el que le había dado espacio al "montonerismo" había sido Cámpora. Y era una alianza electoral para el 11 de marzo. Perón dejó hacer porque el "montonerismo" era un sector que movilizaba. Después Perón lo defenestró a Cámpora, lo mandó de embajador, y era evidente que defenestró también a todo el "montonerismo", no sólo a Cámpora.

—Ya con la caída de Cámpora Montoneros perdió el espacio de negociación.

—En política hay espacio para todo. Se necesita lucidez y políticos. Los militantes no son necesariamente políticos. Son personas puristas, llenas de principios. Entre ellos me puedo incluir. Pero los dirigentes tienen que ser políticos. Montoneros no tuvo la capacidad de mantener un diálogo, una alternativa. Se empezaron a establecer elementos de puja, y esto Perón no lo digirió de ninguna manera… Salvador Linares, "El Palomo", nuestro diagramador y peronista de la primera hora, decía: "Con Perón no se jode, no soporta que le cuestionen su autoridad".

—¿Cómo se inventó la "teoría del cerco"? ¿Montoneros la creía realmente?

—Hay dos cosas que manejar. La posición oficial, que se dice públicamente, y lo que piensan los individuos, que sólo importa internamente. Ante la situación de quedar desacomodados se prefirió creer en la "teoría del cerco". Porque una vez Perón había hablado de la "patria socialista", en un libro, o en una entrevista filmada, y había hablado de las "formaciones especiales"… Pero Perón, cuando se reabrió el período democrático, entendió que las "formaciones especiales" ya no tenían sentido para su plan. Empezó a hablar de "democracia integrada" antes de que "patria socialista". Algo había que elaborar para seguir sintiéndose adentro del peronismo y surgió la teoría "del cerco". Algunos la creerían. En política no importa mucho lo que te creés, importa lo que decís.

—¿Cómo era la participación de Mario Firmenich en El Descamisado?

—Alguien de la conducción, no necesariamente Firmenich, venía una vez por semana a la revista. Teníamos discusiones de contenido, pensábamos cómo sintetizar las cosas. A Firmenich le gustaba hacer de periodista, pero no reclamaba los títulos, sólo participaba de la charla política. Periodísticamente todo se complicó a partir de que vino Perón al país. Hasta entonces teníamos todo digerido para decir una cosa, y después el panorama cambió. Me acuerdo que una vez, con un discurso de Perón en la CGT publicamos "condenó al imperialismo yanqui" cuando el discurso decía otra cosa…apenas era una mención perdida. Era una situación delicada y preocupante. Porque una cosa son las estructuras de poder y otra, algo que puede ser poderoso –como Montoneros-, pero que no está en la estructura de poder y no negocia dentro de un sistema. Fue un período de mucha tensión, hasta que sucedió la muerte de Rucci. Perón dijo "acá se terminó". Fue una equivocación total. Se creyó que poniéndole un cadáver sobre el plato él iba a negociar. Perón no era así. Y además no era cualquier cadáver. Era el cadáver del tipo que él había elegido. Me lo dijo en el reportaje que le hice en Madrid en diciembre de 1972: "Rucci va a manejar los sindicatos…".

—¿Cómo vivió Montoneros la campaña en apoyo a la fórmula Perón-Isabel Perón para septiembre del '73?

—Se vivió mal. Era una fórmula que no pegaba en nada con la visión de la Juventud Peronista. La revista hizo una presentación crítica. Isabel era López Rega. Pero a la vez, desde el punto de político, no había otra alternativa. Si no se apoyaba esa fórmula quedabas afuera del peronismo.

*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Presos políticos, guerrilla y represión ilegal". Ed. Sudamericana. Twitter: @mlarraquy

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