
Vivir solo no es una tragedia a evitar a toda costa, sostiene el doctor Mario Alonso Puig, médico cirujano, conferencista y especialista en desarrollo personal y liderazgo. Sostiene incluso que se puede vivir con más plenitud que a los 40. Claro que, para lograrlo, hay que trabajar en fortalecer cinco aspectos de nuestra vida, que él llama “pilares”.
Muchos adultos mayores se sienten forzados a ir a vivir con sus hijos o en residencias, en parte para “no molestar”, como llegan a afirmar algunos. Es que los hijos se sienten más tranquilos si los padres están cuidados.
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Pero muchas personas mayores disfrutan de la soledad y la independencia y no por ello deben sentirse mal o considerarse egoístas.
Puig afirma una gran verdad: vivir solo no es lo mismo que sentirse solo y, a la inversa, estar acompañado no evita que una persona se sienta sola.

El primero de los 5 pilares
El primer consejo que da este especialista es que se debe construir una red emocional antes de necesitarla. El tejido de seguridad emocional debe tejerse antes; y ello exige dedicación, tiempo y entrega mutua.
Mucha gente ha descuidado sus amistades y, al retirarse y quedar solo por viudez y porque los hijos se van, se encuentra con que le sobra tiempo pero no tiene con quién disfrutarlo.
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Las relaciones deben ser cultivadas y para ello también tiene Puig algunas sugerencias.
Primero, identificar nuestros círculos de conexión. La familia no es suficiente. Hay que sumar amigos, compañeros de ruta, gente que está en tu misma etapa.
Segundo, esas relaciones se deben mantener, retomando contactos si hace falta, pero también abrirse a nuevos círculos, por ejemplo, anotándose en un curso, realizando tareas de voluntariado o practicando algún hobby, como senderismo, baile, un deporte, etcétera.
Tercero, Puig sugiere la intergeneracionalidad. “No busques solo gente de tu edad”, dice. Las amistades intergeneracionales contribuyen a mantenernos conectados con un mundo que cambia.
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Hay que tener una red de personas con las cuales se puede contar, que llamen, que perciban el estado de ánimo de la persona. Ser amigo para tener amigos. Dar para recibir.

Segundo pilar
“Domina el arte de vivir en tu propia compañía sin convertirte en un ermitaño”, dice Puig que advierte que hay dos actitudes extremas igualmente destructivas: no poder estar solo ni un minuto o convertirse en un recluso por no soportar a la gente.
Estar solo no es estar abandonado y el silencio no es vacío, dice, es un espacio para estar consigo mismo.
Si uno no está simplemente huyendo de la soledad porque no la soporta, podrá estar con otros de forma constructiva. De lo contrario será solo para llenar un vacío. No por un auténtico deseo de estar con la otra persona.
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También en este caso, tiene Puig algunas suferencias.
Uno: crear rituales que estructuren y den sentido a nuestra cotidianeidad. Momentos de verdadero disfrute. Como desayunar con tranquilidad, cocinar algo especial para alguien, hacer jardinería, escuchar música, leer antes de dormir, escribir un diario, etcétera. Estos momentos deben ser deliberados, elegidos, valorados. No se trata de matar el tiempo sino de invertirlo en cosas que nos hacen bien.

Dos: tener un diálogo compasivo con uno mismo. La mayoría de las personas, dice Puig, se convierten en los peores críticos de sí mismos. Desarrollan pensamientos negativos, se juzgan duramente por errores pasados o cosas que no hicieron. Eso equivale a estar con alguien que todo el tiempo nos critica. Hay que hablarse se le hablaría a un amigo, aconseja: con gentileza, comprensión y empatía.
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Tres: desarrollar un trabajo de autodescubrimiento. Es decir, explorar facetas de nosotros mismos que no hubo tiempo o espacio para desarrollar antes: aprender a tocar un instrumento, pintar, estudiar algo... Es el momento de hacerlo y no son distracciones sin sentido, dice. Son formas de seguir creciendo más allá de los roles de toda tu vida, padre, madre, empleado, jefe, marido.
Nunca es tarde para esto.

Estos rituales no implican que haya que aislarse: al contrario, cuando se aprende a no depender de nadie, cuando no se necesita desesperadamente la compañía de alguien para llenar un vacío, se pueden desarrollar relaciones profundas y provechosas.
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Tercer pilar
Mantener la autonomía física es el tercer mandamiento de este especialista.
Sugiere no caer en extremos con respecto a la actitud hacia el propio cuerpo: ni resignación ni temeridad.

Lo primero lleva a rendirse muy pronto y a apoltronarse; lo segundo es la negación de los cambios, la no aceptación de las limitaciones. Los temerarios niegan que el cuerpo haya cambiado y eso los puede llevar a correr riesgos.
La verdadera autonomía determinará la diferencia entre una vejez vibrante y una vejez gris.
Una medida prudente es adaptar la casa para reducir los riesgos en el hogar. Poner barandillas adicionales en las escaleras, iluminar bien toda la casa, colocar alfombras antideslizante o elimnarlas todas, reformar el baño, guardar los objetos a altura accesible. etcétera. También se puede pedir a un vecino o vecina que llame por teléfono si no ve luces encendidas en la casa, hacer las compras por delivery, entre otras medidas.
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Para la autonomía física el movimiento no es negociable. Mantener el cuerpo activo pero de formas adaptadas a la capacidad de cada uno. Y la clave es hacerlo con regularidad.
Se debe mantener la salud cognitiva tanto como la física. Para esto es útil aprender cosas nuevas. El cerebro se mantiene ágil cuando se lo desafía con novedades, dice Puig. No hay que negarse a la nueva tecnología. Dominar lo básico permitirá por ejemplo hacer videollamadas con familiares o amigos, comprar online, realizar trámites desde la casa, y acceder a otros servicios. Todo ello permite tener un mayor control sobre la propia vida.
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Cuarto pilar
Nuestra vida activa está organizada en torno a dos ejes principales: trabajo y familia. Cuando nos retiramos, cuando los hijos se van de la casa, esos dos ejes que estructuraron nuestra vida y sobre los cuales construimos nuestra identidad desaparecen y ello puede desatar una crisis existencial.
Por eso, dice Puig, hay que trabajar en ello antes de que llegue ese momento. Debemos tener un propósito que llene nuestras vidas. Lo importante no es la magnitud de la tarea sino identificar algo que nos interese ya sea en el ámbito del arte, de la naturaleza, de la historia, de la tradición, de la justicia social, de la preservación de las tradiciones y un largo etcétera.
Hay que encontrar cómo contribuir en esas áreas de formas que sean realistas, es decir adecuadas a nuestras posibilidades.

La clave, dice Puig, es encontrar el punto de intersección entre lo que te importa, lo que sabes hacer y lo que es posible en tus circunstancias.
“Es la oportunidad para reinventarse. Para demostrar que eres una persona viva, capaz de descubrir nuevas facetas de tí mismo”, señala Puig.
El propósito se cultiva, se reinventa, agrega. Y para reinventarse, hay que salir de la zona de confort, estar dispuesto al error.
Y advierte: “Si todos tus días son sofá y TV, es la muerte lenta del alma...”
Quinto pilar
El último consejo del especialista concierne a lo que llama “la parte incómoda”, es decir, prepararse para cuando las cosas se pongan difíciles, lo que es inevitable.

Si la actitud de la persona es de negación total, los problemas lo encontrarán desprevenido.
Pero tampoco hay que caer en el enfoque contrario, que es la obsesión y que genera ansiedad constante, y es una forma de desperdiciar la vida, sostiene.
Se trata por lo tanto de prepararse sin obsesionarse. Se deben dejar instrucciones claras y accesibles en lo que concierne a los asuntos legales y financieros. Hay que redactar testamento, un poder para que otros decidan por uno llegado el caso e instrucciones sobre qué tratamientos se aceptarán o no de ser necesarios alguna vez.
Si todo esto no se deja arreglado, otros decidirán por uno. También sugiere Puig tener un plan B, C y D para las diferentes situaciones que puedan presentarse.

¿Querremos ir a una residencia en algún momento, de ser necesario? ¿Podremos solventar cuidados en casa? ¿Nos cuidarán nuestros hijos? ¿Estaríamos dispuestos a compartir casa? Preguntas que pueden resultar incómodas pero que son necesarias.
Si la persona responde con tiempo a estas opciones, podrá elegir; pero si no lo hace, otros decidirán en su lugar.
También hay que tener profesionales de salud de confianza a quienes apelar.
Aceptar la mortalidad permite concentrarse en lo importante, dice Puig.
Conclusiones
Esta es una etapa en la cual se puede vivir con libertad, concluye Puig, haciendo lo que a uno le gusta, disfrutando, y no es egoísmo.
Sin embargo, recapitula: esa libertad se puede disfrutar si se tiene una red de apoyo, si sabemos estar bien con nosotros mismos, si mantenemos autonomía, tenemos un propósito y nos preparamos para la partida.

Sin eso, la libertad equivale a aislamiento, la soledad es desesperación y el tiempo es vacío, dice.
Si se desarrollan los cinco pilares sugeridos por Puig, se podrá gozar de una vida de adulto mayor conscientemente elegida y profundamente valiosa. Con realismo señala que se debe empezar de a poco, aunque con constancia.
Puig subraya la importancia de la riqueza del mundo interior que así se desarrolla, y advierte que cada día que pasa sin trabajar en al menos alguno de estos cinco pilares es un dia perdido.
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