“Las cartas que no jugamos son conversaciones que postergamos”: la lección de vida de una abuela de 92 años y su nieto

Durante un fin de semana largo, una partida de chinchón entre un mediador y su abuela derivó en una profunda reflexión sobre el tiempo, el protagonismo de las personas mayores y la urgencia de dejar de mirar la longevidad desde la pérdida.

Las cartas que no jugamos por Jorge Yunes
Jorge Yunes y su abuela, de 92 años, durante la partida de cartas en la que la edad deja paso al juego y la complicidad.
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Las manos de su abuela sostienen las cartas sobre la mesa. Hay movimiento en la fotografía y no es un accidente. Jorge Yunes quiso que quedara registrado así: esas manos todavía se mueven, buscan una carta y pueden equivocarse, ganar, perder y volver a jugar.

Ella pasó hace dos años la barrera de los 90. Durante un fin de semana largo, Jorge Yunes volvió a sentarse frente a ella para jugar a las cartas. Mientras la partida avanza, aparece otra conversación: qué significa envejecer, qué miramos cuando miramos a una persona mayor y cuánto de aquello que creemos perder termina ocupando el lugar de todo lo que todavía está.

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Jorge es mediador y abogado. Trabaja en la intersección entre neurociencia, derecho y creatividad y suele pensar la conversación como una herramienta de trabajo. En sus textos también vuelve sobre esa idea: escuchar, mirar, validar, hacer pausas, hospedar al otro. Luego de la partida, escribió la experiencia en LinkedIn y aquel día, su abuela fue la abuela de todos.

Jorge Yunes planteó que la forma de mirar la vejez puede encerrar más de lo que revela y cuestiona una mirada de la vejez centrada en la pérdida. En su texto, centrado en los días que pasó con María, su abuela, el mediador afirmó que en la mesa de cartas deja de importar la edad y quedan dos personas que piensan, discuten, se ríen y siguen jugando.

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Las cartas que no jugamos por Jorge Yunes
La historia de María Brunet invita a desarmar la mirada paternalista para construir relaciones de protagonismo mutuo.

“Las cartas que no jugamos son conversaciones que postergamos. Conversaciones que decidimos no tener”, escribió.

La tesis gira alrededor de la longevidad como tiempo, como espacio de presencia, de escucha y de palabra compartida. “No todo es lindo, no todo es feo, pero todo es conversable”, señaló al describir el vínculo con quien habla incluso de la muerte cuando ella decide abrir ese tema.

El punto de partida es una revisión de su propia percepción. Contó que, al pensar en personas mayores que él, muchas veces mira la adultez desde lo que supone perdido: “la memoria, la velocidad, la autonomía, capacidades, intereses, ánimo, aliento”.

“Sin darme cuenta termino construyendo mi mirada con énfasis en el déficit”, escribió.

Después contrapuso esa idea con lo que observó durante el fin de semana largo junto a su abuela: “Envejecer puede ser interesante también”.

Jorge Yunes, abogado. Cómo convivir con tu abuela de 90 años
Jorge Yunes de bebé, en brazos de su abuela María.

La argumentación se apoya en hechos cotidianos. Según relató, ella puede seguir pensando, opinando, haciendo chistes, recordando historias, preguntando por la facultad y por la familia, además de contradecirlo y enojarse cuando él corta rápido la mano y ella queda con cartas grandes.

La mesa de cartas como cambio de mirada

Ese cambio de enfoque aparece resumido en una escena que repite a lo largo del texto: las manos de su abuela sobre la mesa. “Las mismas manos que alguna vez hicieron tantas cosas que yo no vi, las manos que me tuvieron upa y que hoy todavía pueden barajar, elegir una carta, hacer una jugada, equivocarse, ganar, perder y, sobre todo, seguir jugando”.

“Cuando jugamos a las cartas no estoy haciendo una actividad ‘para entretenerla’, estoy abandonando mis otras actividades para jugar junto a ella. Quiero ganarle. Ella también quiere. Somos dos personas jugando”, escribió.

Para el autor, la diferencia es que escuchar a una persona mayor no alcanza si esa escucha no incluye su capacidad de iniciativa, discusión y deseo: escuchar a una persona mayor no alcanza si esa escucha no incluye su capacidad de iniciativa, discusión y deseo.

Jorge Yunes, abogado. Cómo convivir con tu abuela de 90 años
Junto a María Brunet, la mesa se convierte en un territorio donde se comparte el juego, el humor y también las charlas sobre la muerte.

“Durante unas horas la palabra ‘vejez’ desaparece de la mesa”. Lo que queda, en su relato, es una relación entre pares dentro de un juego compartido, con espacio para la risa, la discusión por una jugada y hasta la trampa.

Yunes explicó que esa experiencia dialoga con su oficio de mediador. Dijo que en sus editoriales viene insistiendo en “escuchar, mirar, validar, hacer pausas y hospedar al otro”, y agregó que hoy piensa que una buena conversación “es más que escuchar a una persona mayor, es también reconocer su protagonismo”.

Otro de los ejes del texto es la risa. Yunes contó que su abuela se ríe de sus chistes, hace los suyos y a veces “simplemente se ríe porque sí”, y vinculó esa observación con las ideas de Arthur C. Brooks sobre felicidad y segunda mitad de la vida.

Según explicó, lo que le interesa de esa mirada es la distinción entre producir humor y ser capaz de disfrutarlo. “La felicidad, sostiene a partir de la investigación que reúne, está más relacionada con esta segunda capacidad: con poder encontrar algo gracioso, disfrutarlo y permitirnos reír”, escribió.

Esa referencia le permite reforzar una idea central: el bienestar no queda cancelado por la edad ni se reduce a indicadores de deterioro. En su texto, la risa aparece como una forma de vitalidad presente, no como una nostalgia de lo que ya pasó.

El humor como una capacidad de bienestar, no como un detalle accesorio

Yunes aclaró que no quería escribir solo sobre longevidad. “Quería escribirla sobre el tiempo. Sobre el que tenemos, sobre el que creemos tener y, especialmente, sobre ese tiempo que dejamos pasar convencidos de que alguna vez podremos recuperarlo”, afirmó.

Para el autor, esas “cartas que no jugamos” son también vínculos, palabras y momentos a los que no se entra por mirar primero la falta.

En ese punto retomó una editorial de 2024 sobre los arrepentimientos más frecuentes al final de la vida, a partir del trabajo de Bronnie Ware. Mencionó cinco: haber vivido demasiado según las expectativas de otros, haber trabajado demasiado, no haber expresado sentimientos, haber descuidado vínculos y no haberse permitido ser más feliz.

La relación entre ambos textos es directa. Si aquella reflexión invitaba a no esperar a la muerte para descubrir qué era importante, esta nueva escena con su abuela empuja a actuar antes: hablar, visitar, sentarse a jugar y sostener la conversación mientras sea posible.

Jorge Yunes, abogado. Cómo convivir con tu abuela de 90 años
Vocación y escucha: Jorge Yunes —mediador, abogado y estudiante de psicología— analiza el vínculo con María Brunet desde la empatía y el diálogo.

Yunes señaló que el tema no aparece con frecuencia, pero cuando su abuela quiere hablar de la muerte, hablan. Esa decisión forma parte de una lógica más amplia: no separar los asuntos difíciles del espacio cotidiano de conversación.

“Cuando ella quiere hablar de lo que yo siento o de mis tristezas, hablamos”, escribió. La frase resume una reciprocidad que atraviesa todo el texto: no se trata solo de acompañarla a ella, sino también de dejarse alcanzar por sus preguntas y por su disposición a seguir proponiendo una conversación.

Esa insistencia en la palabra compartida termina por redefinir la escena inicial de las cartas. El mazo ya no es solo un juego, sino una metáfora de las posibilidades todavía abiertas en un vínculo donde el tiempo es finito y, por eso mismo, más visible.

“No sé cuántas cartas quedan en el mazo. No sé cuántas partidas más voy a jugar con mi abuela. Y justamente por eso esta tarde me parece tan importante”, escribió Yunes.

La historia de estas cartas llegó hasta mí de una manera inesperada. Leí el texto de Jorge Yunes en LinkedIn y le propuse convertir aquella reflexión en una historia. Ya nos conocíamos. Nos habíamos cruzado en Nueva York, en marzo de 2024, haciendo una extensa cola frente a los estudios de la NBC para intentar entrar como reidores al programa de Jimmy Fallon. Aquel día teníamos los números 17 y 18. Esperamos, entramos y terminamos compartiendo unas horas de televisión, aplausos y conversaciones entre argentinos que se habían encontrado lejos de casa.

Una noche en el programa de Jimmy Fallon
Yunes junto al autor de la nota, a quienes una fila en los estudios de la NBC unió antes de reencontrarse a través de esta historia.

Tiempo después, cuando le propuse trabajar sobre su texto y la anécdota de las cartas con su abuela, Jorge me mandó un audio. Acababa de correr su primera media maratón. Hablaba de las lágrimas que aparecieron al cruzar la llegada, de la sensación de haber podido hacerlo solo y de una idea que todavía estaba intentando ordenar: durante la carrera había esperado, casi sin darse cuenta, encontrar a alguien en la meta. Pero no había nadie.

“Hoy no esperé a nadie. Me abracé a mí mismo y lloré”, dijo.

Después contó que había pensado mucho en esa escena. En los miedos. En el propósito. En la confianza. En su padre, que murió de cáncer a los 46 años, y en el hecho de que él estaba corriendo su primera media maratón a los 47.

Un corredor con remera gris y el dorsal 26708 sonríe en una calle con otros competidores y el Obelisco de Buenos Aires al fondo
La experiencia deportiva y la mesa de cartas se entrecruzan en una misma certeza: los afectos siempre acompañan, incluso a la distancia.

Escuché el audio y le respondí algo que, mientras escribía esta historia, adquirió otro significado: siempre hay alguien en la meta, aunque no lo veamos.

Ahora, después de escuchar cómo habla de su abuela, después de imaginar sus manos sosteniendo las cartas, después de saber que cumplió 92, que perdió movilidad y que necesita oxígeno, pero que todavía conserva intacta esa capacidad de conversar, de pensar, de hacer un chiste y de enojarse cuando su nieto le gana al chinchón, aquella frase vuelve.

Quizás las personas que nos esperan en la meta no siempre están allí físicamente. Quizás algunas están en una casa, alrededor de una mesa, sosteniendo unas cartas. Quizás otras aparecen en la memoria, en una conversación pendiente o en una voz que llega por un audio después de correr.

Pero después de escuchar su historia, cuesta pensar que alguien corre completamente solo. Como cuesta pensar que una partida termina cuando se levanta el mazo.

Todavía quedan cartas. Todavía quedan conversaciones. Y, a veces, todavía hay alguien esperando en la meta, aunque todavía no sepamos verlo.

Jorge Yunes, abogado. Cómo convivir con tu abuela de 90 años
Más allá del cuidado o la tutela, la partida de cartas funciona como un espacio de conversación entre iguales.

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