
Una revisión de 14 estudios realizada por investigadores de la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP) y la Universidade Federal de São Paulo (UNIFESP) concluyó que los relojes y pulseras inteligentes de uso comercial tienen potencial como herramientas para monitorizar determinados indicadores de salud y movilidad en personas de 60 años o más, aunque la revisión no demuestra que su uso produzca por sí mismo mejoras en el estado físico o prevenga enfermedades.
El artículo fue publicado online el 9 de agosto de 2025 y apareció en el volumen de enero de 2026 de la revista Disability and Rehabilitation: Assistive Technology, la revisión examinó dispositivos de muñeca como relojes inteligentes y pulseras inteligentes utilizados por mayores de sesenta años. Según el estudio, esos equipos fueron evaluados para medir actividad física, analizar el sueño, estudiar patrones de marcha y movilidad, identificar riesgo de caídas y detectar fibrilación auricular.
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Los autores concluyeron que estos dispositivos comerciales se perfilan como herramientas para monitorear salud y movilidad en adultos mayores. El trabajo, de todos modos, es una revisión de alcance: ordena y sintetiza la literatura existente, pero no prueba que usar un reloj inteligente produzca una mejora clínica directa.

La evidencia se concentra en actividad física, sueño, marcha, caídas y fibrilación auricular
La revisión se basó en búsquedas en cuatro bases de datos: PubMed, Scopus, Web of Science e IEEE Xplore. Los investigadores incluyeron estudios originales, revisados por pares, publicados en inglés y centrados en personas de sesenta años o más que usaran dispositivos comerciales de muñeca.
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De los 14 trabajos analizados, seis procedían de Estados Unidos, tres de Canadá, dos de Corea del Sur y uno de Irlanda, Italia y Australia. Los tamaños muestrales oscilaron entre 15 y 120 participantes, una heterogeneidad que, según el propio artículo, limita la generalización de los resultados.
Los estudios revisados cubrieron diseños diversos: un piloto, uno transversal, un ensayo controlado aleatorizado, un estudio cruzado, cinco validaciones y cinco observacionales. El artículo señala limitaciones metodológicas repetidas, entre ellas muestras pequeñas, intervenciones breves y, en algunos casos, ausencia de enmascaramiento.
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En total se analizaron 10 dispositivos de cinco marcas: Fitbit, Garmin, Samsung, Mobvoi y Fossil Group. La revisión advierte que el predominio de modelos populares en ciertos mercados puede restringir la extrapolación a regiones donde se usan otros equipos o donde cambian las funciones disponibles según la configuración local.
En cuanto a los usos concretos, un estudio se centró en la predicción del riesgo de caídas, dos en la detección de fibrilación auricular, dos en el análisis de la marcha, dos en la movilidad mediante GPS, tres en parámetros de actividad física y cuatro en aceptabilidad del dispositivo. Otros cuatro investigaron variables de sueño.
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La revisión detectó límites metodológicos y de acceso a datos
El artículo destaca que los relojes inteligentes mostraron validez para clasificar tipos de marcha, contar pasos y seguir movilidad en condiciones de vida cotidiana. También registró resultados favorables en la detección de pulsos irregulares vinculados con fibrilación auricular y en el seguimiento de sueño y frecuencia cardíaca.
Aun así, los autores subrayan vacíos importantes. Entre ellos figuran la escasa representación de adultos mayores frágiles o con deterioro cognitivo, la falta de estudios longitudinales y la ausencia de protocolos estandarizados que permitan comparar resultados entre investigaciones.
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Otro límite señalado es la dependencia de algoritmos propietarios. La revisión indica que muchos dispositivos comerciales no ofrecen acceso transparente a los datos en bruto, lo que dificulta la reproducibilidad, la personalización de análisis y el desarrollo de herramientas adaptadas a las necesidades específicas de los adultos mayores.
El trabajo también menciona preocupaciones por seguridad y privacidad, ya que estos dispositivos suelen compartir información en varias plataformas. Para los investigadores, ese punto puede convertirse en una barrera de adopción si no se acompaña con cifrado robusto y configuraciones de privacidad comprensibles para el usuario.
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La revisión agrega un sesgo potencial: solo incluyó estudios publicados en inglés. Esa decisión metodológica, explican los autores, pudo haber dejado afuera investigaciones relevantes en otros idiomas sobre dispositivos vestibles y envejecimiento.

El avance tecnológico convive con desigualdades de actividad física y con desinformación
El interés por estas herramientas aparece en paralelo a un aumento de la actividad física entre adultos. Según BBC Sport, una encuesta de Sport England indicó que el 64,4% de los adultos en Inglaterra cumplió entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 con la recomendación oficial de 150 minutos semanales de actividad física.
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Ese nivel fue el más alto registrado y equivale a 859.000 adultos más que en los datos del año anterior. La agencia atribuyó parte de ese crecimiento al avance del running y de las actividades de gimnasio y fitness, mientras los deportes de equipo se acercan a niveles de hace nueve años y la natación se estabiliza.
La misma fuente advirtió, no obstante, que persisten desigualdades. Las personas negras y asiáticas, los adultos mayores, quienes viven con discapacidad, los sectores de menores ingresos y las mujeres siguen mostrando menores niveles de actividad.
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Simon Hayes, director ejecutivo de Sport England, resumió esa tensión en una frase citada por BBC Sport: “Es muy bueno ver un crecimiento sostenido en la cantidad de personas que practican actividad física, con más adultos que nunca disfrutando del beneficio de hacer deporte y moverse, pero el informe de hoy también muestra que este progreso todavía no se siente de manera igual”.
A ese panorama se suma otro riesgo: la desinformación. Una investigación de BBC Sport publicada el 7 de mayo de 2026 identificó anuncios de entrenamiento con personajes generados por inteligencia artificial que prometían transformaciones físicas incompatibles con la evidencia científica y que, en algunos casos, ni siquiera informaban que esas figuras no eran reales.
Para una población que busca orientación sanitaria en internet, el contraste es directo. La tecnología de muñeca puede servir para vigilar movilidad, sueño, pulso o actividad diaria, pero el mismo ecosistema digital también puede amplificar mensajes falsos sobre salud y ejercicio.
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