Natalie Weber es modelo, panelista de Pasó en América e Intrusos y una figura mediática que construyó su perfil entre las pasarelas, la televisión y la exposición de su vida personal. Sus primeros pasos fueron en el modelaje, ámbito en el que empezó a ganar visibilidad antes de desembarcar en los medios, donde con el tiempo consolidó un lugar como comentarista y personalidad del espectáculo.
En el plano sentimental, su historia con el ex jugador Mauro Zárate ocupa un lugar central. Se conocieron a través de redes sociales, cuando él se contactó con ella sin que, en un primer momento, Natalie supiera que era futbolista. La relación avanzó pese a los prejuicios iniciales que ella tenía sobre ese ambiente y con los años formaron una familia. Están juntos desde hace más de una década y tienen dos hijos, Mía y Rocco. A lo largo del tiempo, Weber contó detalles de la intimidad de la pareja, incluida la terapia que hicieron para mejorar la convivencia.
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Uno de los capítulos más difíciles de su vida fue su diagnóstico de cáncer de mama. Natalie relató el impacto que le produjo recibir la noticia y el miedo que sintió, sobre todo por sus hijos, en especial porque uno de ellos era todavía un bebé. También habló del acompañamiento de Mauro en ese proceso. Más adelante, cuando la enfermedad reapareció, decidió someterse a una mastectomía doble y luego a una reconstrucción.

Acá, los momentos más detacados de la charla:
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“Soy consciente de que mi papá no me elige”
—Mi papá se fue cuando yo tenía siete años; se separaron y al año él se fue a vivir a Miami. Fue un padre ausente, casi abandónico, porque he estado años sin saber de él. Se desentendió por completo de mis hermanos y de mí también. Obviamente, la más afectada era yo porque era la más chica. La verdad que lo necesité, pero tuve una mamá tan fuerte. Fue mamá y papá al mismo tiempo. Ella quedó muy lastimada emocionalmente, se secó las lágrimas y siguió adelante por nosotros. Por eso, para mí, mi mamá es todo, todo en este mundo. Y todo lo que soy, se lo debo a ella, también. Mis papás se separaron en un momento donde no era habitual que los padres se separaran. Entonces yo era “la de los padres separados”, ¿viste? Yo nunca tenía un plan con él, ni siquiera un llamado.
—¿Cómo fue el primer encuentro, después de tantos años sin verse?
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—Yo tenía veintidós. Cuando lo vi me desarmé. Lo abracé, me puse a llorar y cuando lo terminé de abrazar sentí que era un extraño. ¡Y es que era un extraño! Tantos años sin verlo, ¿viste? No alcanzó ninguna explicación. El tiempo perdido no se recupera. El me pedía perdón tan livianamente y para mí había sido un dolor tan grande, durante toda mi adolescencia que yo decía: “¡Te quiero ver llorar! ¡No te veo arrepentido!“.
—Trató de hacer las cosas bien en el tiempo que le quedaba.
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—Tampoco tanto, se fue a vivir de nuevo a Ecuador. O sea, él es nómade. Ahora no me entiende mucho cuando le hablo, pero yo siempre le dije: “Vos no estabas preparado para tener hijos”. Y tuvo tres. Y hace dos años atrás, su última pareja decidió no continuar más con la relación, y él se vino para acá enfermo. Hoy está con nosotros.
—Te toca cuidarlo.
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—Hoy me toca cuidarlo y mantenerlo, sí. Me toca ser como su mamá, en un punto. Yo soy consciente que él no me elige.
—Ay, Natalie, por favor.
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—No, en serio. Si su pareja no hubiera decidido terminar la relación, él no hubiera vuelto. Yo me voy a quedar más tranquila el día de mañana cuando él no esté; que a pesar de todo, considero que soy una buena hija.
“Mauro está muy orgulloso de mí y eso me emociona porque durante toda su carrera yo estaba orgullosa de él”
—Los primeros años, cuando estás con un jugador de fútbol y sos mamá, hacés todo vos.
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—Solita, aunque la gente piensa que es un mundo glamoroso y divino...
—Pasa que la gente se guía mucho en la parte económica, pero hay un montón de grises. Los primeros años se cuidan las piernas de él.
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—Claro, que descanse bien, que coma bien, que tenga tiempo para entrenar.
—Tal cual. Si pasa algo en la concentración, él no se entera hasta que termina el partido.
—¿No se entera?
—No, no. Si la nena levantó fiebre y hubo que internarla o algo, no se le dice hasta que no termina el partido. Obviamente, todo el mundo se fija en la parte económica, pero es muy sacrificado el fútbol también.
—Les tocó vivir en otro país, ¿por qué eligieron volver a Argentina?
—De hecho, nos tocaron lugares muy lindos así que yo estaba fascinada, pero queríamos que los chicos se críen con primos y con sus abuelos. Allá estás todo el tiempo solo.
—Y vos estás sola también...
—Somos nosotros y cada tanto viaja tu mamá o una amiga o un hermano, pero los chicos no tienen primos, ¿viste? Que queríamos que ellos sean familieros, eso nos tiraba bastante hacia Argentina.
—¿Te hubiera gustado hacer otra cosa esos años que lo estuviste acompañando en su carrera?
—Tengo que admitir que fui bastante vaguita cuando estaba con él. Me dediqué a la familia y lo disfruté.
—A veces es lo que el deportista de élite necesita, esa seguridad y esa tranquilidad también.
—Y además él necesita la contención, llegar a casa y que esté la familia. Por eso son papás de muy jóvenes, forman familia siendo muy chicos. El jugador necesita esa estabilidad en la casa, así que en ese sentido fui media vaga pero no me arrepiento porque estuve todo el tiempo con mis hijos.
—Y hoy estás brillando en dos programas y tenés un nombre propio.
—Sí. Al principio a él le costó un poquito, pero la verdad que me apoya muchísimo. Está muy orgulloso de mí. Y eso me emociona porque, obviamente, durante toda su carrera yo estaba orgullosa de él. Y hoy estoy al aire y él me mira y tal vez me dice algo respecto a lo que estoy diciendo, o sea, está conectado con mi trabajo y eso está bueno. Eso habla de un buen compañero.

“La terapia de pareja tampoco hace magia, hay que pensar ‘Te sigo eligiendo’”
—A la terapia de pareja uno tiene que ir siempre y cuando tenga ganas de seguir. Mientras sigas pensando “Te sigo eligiendo”, porque la terapia tampoco hace magia.
—¿Hace cuántos años que están juntos con Mauro?
—Diecisiete.
—¿Y qué estaba pasando? ¿Por qué necesitaron dar ese paso?
—A nosotros nos cambió la vida en un montón de aspectos. Al principio era él el que estaba trabajando. Después, obviamente, viene todo lo que es el duelo de dejar el fútbol, al jugador eso le pega bastante. Él tuvo dos pérdidas muy importantes en muy poco tiempo. Y además yo empecé a trabajar, ¿viste? Son diferentes etapas en la pareja en que a veces te desencontrás y ahí está bueno tener como un réferi. A veces pasa que cuando estás tanto tiempo en pareja dejas de escuchar al otro, ¿viste? Lo conocés tanto que a veces, a mí también me pasa que digo “Ya sé lo que va a decir” y no lo escuchás. Y esa falta de escucha puede generar crisis, rupturas, desencuentros. Y la verdad que a nosotros nos hizo muy bien.
—Que no se pierda la mirada del otro.
—Tal cual.
“No, eso de que olí un calzón es mentira, lo dije en joda”
—Contaste una vez que hasta oliste calzoncillos. ¡Por favor te lo pido, Natalie, ¿cómo llegaste a tanto?!
—Una vez lo dije, pero en chiste, y quedó.
—¿No oliste calzoncillos?
—¡No, me moría del asco, ¿oler un calzón?! Lo dije una vez en joda y me acuerdo que cuando fui a lo de Mirtha, Moria me lo dice. Yo ni me acordaba que había dicho eso y para no decirle a Moria que no...
—Le seguiste el juego, pero no llegaste a tanto.
—Exacto.
—¿Axila oliste?
—No, cuellito de camisa y de remera sí olí para ver si había perfume de mujer. Son los tips que nos damos entre las amigas. Que se cambie la ropa cuando llega a casa.
—¿Cómo que se cambie la ropa?
—Claro, “¿por qué te sacas la ropa?“, “No, porque transpiré”.
—¿Por qué transpiraste?
—Raro, raro. Le decís: “Ay, ¿me prestás un toque el celular?" “Sí, sí”. Y tarda tres segundos. Es porque está borrando algo o está poniendo modo avión o algo raro. Y otra cosa, si cuando le pedís “mándame ubicación”, tarda en mandártela o te dice “No, no...”
—Pero ya decirle a un hombre “mandame tu ubicación” es como raro, ¿no?
—No, pero ahora ya no la pido...
—¿Hubo un momento que Mauro mandaba ubicación?
—Sí, claro.
—Pero ¿por qué?
—Porque sí. Al principio era muy celosa yo. Ahora ya estoy más tranquila, pero al principio yo era chica y él jugaba en la Lazio, en ese momento.
—¿Le encontraste mensajes jugados de mujeres?
—Sí, y del medio también, y que sabían que yo ya estaba con él.
—¿Y qué le mandaban?
—Una le pone “Sos más lindo en persona...” Lo había visto conmigo en un restaurante, por eso sé quién es.
—¿Lo ve con su mujer y le manda eso?
—Le manda a mi novio conmigo, sí.
—¿Era rubia o morocha?
—(Ríe) Morocha.
—¿Actriz conocida?
—Sí, conocida, pero actriz no. Nosotros tenemos un código con Mauro que cuando a mí me escribe alguien de su ámbito o a él le escribe alguien del mío, nos lo contamos.
—¿Después de eso no escribió más?
—No. No, no que yo sepa. Igual creo que la bloqueó. Pero hubo también otras antes.
—¿Y qué le ponían las otras?
—“¡Qué lindo que sos!“ o cuando hacía un gol le mandaba ”¡Ay, qué golazo!”.
—¡¿Qué pasa con las mujeres, no?!
—Sí, por eso hay que relajarse.
—Las sororas.
—Tal cual. Además, después son las primeras en hablar. Por eso hay que tranquilizarse, pero tampoco relajarse del todo, ¿viste? Son diecisiete años...

“En el 2016 perdí un embarazo y me detectaron cáncer, pensé que iba a morir”
—En el 2016 pierdo un embarazo en junio y en julio me entero que tengo cáncer de mamas.
—¿Qué pensamientos se te cruzaron por la cabeza?
—Que me iba a morir. Nunca pensé que me iba a poder curar. En ese momento la palabra “cáncer” a mí ni se me ocurría. Treinta años, cáncer, me parecía algo que no podía pasar o que pasaba una vez cada tanto. Entonces cuando se me detectó dije “No, listo, chau, me voy a morir”. Y tenía un bebé de cinco meses. Era muy loco porque, en ese momento, hacía cinco meses yo estaba dando vida y ahí estaba luchando contra la muerte.
—Y tenías tres tumores.
—Sí, tres tumores, muchas microcalcificaciones, y me dijeron: “Bueno, cuando terminás todo el tratamiento, en seis meses nos vemos”. Y vos te sentís como desnuda en ese momento, porque decís: “Pará, si tenía riesgo de muerte, ¿y ahora no tengo que hacer nada por seis meses?”. Y a los seis meses, cuando volví a mi primer control, había vuelto.
—Era enfrentarte a eso por segunda vez...
—A ver, la primera vez había tenido mucho miedo. No te voy a decir que me lo tomé mejor, pero dije: “Bueno, ¿qué queda por hacer?”. Ahí me plantearon una mastectomía bilateral y no tuve ningún problema en hacérmela.
—¿Cómo es el proceso?
—Te vacían las dos mamas. En este caso yo estaba indicada en una, pero mi médico siempre me decía: “Si bien no son gemelas, son hermanas, no te puedo asegurar que el día de mañana no me vengas con un bulto en la otra”. Yo en ese momento lo único que quería era ver crecer a mis hijos y dije: “Lo estético después veo”, lo más importante era que yo tenga vida. Por suerte salió todo bien. No tuve que volver a hacer tratamiento, pero obviamente sigo con controles cada seis meses.
—¿Y la reconstrucción de esa parte del cuerpo, tan significativa?
—Es un tema. La primera vez que me miré al espejo casi me muero porque no me reconocí. Intentaba no mirarme. Cuando me iba a bañar me ponía de costado y entraba a la bañera sin mirarme al espejo. Hasta que más o menos no me sentí preparada elegí no mirarme.
—¿Y hoy cuando te mirás...?
—Estoy orgullosa de mis cicatrices porque hablan de una lucha y eso a mí me enorgullece. Y a mí me hubiera gustado que alguien hablara de esto en la tele en ese momento; yo estaba en mi casa muerta de miedo y me hubiera gustado una persona joven que me diga “Che, va a estar todo bien, mirá cómo estoy”. Por eso son más que nada mis mensajes.
“A Mauro le agradecí por elegirme. Me sentía culpable por estar enferma”
—En junio de 2016 pierdo un embarazo y en julio me entero que tengo cáncer de mamas. Recibí el diagnóstico, corté el teléfono y me fui al jardín de mi casa a sentir algo que nos pasa todos los días y no le damos bola: el viento en la cara. Y yo decía, “qué lindo y lo quiero seguir sintiendo”. Y ahí te das cuenta que las cosas más importantes son las que no tienen precio, que las tenés todo el tiempo con vos y no las valorás. Y ahí empezás a valorar todo muchísimo más. Te dejás de preocupar... no sé, por tonterías o te dejás de amargar porque le prestás atención a las cosas que realmente son importantes: la salud, los afectos, estar sano. A Mauro le agradecí por elegirme en ese estado, porque yo en un punto me sentía culpable por lo que estaba teniendo. Decía: él no merece tener una mujer así de enferma, ¿viste? Obviamente lo traté en terapia, porque no era así. Pero en ese momento se te cruzan tantas cosas por la cabeza, me ponía en el lugar de mi hija, en el lugar de mi mamá o de Mauro. Yo muchas veces prefería ponerme en el lugar del otro que pensar en mí. Y él nunca lloró delante mío. Él y mi mamá fueron unos pilares muy importantes para mí en ese momento. Los dos fueron mi fuerza.
—¿Y después te enteraste que sí habían llorado en otras ocasiones o detrás?
—¡Ay, sí, sí! Llegó un momento que me hablaban como si fuera una gripe y yo decía “Paren, yo sé que hay que descontracturar”, yo soy re de desdramatizar. De hecho soy una mina que hace chistes hasta con la enfermedad que tuve, pero tampoco hablen como si fuera una gripe. O sea, siento que me están boludeando.
—Se hacían los fuertes.
—Claro. Y después me enteré que cuando me operé, las seis, siete horas que duró la cirugía, estaban los dos llorando a cántaros, pero delante mío nada, no me demostraban nada. Se mostraron muy fuertes.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Gustavo Gravotti
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