
La economía plateada ya mueve USD 4,2 billones al año y concentra cerca del 27% del consumo mundial, pero en la Argentina el envejecimiento sigue bajo una lógica de ajuste, según planteó el economista Gustavo Rodolfo Reija. Su diagnóstico ubica la tensión central en un contraste: mientras el mundo redefine la longevidad como mercado, innovación y reorganización productiva, el país la sigue tratando como un costo fiscal.
En diálogo con Infobae, Reija sostuvo que la Argentina ya tiene la base demográfica para insertarse en ese negocio: el 16% de su población, unos 7,4 millones de personas, tiene 60 años o más, y las proyecciones del el INDEC llevan esa proporción a cerca del 25% hacia 2050. Añadió que, hacia 2040, habrá más adultos mayores que niños.
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El economista describió un cambio de enfoque que, según dijo, ya recorre foros internacionales. “La economía plateada es la nueva economía verde”, afirmó, al resumir una idea que, a su juicio, domina la discusión en el mundo desarrollado: el envejecimiento dejó de verse como un problema demográfico y pasó a entenderse como una oportunidad de mercado del siglo.
Reija definió ese universo como el conjunto de actividades ligadas a la longevidad: salud, bienestar, vivienda adaptada, servicios de cuidado, turismo, tecnología para mayores y servicios financieros de largo plazo. En esa línea, citó la fórmula del economista británico Andrew Scott: la longevidad “no es un costo a contener, sino un activo a gestionar”.
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Argentina envejece con velocidad regional, pero responde con recortes
El economista sostuvo que el país combina una estructura demográfica de sociedad envejecida con políticas que reaccionan ante ese dato con poda del gasto. “Esa transición, que en Japón, Corea o Europa se procesa como una oportunidad industrial, en la Argentina se lee casi exclusivamente como un pasivo fiscal”, señaló al diario.

Para Reija, esa lectura se refleja en los datos del primer semestre de 2026. Aunque el gasto en jubilaciones subió 1,2% real interanual, los haberes mínimos con bono cayeron 5,3% en términos reales por el congelamiento del complemento de $70.000 desde marzo de 2024.
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Sumó otro dato sobre el sistema de protección. Las pensiones no contributivas retrocedieron 6,8% real y la asistencia del Tesoro al PAMI cayó cerca de 30% en términos reales.
El economista detalló que, detrás de esos promedios, la estructura social del envejecimiento ya muestra una escala definida. De los 7,4 millones de mayores, unos 750.000 no cobran jubilación, 3,1 millones perciben el haber mínimo y cerca de la mitad no accede a seguridad alimentaria básica.
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Reija habló sobre una contradicción de fondo: el mismo grupo etario que en otras economías es visto como consumidor, usuario de tecnología y eje de nuevos servicios, en la política argentina aparece como una partida “a licuar”. En su interpretación, allí está “la miopía de siempre, aplicada a un fenómeno nuevo”.
La longevidad ya organiza mercados globales de salud, tecnología y cuidados
El economista explicó que la economía plateada no se reduce a geriátricos ni asistencia social. “Un mundo donde vivir hasta los noventa se vuelve norma no necesita solo más geriátricos; necesita rediseñar el trabajo, el ahorro, el consumo y la innovación en torno a vidas más largas”, afirmó.
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Ese proceso, según describió, ya tiene expresiones concretas en varias economías. Mencionó que el mercado biofarmacéutico antienvejecimiento se encamina a USD 140.000 millones en 2026, que en Estados Unidos ya se despliegan robots de compañía con inteligencia artificial para combatir la soledad de los mayores y que China ordenó que todas sus comunidades residenciales sean amigables con la vejez hacia 2035.

También señaló que el Fondo Monetario Internacional, la Cámara de los Lores británica y grandes consultoras convergen en un mismo punto: el envejecimiento es la fuerza económica estructural más previsible y más subestimada del siglo. Esa coincidencia, en su mirada, refuerza que no se trata de una agenda sectorial sino de una transformación.
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Gustavo Rodolfo Reija afirmó que la Argentina ya ingresó en el umbral demográfico que abre el negocio de la longevidad y reveló que el problema no está en la falta de mercado, sino en la ausencia de una estrategia para desarrollarlo. La consecuencia, según su planteo, es que el país enfrenta una transición propia de sociedades envejecidas con instrumentos pensados solo para recortar gasto.
Reija propone leer el envejecimiento como agenda productiva
“El punto no es solo redistributivo. Es productivo”, dijo el economista. A partir de esa premisa, sostuvo que la economía plateada puede convertirse en una agenda de desarrollo basada en industria de dispositivos médicos, software de agetech, formación masiva de cuidadores, adaptación urbana y habitacional, y un sistema de salud orientado a la cronicidad más que a la urgencia.
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En esa enumeración incluyó también un nicho de turismo de longevidad para el que, según afirmó, la Argentina tiene ventajas. Su argumento es que cada uno de esos rubros supone empleo calificado, valor agregado y, en varios casos, sustitución de importaciones y potencial exportador.
Reija comparó esa posibilidad con experiencias de países que envejecieron antes. “Japón hizo de la robótica de cuidado una industria con proyección exportadora; Dinamarca y los Países Bajos desarrollaron modelos de atención domiciliaria que hoy licencian al mundo”, indicó.
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La diferencia, añadió, no está en la demografía sino en la respuesta económica. “Sin esa estrategia, la longevidad es solo una factura creciente; con ella, es una industria”, afirmó.
“El mundo está construyendo una economía entera alrededor de sus canas. Acá, por ahora, apenas discutimos cuánto más se le puede recortar al bono de los que menos tienen”, dijo. “Y el reloj demográfico, a diferencia del fiscal, no se puede refinanciar”.
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