
Un nuevo estudio internacional revela un dato contundente: los cerebros de las personas mayores necesitan casi un 50% más de tiempo y esfuerzo para mantener el equilibrio que los de los jóvenes.
La investigación, desarrollada por la University College Dublin (UCD) y el ULB Neuroscience Institute, demuestra que el envejecimiento no solo afecta los sentidos y los músculos, sino que obliga al cerebro a involucrarse más activamente en el control postural, lo que incrementa el riesgo de caídas en la vejez.
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Por qué el equilibrio se vuelve un reto en la vejez
La University College Dublin (UCD) y el ULB Neuroscience Institute realizaron un estudio que pone el foco en un problema creciente: el riesgo de caídas en adultos mayores.
El equipo liderado por Thomas Legrand, junto a los científicos Scott Mongold, Mathieu Bourguignon y Marc Vander Ghinst, comparó la actividad cerebral de casi 60 jóvenes menores de 30 años y 60 adultos mayores de 65 en distintas situaciones de equilibrio, desde superficies estables hasta bloques de espuma, con ojos abiertos y cerrados.

El resultado es claro: los adultos mayores muestran una actividad cerebral mucho más intensa cada vez que intentan mantenerse de pie, sobre todo en situaciones difíciles.
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“Esto significa que los adultos mayores deben activar partes de su cerebro para mantenerse de pie. Los jóvenes, en cambio, logran el equilibrio de forma automática, sin gastar energía mental”, explicó Legrand.
Casi 50% más de tiempo para procesar el equilibrio
Uno de los datos que más llamó la atención de la investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences es el tiempo que el cerebro necesita para procesar la información que le permite mantener el cuerpo en equilibrio.
En los adultos mayores, ese proceso resulta un 50% más lento que en los jóvenes. Esta demora se traduce en una respuesta menos ágil ante cualquier desequilibrio, lo que aumenta el riesgo de caídas.
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“Muchos de los participantes mayores mostraron algún grado de deterioro del oído interno, pero el esfuerzo extra del cerebro no se explica solo por el sistema vestibular”, aclaró Legrand. Para la ciencia, esto significa que el envejecimiento cerebral en sí mismo es un factor principal en la pérdida de balance.
El cerebro y el cuerpo: una relación cada vez más exigente

El estudio revela que cuanto más inestable se siente una persona mayor, mayor es la actividad cerebral registrada. Quienes más se tambalean muestran los niveles más altos de esfuerzo cerebral.
La investigación comprobó que la sincronización entre el movimiento corporal y la actividad neuronal se vuelve mucho más fuerte con la edad, sobre todo cuando las condiciones de equilibrio se complican.
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Esto implica que el cerebro de una persona mayor debe asumir un rol activo y permanente en la tarea de mantenerse erguida, un proceso que para los jóvenes ocurre prácticamente sin intervención consciente. “El control activo del equilibrio en la vejez implica un consumo mayor de recursos cerebrales”, sintetiza el informe.
La investigación del equipo de UCD y ULB Neuroscience Institute aporta evidencia concreta sobre los cambios en el procesamiento cerebral vinculados al equilibrio. Este hallazgo tiene potencial para el desarrollo de nuevas estrategias de prevención: “Estos resultados abren la puerta a futuros estudios en medicina y neurociencia para predecir y, con suerte, prevenir los riesgos de caída en adultos mayores”, concluyó Legrand.
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El desafío de evitar caídas trasciende la fisiología y ahora involucra a la neurociencia. Entender cómo funciona el cerebro en la vejez permite diseñar intervenciones más eficaces y personalizadas. El trabajo confirma que el deterioro del equilibrio no solo depende de los sentidos, sino que el envejecimiento cerebral es una pieza clave en la vulnerabilidad ante caídas.
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