
Un puñado de octogenarios desafía la lógica médica al recordar secuencias de números, fechas y nombres con la facilidad de alguien treinta años menor. En laboratorios de Estados Unidos y Canadá, un selecto grupo conocido como SuperAgers ha sorprendido a científicos y médicos por su capacidad de mantener una agudeza mental equiparable a la de personas mucho más jóvenes.
Un reciente estudio, publicado en Alzheimer’s Research & Therapy, reveló que la memoria excepcional en personas de 80 y 90 años no se explica únicamente por la genética, desafiando uno de los supuestos más extendidos sobre el envejecimiento cerebral.
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SuperAgers, el grupo que desafía el envejecimiento cognitivo

El término SuperAgers identifica a hombres y mujeres en sus 80 y 90 años cuya memoria iguala o incluso supera a la de adultos de cincuenta o sesenta. El equipo del Healthy Aging & Alzheimer’s Research Care (HAARC) Center de la Universidad de Chicago estudia a este grupo desde hace casi dos décadas. Emily Rogalski, directora del centro, planteó una pregunta clave: “Si la genética fuera la única explicación, identificar a los SuperAgers sería tan sencillo como hacer un test genético en vez de evaluaciones cognitivas complejas”.
Para comprobar la hipótesis genética, el equipo liderado por el HAARC Center y el Translational Genomics Research Institute (TGen), parte de City of Hope, analizó muestras de ADN de 142 SuperAgers y 89 adultos mayores promedio en Estados Unidos y Canadá. El estudio evaluó el gen APOE, principal factor de riesgo genético para el Alzheimer, y tres puntuaciones poligénicas que suman miles de variantes relacionadas con el riesgo heredado de esta enfermedad.
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El hallazgo fue contundente: los SuperAgers no se distinguen genéticamente de sus pares en cuanto a riesgo de Alzheimer. La investigación señala que ni los puntajes poligénicos ni la presencia de variantes genéticas protectoras raras evidencian una diferencia significativa entre ambos grupos. Es decir, tener una memoria sobresaliente en la vejez no depende únicamente de contar con una baja carga genética de riesgo para el Alzheimer.

El peso de los factores biológicos, conductuales y sociales
Los resultados refuerzan la importancia de explorar caminos alternativos: “Preservar la salud cognitiva implica más que reducir el riesgo de Alzheimer”, afirmó Ana Capuano, directora del área de bioestadística en el HAARC Center. Comprender cómo influyen los factores biológicos, el comportamiento y los vínculos sociales podría ayudar a diseñar estrategias más personalizadas para promover la salud cerebral a lo largo de la vida.
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Esta visión fue compartida por otros investigadores del proyecto. Matt Huentelman, director en el área de Detección y Prevención Temprana de TGen, sostuvo que “los factores genéticos comunes capturados por APOE y los puntajes de riesgo poligénico actuales no explican el fenotipo SuperAger”.
“El futuro debe ir más allá de los modelos centrados en el riesgo de enfermedad”, agregó. En otras palabras, la clave puede estar en mecanismos aún desconocidos, probablemente vinculados al estilo de vida, el entorno y las experiencias acumuladas.
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La investigación que redefine el envejecimiento cerebral
Entre los próximos pasos, el equipo internacional prevé combinar evaluaciones cognitivas detalladas con análisis de imágenes cerebrales, biomarcadores, genética avanzada, estudios inmunológicos, monitoreo de sueño y actividad física, así como indicadores sociales y ambientales.
El objetivo es identificar las rutas que llevan a un envejecimiento cerebral exitoso. Al respecto, Ignazio S. Piras, profesor asociado en TGen, explicó: “La ausencia de factores de riesgo no significa que una persona posea los factores de protección necesarios para una salud cerebral excepcional. El estudio demuestra esa diferencia”.
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La investigación concluyó que el deterioro de la memoria en la vejez no es inevitable y que algunas personas pueden conservar una memoria notablemente joven más allá de los 80 años. La búsqueda de las causas continúa con la colaboración de los propios SuperAgers, quienes participan activamente en los estudios para ayudar a la ciencia a comprender los misterios de la longevidad cognitiva.
El estudio inauguró una nueva etapa en la investigación del envejecimiento, centrada en descubrir las vías biológicas, ambientales y conductuales que permiten conservar una memoria privilegiada. Como destacó el equipo: “El hallazgo abre la puerta a intervenciones más personalizadas y a redefinir los modelos tradicionales basados solo en la genética”. Dicho de otra manera, la ciencia apunta ahora a entender no solo qué nos expone a la enfermedad, sino también qué nos protege y cómo potenciar esos factores.
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