
La persistencia, el desgaste y la transformación atraviesan la mirada de Rob Verf en Habitar el paisaje, la muestra curada por María Elena Lucero que se presenta en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan Castagnino de Rosario hasta el 16 de agosto. La exposición reúne un conjunto de obras que entablan diálogos visuales y conceptuales con piezas de la colección histórica y contemporánea del museo y tienen al paisaje como eje central de la experiencia estética .
El recorrido propone una lectura del tiempo como materia activa. Desde sus primeros bocetos hasta sus trabajos más recientes, la muestra despliega casi cuatro décadas de producción en las que la memoria y la observación se transforman en superficie pictórica.
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Esta persistencia en el oficio revela que la madurez, en la obra de Verf, funciona como un archivo vivo que se expande. El tiempo acumulado le permite al artista habitar un presente donde su mirada ya no busca la repetición de fórmulas pasadas, sino que utiliza la experiencia para tensionar y corregir sus propios gestos de origen.
Aquí, el desgaste y la transformación de la materia —temas centrales en su producción— se convierten en una declaración política sobre la persistencia: la capacidad de observar el mundo con una profundidad que solo otorga el haber sostenido la mirada sobre el paisaje durante casi cuatro décadas. Es una revalorización de la trayectoria como una forma de resistencia frente a la inmediatez, donde cada nueva pincelada carga con el peso y la sabiduría de lo que ya fue visto, revisado y transformado.
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La curadora María Elena Lucero señala que el eje común de la exposición es el paisaje, un género que atraviesa la historia del arte y que continúa abriendo interrogantes en relación con la cultura contemporánea. En ese marco, destaca la técnica minuciosa de Verf, cuyo tratamiento pictórico detallista y preciso remite a la tradición holandesa del paisaje y a sus repercusiones en la cultura moderna .

Ese vínculo con la tradición es una especie de relectura. El diálogo con las obras de la colección Castagnino+macro activa preguntas sobre la persistencia de problemas estéticos, la transformación de las imágenes y la posibilidad de establecer conexiones simbólicas entre distintos períodos históricos .
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Entre los núcleos de la muestra aparecen los bocetos realizados desde 1987 en Leusden, donde caminos, árboles, animales y canales configuran una iconografía ligada a la experiencia directa del territorio. Según el propio artista, esos dibujos surgieron de caminatas por el Valleikanaal, un canal de drenaje ubicado entre Utrecht y Gelderland, y fueron hechos en condiciones de frío extremo, cerca del punto de congelación, lo que les dio un carácter veloz y espontáneo.

Pero el paisaje, para Verf, excede la idea de representación. “Quiero demostrar diferentes formas de ver el paisaje, no solamente como ilustración, sino también cómo sentís el paisaje, cómo estás cuando estás dentro del paisaje”, explica. Esa idea de experiencia sensible desplaza al paisaje del terreno de la contemplación y lo vuelve una forma de percepción.
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La exposición actual organiza ese desplazamiento en diferentes ejes. Uno ligado al paisaje como registro inmediato y memoria visual. El segundo, al paisaje como hábitat y espacio de experiencia subjetiva. Y el tercero, al impacto de la acción humana sobre la naturaleza, donde emerge con fuerza la noción de Antropoceno.
“El paisaje no es solamente algo visual; también es social”, dice Verf. “Cómo cambiamos el paisaje realmente con basura, con plástico, con estas cosas”. En su obra, los residuos dejan de ser elementos secundarios y pasan al centro de la escena: el descarte se convierte en evidencia.
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Nacido en Amersfoort en 1964, Rob Verf vive y trabaja en Argentina desde el año 2000. Formado en la HKU University of the Arts Utrecht, desarrolló una trayectoria que combina pintura, dibujo, video e instalaciones, con residencias en Buenos Aires y Nueva York y exhibiciones en espacios como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Recoleta y el propio Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, donde en 2012 presentó una exposición antológica.
En 1994 recibió el Premio Real de Pintura de los Países Bajos y, en 2016, el segundo Premio Nacional de Pintura del Banco Nación. Esa trayectoria, atravesada por desplazamientos geográficos y cruces disciplinarios, aparece hoy condensada en una muestra donde el tiempo funciona menos como pasado cerrado que como materia en revisión.
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Una de las diferencias centrales con la muestra que el artista presentó en Rosario en 2012 es justamente la amplitud temporal. “La primera muestra era más una retrospectiva, con trabajos desde mi llegada a Argentina en 2000 hasta ese momento. Ahora hay dibujos de mi pasado en Holanda hasta trabajos recientes pintados en Guadalupe”, explica.
Pero también hay una diferencia estructural: aquella exposición estaba centrada exclusivamente en su producción. Esta, en cambio, propone un diálogo con la colección del museo. “Ahora es un diálogo con los trabajos del museo. No solamente mi trabajo dialoga con el museo, sino que el museo también dialoga con mi trabajo”, señala.
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En esa conversación entre obra, colección y presente, Habitar el paisaje desplaza al paisaje de su lugar histórico como género contemplativo y lo devuelve al centro de los conflictos contemporáneos. Ya no como fondo, sino como territorio vivo donde se inscriben la memoria, el desgaste y las huellas materiales de una época.

Fotos: gentileza de Guillermo Turin Bootello, Municipalidad de Rosario.
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