
Jacob Mchangama advierte en Libertad de expresión. Una historia global desde Sócrates hasta las redes sociales (Ladera Norte) que la libertad de expresión enfrenta ataques renovados en el siglo XXI debido al auge de la tecnología digital, que ha intensificado tanto el acceso a la información como la propagación de falsedades y discursos de odio, fenómeno que, según su análisis, coloca a las democracias liberales ante el dilema de defender sus valores fundamentales o sacrificar parte de ellos para combatir amenazas percibidas.
En su libro sobre la historia y los desafíos actuales de la libertad de palabra, Mchangama plantea que las restricciones planteadas hoy por los gobiernos retoman argumentos antiguos —la mentira y la amenaza a la estabilidad— utilizados durante siglos para justificar la censura y que, lejos de ser soluciones eficaces, pueden debilitar las bases mismas de las sociedades abiertas.
PUBLICIDAD
Un punto central que distingue el trabajo de Mchangama es el análisis de la llamada “falacia de Weimar”. Esta interpretación sostiene que el ascenso del nazismo en el siglo XX fue consecuencia de una supuesta permisividad de la República de Weimar frente a los extremistas, argumento que suele utilizarse en la actualidad para justificar nuevas políticas de censura.

Sin embargo, el autor documenta que en realidad existían numerosas restricciones, e incluso que las leyes diseñadas para ilegalizar medios ultraderechistas permitieron a los nazis victimizarse y perseguir con mayor eficacia a sus críticos.
PUBLICIDAD
Los datos y ejemplos reunidos por Mchangama conforman una panorámica global que trasciende la visión eurocéntrica habitual. El autor examina debates y episodios significativos desde la Grecia clásica hasta la era digital, pasando por el mundo islámico, Asia y Escandinavia. Destaca figuras como Mill, Spinoza o Constant, sin dejar de señalar la función histórica de censores y liberticidas, así como el ciclo invariable de pánico político que acompaña a cada innovación tecnológica relacionada con la comunicación.
Uno de los ejes narrativos del libro es la tensión entre dos conceptos originados en Grecia: parresía, la libertad de hablar para todos, y isegoría, asimilada posteriormente por la cultura romana pero convertida en privilegio elitista. Esta distinción entre enfoques igualitarios y restricciones jerárquicas recorre toda la historia del fenómeno.
PUBLICIDAD

A lo largo de la obra, el autor enfatiza que la persecución de la irreverencia política y religiosa precede, evoluciona y a veces se entrelaza con las campañas más recientes contra el “discurso del odio”. El análisis concede menor espacio a la censura sobre el arte y la literatura, privilegiando en cambio los conflictos originados por la sátira y la crítica política.
Ejemplos notables son la censura al feminismo, a las minorías y los choques derivados del imperialismo europeo, así como “las guerras culturales del presente”, desde el movimiento contemporáneo de la cancelación hasta las restricciones promovidas en bibliotecas de Estados Unidos por organizaciones como Moms for Liberty.
PUBLICIDAD
La “maldición de Milton”, otro concepto señalado en el relato, se refiere a la paradoja según la cual quienes abogan firmemente por la libertad de palabra tienden, tras experimentar sus consecuencias, a demandar posteriormente restricciones, ejemplo que vincula a personajes tan disímiles como el poeta inglés, Catalina la Grande o recientes directivos de plataformas digitales.

El siglo XXI introduce la mayor disrupción tecnológica desde la invención de la imprenta, con la aparición de internet, redes sociales y, más recientemente, la inteligencia artificial. Estas herramientas han multiplicado la circulación de ideas, pero también el temor de las élites políticas y sociales ante el potencial dañino de los bulos y discursos extremistas. La aspiración de controlar estos riesgos choca, según Mchangama, con las advertencias históricas acerca del peligro de regular en exceso la palabra pública.
PUBLICIDAD
En uno de sus pasajes más citados, Mchangama resume el dilema contemporáneo: “Las democracias liberales deben aceptar que, en la Ciudad Digital, no es posible proteger eficazmente a los ciudadanos y a las instituciones de la propaganda hostil, el contenido que incita al odio o los bulos sin comprometer los valores liberales e igualitarios de la propia democracia”.
El libro enfatiza que la eficacia de la libertad de expresión como motor de los valores democráticos es insustituible. La obra no esquiva vacíos —regímenes autoritarios del siglo XX como el franquismo aparecen apenas mencionados— pero aporta una de las miradas más amplias y documentadas sobre el tránsito de la censura religiosa, el control político y los actuales desafíos del discurso libre en el mundo global.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
David Letterman y el fin de una era en la televisión de Estados Unidos: “Ya no es la máquina de hacer dinero que solía ser”
La cancelación del icónico programa ‘The Late Show’ simboliza una redefinición del entretenimiento tradicional. “Toda parece haber sido afectado por la comunicación digital”, asegura el histórico conductor

Pacho O’Donnell dona una colección de libros a la Biblioteca Ricardo Güiraldes: “Tienen una visión nacional, popular y federal”
Esta noche en la Feria del Libro, el historiador cederá 300 obras de José María Rosa, Scalabrini Ortiz y Jorge Abelardo Ramos entre otros autores: “Las leí como apasionado de la historia”, asegura

Guía de Arte y Cultura: semana del 8 al 15 de mayo de 2026
Una agenda completa con variadas propuestas: música, teatro, cine, ferias, muestras y cursos que componen un programa de imperdibles

El enigma del hombre sin nombre que protagoniza uno de los primeros dibujos de Tom McGuinness
La Mining Art Gallery de Bishop Auckland lanzó un llamamiento público para descubrir la identidad del modelo de un carboncillo de los años 60 que la propia familia del artista no logró reconocer

La gran noche del cine italiano tuvo una gran ganadora y varias protestas contra el retiro de financiación pública
‘Le città di pianura’, de Francesco Sossai, obtuvo ocho galardones en una velada realizada en la mítica Cinecittà y atravesada por demandas sobre la crisis de recursos en la industria cinematográfica

