El corazón atraviesa transformaciones profundas y silenciosas a medida que pasa el tiempo. Mientras las señales del envejecimiento suelen notarse en la piel o el cabello, existen modificaciones internas menos evidentes que pueden afectar de manera decisiva la salud cardiovascular, advirtió el cardiólogo Anish Bhuva, profesor asociado en University College London y consultor en Barts Heart Centre, en diálogo con The Independent.
Identificar estos cambios y comprender sus implicancias resulta fundamental para mantener la calidad de vida en la adultez.
Cambios estructurales en el corazón con la edad
El músculo cardíaco no es ajeno al paso de los años. Según Bhuva, su estructura y funcionamiento evolucionan gradualmente, experimentando una disminución de tamaño por la pérdida de masa, fenómeno que también afecta a otros músculos del cuerpo.
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Esta reducción puede debilitar la capacidad de bombeo, volviendo al corazón más vulnerable frente a exigencias físicas o enfermedades.

Uno de los cambios más relevantes se produce en la válvula aórtica, encargada de facilitar el flujo sanguíneo hacia el resto del organismo. Con el tiempo, esta válvula puede acumular calcio, volverse más rígida y gruesa, lo que puede derivar en estenosis aórtica. Esta condición dificulta la circulación de la sangre y exige un mayor esfuerzo del corazón, aumentando el riesgo de insuficiencia cardíaca y otros problemas graves.
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Rigidez arterial y riesgo vascular
La rigidez arterial es otro de los efectos habituales de la vejez. La aorta y los vasos sanguíneos pierden elasticidad progresivamente, lo que puede elevar el riesgo de enfermedad cardiovascular y accidentes cerebrovasculares, explicó Bhuva en The Independent. La sangre circula con más dificultad y el corazón debe trabajar más para mantener una presión adecuada, lo que incrementa la probabilidad de complicaciones.
El envejecimiento también afecta el sistema eléctrico interno del corazón, encargado de coordinar los latidos. Los mecanismos responsables de la transmisión de impulsos pueden mostrar señales de desgaste, generando ritmos cardíacos anómalos. Estos trastornos pueden manifestarse como mareos, sensación de aleteo o desmayos, aunque en muchos casos los síntomas resultan imperceptibles. En situaciones más severas, puede requerirse la implantación de un marcapasos para regular el ritmo cardíaco.
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La capacidad del corazón para adaptarse al esfuerzo físico disminuye con la edad. Bhuva señala que, ante la actividad, el aumento de las pulsaciones se vuelve menos eficiente. En algunos casos, esto limita la tolerancia al ejercicio y afecta la vida cotidiana, reforzando la necesidad de un seguimiento médico regular.
La probabilidad de sufrir un infarto de miocardio crece de manera significativa con el envejecimiento. Bhuva destaca que la edad es uno de los factores de riesgo más importantes para padecer eventos cardiovasculares, junto con la hipertensión, el colesterol elevado y el tabaquismo.
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Ante este panorama, el especialista remarca la importancia de adoptar medidas preventivas. Una de las acciones prioritarias es dejar de fumar, dado que el tabaco daña las arterias y favorece la formación de placa de colesterol, según detalla The Independent.
El control regular de la presión arterial y del colesterol también resulta fundamental. Bhuva recomienda realizar un chequeo anual a partir de los 40 años, con especial atención a estos indicadores y a otros factores de riesgo.
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Alimentación y ejercicio: claves para un corazón fuerte
La nutrición adecuada ocupa un lugar central en la prevención. El cardiólogo aconseja mantener una dieta variada y equilibrada, rica en frutas y verduras, reducir la carne roja y aumentar el consumo de pescado azul, que contribuye a mantener el colesterol en niveles óptimos. Además, recomienda limitar los azúcares artificiales.

El ejercicio físico regular es esencial para conservar la salud cardiovascular a lo largo de los años. Bhuva aclara que no es imprescindible realizar actividades intensas: caminar diariamente o incorporar movimientos simples puede ser igual de efectivo para fortalecer el sistema circulatorio y preservar su funcionamiento.
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Mantener hábitos activos permite que el corazón y los vasos sanguíneos conserven su fortaleza y funcionalidad con el paso del tiempo. El informe de The Independent subraya que la actividad física regular resulta fundamental para desacelerar el envejecimiento cardíaco y potenciar la resiliencia del corazón ante las exigencias de la edad.
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